DESESPERANZA CREATIVA

¿Sabes lo que se siente cuando llevas mucho tiempo pensando y actuando de una determinada manera y, de repente, descubres que lo único que has estado haciendo es evitar aquello que te hacía sentir mal pero sin cambiar absolutamente nada? ¿No te ha pasado alguna vez, que estás conduciendo por una ciudad que no conoces y siempre acabas en la misma jodida rotonda? ¡Qué desesperación!

¿Y si esta desesperanza no tiene tanto que ver conmigo sino con la estrategia que utilizo? ¿Y si la felicidad, con toda su psicología positiva, no es más que una trampa?


Hoy, a raíz del nuevo currículo de Religión Católica publicado en el BOE el pasado martes 24 de febrero, concretamente en referencia al siguiente criterio de evaluación: reconocer la incapacidad de la persona para alcanzar por sí mismo la felicidad, hubiera querido hablar sobre la felicidad. Sobre la “V” de la fórmula de la felicidad con mayúsculas, de Martin Seligman. Pero no puedo hacerlo. No, con esta confusión. En realidad sí podría hacerlo a pesar del malestar, si tuviera un buen motivo, pero no quiero hacerlo. No quiero engañarte.

Eso es lo que he aprendido: sí se puede a pesar del malestar. Que ya está bien de que mis emociones y mis pensamientos, todas esas conductas privadas, sean la excusa constante para quedarme inmóvil contra la pared. Me siento mal, por lo tanto no puedo seguir adelante. Y si no me muevo, no puedo llegar donde quiero, con el consiguiente malestar que esto me supone. Y cuanto más malestar, menos ganas de avanzar y así por los siglos de los siglos encerrada en este círculo vicioso.

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¿Y si esta desesperanza no tiene tanto que ver contigo sino con la estrategia que siempre utilizas y que ya no te sirve?

¿Quién dice que no puedo caminar con malestar? ¿Quién dice que no puedo levantarme de la cama con esta ansiedad, este miedo, esta tristeza profunda? Lo dicen mis pensamientos y mis emociones. Y aunque este run-run sé que no es lo mismo que yo, acabo fundiéndome con ellos por esta infalible coherencia circular. Y yo que me muero por una buena coherencia… ¿Te has dado cuenta de que el ser humano es capaz de relacionar cualquier cosa con cualquier cosa y de cualquier manera? De este modo, cualquier conducta humana es coherente, porque todo lo que hacemos tiene un sentido y una explicación. Esta es la justificada coherencia para seguir en este círculo vicioso: con malestar, no puedo, así que no hago nada.

¿Cómo romper con ello? ¿Cómo puedes seguir adelante a pesar de la angustia? Necesitas algo con más poder que un pensamiento. Algo más valioso que la emoción del momento. ¿Qué puede ser? una meta, un objetivo, no sé ¿Qué es lo más importante para ti en esta vida? Vicktor Frakl cuenta que cuando una persona llegaba deprimida a su consulta. Una vez que le dejaba descargar todo el cúmulo de males y desgracias, le hacia una pregunta ¿y usted, por qué no se suicida? Y la persona le contestaba con un montón de buenas razones para no hacerlo: que si los hijos, la familia, …  Por lo tanto, y a ver si logro aclararme: ¿Lo que está limitando mi vida no es el malestar sino la falta de propósitos vitales?

En la facultad de psicología me enseñaron que las personas tienen que salir de la consulta, al menos, un poco mejor de lo que han entrado. Que el objetivo de la terapia es el bienestar (me pregunto si eso tiene más que ver con el ego del terapeuta que con otra cosa). Al final, se juntan el hambre con las ganas de comer: el terapeuta que a toda costa desea el bienestar de la persona y la persona que está dispuesta a quitarse de encima su malestar a cualquier coste. ¿Es por esto que las personas salen con todo el subidón de la consulta y al día siguiente, dándose de bruces con su realidad, se dan cuenta de que todo sigue igual? ¿Que sus pensamientos siguen siendo los mismos, que sus emociones no han cambiado? ¿Quizás no controlamos tanto nuestros pensamientos y emociones como quieren hacernos creer? ¿Quizás es precisamente en el control donde está el problema? ¿Acaso no sabes que todo a lo que te resistes, más persiste?¿Quizás es que las terapias de segunda generación pasaron a mejor vida?

Veamos: en este momento te pido que hagas un esfuerzo. Presta atención: Te pido, por favor, que NO pienses en un elefante rosa. Haz lo que tengas que hacer para NO pensar en un elefante rosa. Mantén el elefante rosa fuera de tu cabeza… ¿Cómo te ha ido? Lo sé. ¡Maldito elefante rosa!

falsa-felicidad¿Y esto no es lo que el resto del mundo constantemente te repite cuando te sientes mal? No pienses en eso, tienes que pensar en positivo, hay que ser optimista, sé feliz, no te angusties, tranquilo, anímate, piensa en otra cosa… ¡Ja! ¡Como si fuera tan fácil! ¡Deja tú de pensar en el jodido elefante rosa, listo!

Como dice Carlos Salgado, director gerente de PsicACT, vivimos en la era del “feelgoodismo”, del siéntete bien y sé feliz, sí o sí. Del NO al dolor,  NO a la frustración. ¿Eso está funcionando? ¿Cada vez somos más felices?¿Por qué seguimos haciéndolo? Ser feliz se ha convertido en una obligación. Y yo hacer las cosas por huevos (con perdón), lo llevo fatal.

Cuando ya tenía mi marco contexual, mi forma de vida en base a esta filosofía “feelgoodista” me doy cuenta de que he estado todo este tiempo manejándome en la oscuridad. Me había acostumbrado de tal manera que parecía que hubiese un sol espléndido. Ahora se levantan de repente las persianas, con ese fogonazo de luz arrasándolo todo ¿y qué pasa? que veo menos ahora con luz que antes en la negrura. Paradógico ¿verdad? Así estoy hoy, como un elefante en un cacharrería ¡otra vez el puñetero elefante!

Ya no voy bajar las persianas, es inútil, no se puede volver a atrás. Aunque sí voy a echar las cortinas, que deje pasar la claridad mientras me organizo en este nuevo contexto. Por cierto, casi lo olvido. “V” es todo lo que está en tu mano para ser feliz. Todo lo que está bajo tu control. Todo lo que depende de ti, única y exclusivamente. V de voluntad.

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5 comentarios en “DESESPERANZA CREATIVA

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