¿MARRÓN O MARAVILLA? (El cerebro del niño II)

La neuroeducación es una nueva visión de la enseñanza basada en el funcionamiento del cerebro. Una conjugación entre la neurociencia, la psicología y la educación que está dando mucho de qué hablar.

En el post anterior describía las primeras seis estrategias de las doce que se explican en el libro de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson “El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo”. Y terminaba con la siguiente cuestión: Saber que el cerebro de mi hijo cambia en respuesta a la manera de ejercer la docencia, ¿podrá contribuir a que mi hijo crezca más sano y feliz?

En las formaciones que imparto a padres (también a maestros), suelo encontrarme con alguna de estas tres posturas claramente diferenciadas: Los valientes que se atreven a decir en voz alta “¡Madre, cuánto me estoy equivocando!”, con un barniz de culpa en sus palabras y en su rostro. Los que se dan cuenta de que pueden mejorar y, a su vez, son capaces de reconocer sus aciertos. Y, por último, los que se muestran profundamente dolidos, tomándose de forma personal cada ejemplo y más entretenidos en buscar excusas que en soluciones.

Siempre que hablo sobre educación, nunca está de más aclarar que parto de la base de que, por lo general, todos intentamos educar de la mejor manera posible, para que las personas que están bajo nuestra responsabilidad [siendo sincera, había escrito “las personas que están a nuestro cargo”. No sé si te has dado cuenta de la importancia de las palabras. Cargo significa peso. ¿Son nuestros hijos una carga? Tan sólo pensaba en voz alta…] sean capaces de afrontar lo que les depare la vida y, al fin y al cabo, para que sean felices. Ya sé que generalizar es un error pero a mí me gusta pensar que es así, que intentamos hacerlo como mejor sabemos ¿Que con la intención no es suficiente? Seguramente no pero, no se trata de fustigarnos ni de culparnos. Mi único objetivo es tomar conciencia de lo que estoy haciendo, bien para repetirlo si estoy convencida de ello, o bien, para cambiarlo, en caso contrario. No es casualidad que la mejor manera de aprender algo sea enseñándolo…

Podemos reconfigurar nuestro cerebro para estar más sanos y ser más felices

Podemos reconfigurar nuestro cerebro para estar más sanos y ser más felices

Continúo con las estrategias:

7. Acuérdate de recordar: convierte el acto de recordar en parte de la vida cotidiana de la familia. Durante tus diversas actividades, ayuda a tus hijos a hablar de sus experiencias, para que puedan integrar sus recuerdos implícitos (de los cuales en principio no tienes conciencia de ellos) y explícitos (cuando tomas conciencia de que estás recordando algo del pasado). Se trata de que no haya recuerdos, sobre todo implícitos, que nos afecten de forma inconsciente. En PRH (personalidad y relaciones humanas, una psicopedagogía enmarcada dentro de la psicología humanista, creada por André Rochais) hablan de RDR, reacciones desproporcionadas y repetitivas. Igual que a nuestros hijos nos sucede a nosotros. Así pues, la próxima vez que veas que reaccionas de una manera quizá demasiado exagerada cuando te disgustas con tus hijos, pregúntate: ¿Tiene sentido esta reacción mía? Si reaccionamos de un modo que no podemos explicar o justificar, probablemente ha llegado el momento de preguntar: ¿Qué está pasando aquí? ¿Esto me está recordando algo? ¿Y de dónde demonios vienen estos sentimientos y esta conducta?

8. Deja pasar las nubes de las emociones: enseña que los sentimientos vienen y se van Por término medio, una emoción dura unos noventa segundos. Ayúdalos a comprender que los sentimientos son pasajeros.

