EL VENDEDOR MÁS GRANDE DEL MUNDO

Este fin de semana he leído “El vendedor más grande del mundo” donde Og Mandigo nos regala el conocimiento adquirido por él mismo, en casi dos décadas como vendedor y jefe de ventas. Sabiduría en forma de decálogo, con los principios para poder convertirnos en un vendedor eficaz.

Quizás estés pensando que este libro no es para ti. ¿Vendedor?¡Sí, vendedor! Si este concepto te suena ajeno puede que tengas alguna clase de prejuicio con las ventas. ¡Libérate de conflictos, en el siglo XXI todos somos vendedores!

Antes de seguir (y si es que ya te has convencido de que eres un vendedor y que, por lo tanto, necesitas tener unas nociones mínimas) quiero que sepas que existen tres condiciones que debes aceptar para acceder a dicho conocimiento. ¿Preparad@?

La primera condición, entonces, es que te prometas bajo juramento que seguirás las instrucciones señaladas en el principio número uno. La segunda condición es que constantemente repartas la mitad de tu ganancia entre aquellos menos afortunados que tú. No debes apartarte en lo más mínimo de esta condición. Y la tercera, y última condición, consiste en compartir este mensaje con el  mayor número de personas posibles, pues el conocimiento es de todos y debe ser divulgado.  ¿Estás de acuerdo?

Si has seguido adelante con la lectura de esta entrada es que estás comprometid@ con todas y cada una de las condiciones descritas anteriormente. ¡Te felicito por tu elección!

Verás que cada uno de los principios de este decálogo está numerado. El primero contiene el secreto de la sabiduría. Los otros versarán sobre todos los secretos necesarios para alcanzar un gran éxito en el arte de vender. ¿Ansios@ por conocerlos? ¡Empezamos!

“El fracaso nunca me sobrevendrá si mi determinación para alcanzar el éxito es lo suficientemente poderosa”

1. Me formaré buenos hábitos, y seré el esclavo de esos hábitos. Hoy comienza tu nueva vida. Empezarás tu viaje sin el estorbo de los conocimientos innecesarios o la desventaja de una experiencia carente de significado. La única diferencia entre aquellos que han fracasado y aquellos que han tenido éxito reside en la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de todo éxito. ¿Y cómo lo lograrás? Lo harás por medio de este decálogo, porque cada parte contiene un principio que desalojará de tu vida un hábito malo y lo reemplazará con uno que te acerque al éxito. Leerás cada uno de los principios durante 30 días antes de proceder a la lectura del principio siguiente; así hasta convertirlos en un hábito. ¿Dispuesto?

2. Saludaré este día con amor en mi corazón. Porque éste es el secreto más grande del éxito en todas las empresas. ¿Cómo lo harás? De aquí en adelante contemplarás todas las cosas con amor. Elogiarás a tus enemigos y se convertirán en amigos tuyos. Animarás a tus amigos y se volverán tus hermanos. Ahondarás siempre en busca de razones para elogiar; nunca te allanarás a buscar excusas para el chisme. Cuando sientas la tentación de criticar, te morderás la lengua; cuando te sientas inspirado a elogiar, lo proclamarás a los cuatro vientos. ¿Y cómo te enfrentarás con las personas con quienes te encuentras? De una sola manera. En silencio y en tu fuero interno te dirigirás a ellas y les dirás que las amas. Y principalmente te amarás a ti mismo. Porque cuando lo hagas, vigilarás celosamente todo lo que entra en tu cuerpo, tu mente, tu alma y tu corazón.

3. Persistiré hasta alcanzar el éxito. Los premios de la vida se encuentran al fin de cada jornada, y no cerca del comienzo, y no te corresponde a ti saber cuántos pasos son necesarios a fin de alcanzar tu meta. Siempre darás un paso más. Si ése no es suficiente darás otro y aún otro. En realidad, un paso por vez no es muy difícil. Jamás aceptarás la derrota y borrarás de ti vocabulario, palabras o frases como abandono, no puedo, imposible, irrealizable, improbable, fracaso, sin esperanzas y retirada; porque son palabras de necios. Cada vez que escuches un no, te aproximará al sonido de un sí. Cada vez que te encuentres con una mirada de desaprobación recordarás que sólo te prepara para la sonrisa que hallarás después. Ten siempre presente que debes fracasar con frecuencia para tener éxito una sola vez.

4. Soy el milagro más grande de la naturaleza. Eres una criatura única. No hagas más intentos vanos de imitar a otros. En cambio exhibe tu singularidad. Comienza ahora a acentuar tus diferencias. Así, también aplicarás este principio a las mercancías que vendes. No estás de casualidad en esta tierra. Estás aquí con un propósito, y ese propósito es crecer hasta convertirte en montaña.

No hay lugar en el mercado para tu familia, ni hay lugar tampoco en tu casa para el mercado. Divorcia al uno del otro y de esta manera permanecerás unido a ambos. Deben permanecer separados o morirá tu carrera. Esta es la paradoja de los siglos.

5. Viviré este día como si fuese el último día de mi vida. ¿Y qué harás con este último día de valor incalculable que te queda? No perderás ni un momento siquiera en lamentarte por las desgracias del ayer, las derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer. Este día es todo lo que tienes, y estas horas son ahora tu eternidad. Eludirás con ahínco a todo aquello que mata el tiempo. A la indecisión destruirás con la acción; sepultarás las dudas bajo la fe; el temor destruirás con la confianza. Este día aprovecharás los minutos hasta su máximo. Lo saborearás y darás gracias.

