¡NO PUEDO MÁS! (El cerebro del niño I)

¡No cojas eso! ¡Bájate de ahí! ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? ¡Qué te he dicho! ¿Estás sordo? ¡Ni se te ocurra…! ¡Nooo…! ¡No puedo más!

¿Cómo puedo educar a mi hijo, cómo ayudarle a sacar su verdadero potencial si la mayor parte del tiempo ya tengo bastante con sobrevivir, con ir superando cada obstáculo, con salir airosa de cada situación cotidiana que se presenta? Precisamente se trata de eso, de convertir los momentos de supervivencia en oportunidades para aprender.

La semana pasada leí “El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo” de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson. Y ojalá lo hubiera hecho antes. El cerebro determina en gran medida quiénes somos y qué hacemos y, curiosamente, no es algo a lo que haya dado importancia. Existen infinidad de libros sobre pedagogía y en ninguno me explicaron cómo evoluciona el cerebro de un niño. Ahora observo las conductas de mi hijo desde otra perspectiva: desde la necesidad que hay detrás y que le lleva a comportarse como se comporta.

Los momentos en que sólo intentas sobrevivir en realidad son oportunidades para progresar

Los momentos en que sólo intentas sobrevivir en realidad son oportunidades para progresar.

Hace como año y medio me sorprendí comentando a mi pareja con enfado: “Este niño es un manipulador. A mí no me torea. No se va a salir con la suya” Sí, digo que me sorprendí porque cuando tomé conciencia me sentí profundamente avergonzada. Estaba entrando en una lucha de poder… ¡con un niño que apenas había cumplido cuatro meses! ¡Si su cerebro en desarrollo aun no le permite caminar, ni hablar, ni tantas otras cosas, en qué cabeza cabe que pueda manipular! Ya he dicho que estoy avergonzada, ¿verdad? Los niños suelen comportarse de la mejor manera a su alcance; sólo necesitan que atendamos sus necesidades básicas.

A continuación describo brevemente seis de las doce estrategias que se describen en el libro:

  1. Conecta y redirige: deslízate por las olas emocionales. Cuando un niño está alterado nuestra principal arma es que entre en razón a través de la lógica. (Me gustaría saber quién es el guapo que nos hace tender a razones cuándo tenemos un secuestro emocional). Primero hay que conectar con las emociones de la persona, aunque nos parezcan absurdas y desproporcionadas, para ella son reales e importantes. Después, quizás, podamos razonar o, en cualquier caso, expresar nuestras emociones.
  2. Ponle un nombre al sentimiento para domarlo: cuenta historias para aplacar las grandes emociones. El lado derecho de nuestro cerebro procesa nuestras emociones y recuerdos autobiográficos, pero nuestro lado izquierdo es el que da sentido a esos sentimientos y recuerdos.
  3. Activa, no enfurezcas: apela al cerebro superior. ¡El cerebro superior no alcanza la madurez completa hasta bien pasados los veinte años!. ¡Oh, no! Sí, te recuerdo que aquí eres tú quien tiene un cerebro maduro. ¡Tú eres el adulto! (Cuando te lo digo a ti, realmente, me lo estoy diciendo a mi) Lo que a mi me ayuda para apelar a mi cerebro superior es pararme un momento y ver cuál es la necesidad que hay detrás de ese comportamiento. ¡Ah! Y respirar.
  4. Úsalo o piérdelo: ejercita el cerebro superior. Y mientras van llegando los veintitantos, ¿qué hago? Para fomentar el desarrollo de su cerebro superior deja que tome decisiones de acuerdo a su edad; enséñale a manejar sus emociones (¿Qué técnicas utilizas tú para gestionar tus emociones? Es difícil enseñar algo que tú no practicas); ayúdale a entenderse a sí mismo mediante preguntas sencillas, por ejemplo: ¿para qué…? y a desarrollar la empatía, por ejemplo: ¿cómo crees que se sintió…?
  5. Muévelo o piérdelo: mueve el cuerpo para no perder la cabeza. Las investigaciones han demostrado que el movimiento corporal afecta directamente a las sustancias químicas del cerebro. Tras unos minutos de ejercicio físico, se puede apaciguar la amígdala y devolver el mando a su cerebro superior. ¿Qué haces, pues, cuando tomas conciencia de que tu cerebro inferior ha asumido el control y has empezado a perder la cabeza?
  6. Usa el mando a distancia de la mente: reproduce los recuerdos. Cuando no concedemos a los niños la oportunidad de expresar sus sentimientos y recordar lo sucedido después de un hecho impactante, impedimos que den sentido a su experiencia y la emoción queda enquistada. Pero tampoco nos volvamos locos. Cuando el miedo, la ira, la frustración y otras emociones fuertes desbordan a un niño y éste se comporta de manera incomprensible, es posible que exista una razón fácil de determinar. Puede que sencillamente tenga hambre o esté cansado. Y eso tiene fácil solución. Dale una manzana o márchate a casa y termina la compra mañana, ¡¡¡son las nueve de la noche y llevas dos horas en el carrefour!!!

El cerebro está moldeado en gran parte por las experiencias que vivimos. Saber que el cerebro de mi hijo cambia en respuesta a la manera de ejercer la docencia, ¿podrá contribuir a que mi hijo crezca más sano y feliz?

Lo voy a dejar aquí. Aunque faltan por contarte las otras seis estrategias, que dejaré para un próximo post, lo más recomendable es que, si estás interesado, leas el libro. Y hoy puede ser un buen día para empezar, hoy es lunes de libro…

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4 comentarios en “¡NO PUEDO MÁS! (El cerebro del niño I)

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