9. La criba: presta atención a lo que pasa dentro. IMG_20141222_125648 (1)Prestando atención a sus sensaciones físicas, los niños (y quienes no somos tan niños. ¿Has probado a preguntar a alguien cómo se siente? Si lo has hecho sabrás que las respuestas comunes son; un, dos, tres, responda otra vez: “bien”, “mal”, “ni bien, ni mal”, “tirando”, “ya ves”, “bueno”, “vaya”, como ves un extenso vocabulario emocional…) pueden ser mucho más conscientes de lo que pasa dentro de su cuerpo. Enseñando a nuestros hijos a cribar la actividad de su mente, podemos ayudarlos a reconocer los distintos aspectos del aro que actúan dentro de ellos, a ser más clarividentes y a controlar más su vida.

10. Ejercita la visión de la mente: el regreso al disco central. No somos víctimas de las sensaciones, imágenes, sentimientos y pensamientos en nuestro interior, ya que tenemos la libertad de decidir qué pensar y, por lo tanto, qué sentir con respecto a nuestras experiencias. No son las situaciones las que nos dañan sino lo que pensamos acerca de ellas. Tenemos más de sesenta mil pensamientos al día. Lo malo no es pensar, que para eso tenemos la cabeza, para pensar. Lo peligroso es que la mayoría de esos pensamientos son mentira. Sí, te lo repito, ¡mentira! Es decir, no están basado en hechos. Simplemente estás suponiendo, interpretando, exagerando, generalizando, filtrando… y eso hace que, en ocasiones, generen emociones desagradables. Tú no eres ni tus emociones, ni tus pensamientos. Eres el observador que los contempla. Prestar atención a nuestro mundo interior significa dejar de vivir en piloto automático.

11. Aumenta el factor diversión en la familia: procura disfrutar con la compañía del otro. ¿Alguna vez sientes que te pasas la mayor parte del tiempo imponiendo disciplina a tus hijos o llevándolos en coche de una actividad a otra, sin tiempo para simplemente disfrutar con ellos? A veces es fácil olvidarnos de pasárnoslo bien en familia sin más. Sin embargo, estamos equipados para el juego y la exploración. La causa de que nos haga sentir tan bien, tiene que ver con una sustancia química presente en el cerebro llamada dopamina. Les damos un refuerzo positivo sobre lo que significa participar en una relación afectuosa con los demás. ¿Sabías que estudios recientes han descubierto que la mejor manera de predecir que unos hermanos tendrán una buena relación más adelante en la vida es analizando su grado de diversión en la infancia? El nivel de conflicto incluso puede ser alto, siempre y cuando haya mucha diversión para compensarlo.

12. Conecta a través del conflicto: enseña a los niños a discutir pensando en un «nosotros». Mira a través de los ojos de otra persona: ayuda a los niños a reconocer otros puntos de vista. Escucha lo que no se dice: enseña a los niños la comunicación no verbal y a sintonizar con los demás.

reflexion-116La reparación: enseña a los niños a enderezar las cosas después de un conflicto. A veces no es suficiente con pedir perdón.

Y hablando del perdón, ¿sabías que lo que más influye en nuestra relación con nuestros hijos y, por tanto, en su progreso, es hasta qué punto hemos sabido dar sentido a nuestras experiencias con nuestros propios padres? Otra vez pongo de relieve la importancia de trabajar en nuestro propio desarrollo personal. La necesidad de sanar nuestras heridas para mostrarnos sensibles ante nuestros hijos y no volcar sobre ellos, nuestros miedos y frustraciones. Ten en cuenta, naturalmente, el modelo que ofreces con tu propia conducta.

¿Eres consciente del poder que tienes para realizar un cambio positivo en el futuro? Puedes sentirlo como un marrón que te ha tocado o como la maravilla que has elegido, tú decides…

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4 comentarios en “¿MARRÓN O MARAVILLA? (El cerebro del niño II)

  1. Pingback: LA CASI TRÁGICA HISTORIA DE UN DUENDE TIERNO | biblioterapeuta

  2. Pingback: ¡NO PUEDO MÁS! (El cerebro del niño I) | biblioterapeuta

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