6. Hoy seré dueño de mis emociones.  ¿Y cómo dominarás a tus emociones para que todos los días sean días felices y productivos? Aprenderás este secreto de los siglos: Débil es aquel que permite que sus pensamientos controlen sus acciones; fuerte es aquel que compele a sus acciones que controlen sus pensamientos. Todos los días cuando despiertes seguirás este plan de batalla antes de ser capturado por las fuerzas de la tristeza, de la autocompasión y del fracaso: Si me siento deprimido cantaré. Si me siento triste reiré. Si me siento enfermo redoblaré mi trabajo. Si siento miedo me lanzaré adelante. Si me siento inferior vestiré ropas nuevas. Si me siento inseguro levantaré la voz. Aunque el desánimo y la tristeza son fáciles de reconocer, hay otros que se nos aproximan con una sonrisa y con un amistoso apretón de manos pero también pueden destruirnos. Contra ellos, también, debes estar siempre alerta: Si se apodera de mí la confianza excesiva, recordaré mis fracasos. Si me siento inclinado a entregarme con exceso a la buena vida, recordaré hambres pasadas. Si siento complacencia, recordaré mis competidores. Si disfruto de momentos de grandeza, recordaré momentos de vergüenza. Si me siento todopoderoso, procuraré detener el viento. Si alcanzo grandes riquezas, recordaré una boca hambrienta. Si me siento orgulloso en exceso, recordaré un momento de debilidad. Si pienso que mi habilidad no tiene igual, contemplaré las estrellas. Hoy controlas tu destino, y tu destino es el de convertirte en el vendedor más grande del mundo. Serás dueño de ti mismo. Serás grande.

7. Me reiré del mundo. Ningún ser viviente puede reírse, con la excepción del hombre. De aquí en adelante cultivarás el hábito de la risa. Sonreirás y tu digestión mejorará; te reirás y tus cargas serán aliviadas; te reirás y tu vida será alargada, porque éste es el gran secreto de la larga vida y es ahora mío. Y especialmente, te reirás de ti mismo porque el hombre es lo más cómico cuando se toma demasiado en serio. ¿Cómo te reirás cuando te confronte un hombre o acciones que te ofenden y que provocan tus lágrimas y maldiciones? Tres palabras aprenderás a repetir hasta que se conviertan en un hábito tan fuerte, que inmediatamente aparecerán en tu mente siempre que el buen humor amenace apartarse de ti. Estas palabras, transmitidas por los antiguos, te harán triunfar en la adversidad y mantendrán tu vida en equilibrio: Esto pasará también. Y con tu risa todas las cosas quedarán reducidas a su justa medida. Te reirás de tus fracasos y se desvanecerán en nubes de nuevos sueños; te reirás de tus éxitos y quedarán reducidos a su verdadero valor.

8. Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. ¿Y cómo lograrás esto? Primeramente fijarás metas para el día, la semana, el mes, el año y tu vida. Al fijarte metas recordarás tus mejores trabajos del pasado y los multiplicarás en un ciento por ciento. Este será el nivel según el cual vivirás en el futuro. Nunca te preocuparás de que tus metas sean demasiado elevadas, puesto que ¿no es mejor acaso apuntar tu lanza a la luna y herir solo a un águila que apuntar tu lanza al águila y pegarle solo a una roca? Proclamarás tus metas a aquellos que quieran escucharte y una vez pronunciado, no te atreverás a revocar lo que has dicho por temor a la humillación. Serás como tu propio profeta, y aunque todos se rían de tus declaraciones, oirán tus planes, conocerán tus sueños. Y de esta manera no habrá escape para ti hasta que tus palabras se conviertan en hechos realizados. Proclamarás siempre tus metas al mundo. Y sin embargo, nunca proclamarás tus éxitos. Que el mundo en cambio se te acerque con alabanzas y que tengas tu la sabiduría de recibirlas con humildad.

9. Procederé ahora mismo. Tus sueños carecen de valor alguno, a menos que sea seguido de la acción. La demora que te ha retrasado fue hija del temor y ahora reconoces este secreto, extraído de las profundidades de corazones valientes. Ahora sabes que para conquistar el temor debes siempre proceder sin vacilación y los estremecimientos de tu corazón desaparecerán. No eludirás las tareas de hoy ni las postergarás para mañana, porque sabes que el mañana nunca llega. Procede ahora aunque tus acciones no traigan la felicidad o el éxito, porque es mejor proceder y fracasar que quedarse inactivo y salir del paso a duras penas.

10. Pediré ayuda. Todos los seres que andan por la tierra, incluso el hombre, poseen el instinto de clamar pidiendo ayuda, pero que tus clamores pidiendo ayuda sean sólo clamores pidiendo dirección. Quizás recibas la dirección y orientación que buscas, o tal vez no, pero ¿no son estas dos cosas una respuesta?

Ya tienes los conocimientos para convertirte en el vendedor más grande del mundo, pero de nada sirven sin el principio número nueve. Te aconsejo que tomes estos principios como guía y no como verdades absolutas. Vuelve a leerlos detenidamente y decide la mejor manera de adaptarlos a tu vida. Sólo me queda recordarte que adquiriste un compromiso, no conmigo, sino contigo mismo. ¿A qué esperas para empezar a cumplirlo?

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