EL BUEN AMOR EN LA PAREJA

Schopenhauer afirmaba que la mayor crueldad y el mayor castigo concebibles para el hombre sería ser invisible e inmortal al mismo tiempo. Suena terrible e inhumano, ¿verdad? Todos tenemos el anhelo (y la necesidad) de amar y ser amados, de gozar de una estabilidad afectiva, de sentirnos vinculados, de pertenecer y, a ser posible, de dar vida o de servirla o cuidarla de alguna manera. Así que un ingrediente de la felicidad terrenal que seguramente podemos experimentar en esta vida viene a través de sentirnos unidos y de lograr unas relaciones ricas, fértiles, hermanadas, cooperativas y amorosas. En el encuentro verdadero y amoroso con el otro logramos reconocernos profundamente a nosotros mismos: si yo te miro a ti y veo que también eres yo. Para lograr el bienestar y la estabilidad en la relación, para que haya dicha, el amor no es suficiente. De hecho, la mayoría de las parejas que se separan lo hacen a pesar del amor, a pesar de que se quieren, pues sucede que no encuentran modos de gestionar su amor de manera que fermente en dicha. El problema no es la falta de amor, sino de buen amor.

En el buen amor, uno más uno suman más que dos.

En el buen amor, uno más uno suman más que dos.

VIVIR EL AMOR El planteamiento del libro se sitúa en una perspectiva de libertad y de respeto, de hacer y dejar hacer. No tratar por todos los medios de encajar en un modelo ideal de relación de pareja. Hay demasiada gente que sufre precisamente por esto, por no encajar en un esquema de supuesta normalidad. Pero ¿quién es capaz de afirmar que mi manera de vivir el amor es mejor que la tuya? Lo importante es la aceptación amorosa de uno mismo y de la propia singularidad. El buen amor se reconoce porque en él somos exactamente como somos y dejamos que el otro sea exactamente como es, porque se orienta hacia el presente y hacia lo que está por venir en lugar de atarnos al pasado, y sobre todo porque produce bienestar y realización. Con la pareja podemos sentirnos vinculados, pertenecientes, unidos y en familia. A través de la pareja nos sentimos acompañados y ahuyentamos la temida soledad. Al fin y al cabo, somos mamíferos, animales gregarios y sociales, alimentados y vitalizados por nuestros roces y relaciones. A través de la sexualidad, la pareja cubre nuestras necesidades de placer, intimidad y confianza física. En este sentido, la pareja es un contrato, muchas veces oculto, de ayuda, entendida como protección frente a las dificultades. La pareja nos da algo de lo anterior, pero ¿puede hacernos felices o desdichados? La buena noticia: nadie puede hacerte infeliz. Nadie tiene el poder de hacerte desgraciad@, pues siempre queda en tus manos decidir cómo vas a vivir las cosas, el sentido que les darás, y la posibilidad de orientarlas en la dirección de lo positivo y útil. Conviene asumir también que la felicidad no significa placer ni éxito ni ausencia de dolor y de frustración. La mala noticia: nadie puede hacerte feliz. A través de la pareja tendrás intimidad, sexualidad, ternura, vinculación, sentido de pertenencia, confrontación, crecimiento… Y, si lo sabes llevar bien, te acercarás a un tipo de gozo, pero la felicidad es otra cosa: es un estado. La pareja te puede dar felicidad, pero no tiene el poder de hacerte feliz, lo cual es un matiz muy importante. En el enamoramiento no vemos a la otra persona tal como es, sino como anhelamos y esperamos que sea. Pero hay algo más: en esa persona reconocemos vibraciones que vivimos en nuestra infancia, y de alguna forma albergamos la esperanza de completar con ella aquellas cosas que quedaron como asuntos pendientes en nuestra infancia con nuestros padres, o de escenificar guiones y tramas inconscientes de nuestro sistema familiar de origen para que prosigan y encuentren su resolución. Después del enamoramiento, la relación empieza a significar otra cosa. Aquí, la relación con la pareja deja de ser un movimiento incontrolable y pasa a ser una elección, a la vez que una mirada cada vez más cercana a cómo es en realidad el otro en todas sus dimensiones y sus imperfecciones. La siguiente fase o estado, si la relación prospera, es el compromiso donde el nuevo sistema que hemos creado tiene ahora prioridad. Consolidan su camino común, fruto de haber integrado y tomado su pasado tal como fue, y logran que la energía de la relación fluya hacia el futuro. Algunas parejas son visitadas por una fuerza superior, aún más grande que el compromiso: la entrega. El amor con entrega es un amor trascendente porque es el más generoso posible, porque en él se ama la vida y los hechos tal como son, despojándolos de pasiones egoístas.

CONDICIONES PARA EL BIENESTAR DE LA PAREJA La pareja, como hemos visto, no nos va a dar la felicidad, pero nos puede ayudar a crecer. Porque es seguro que tendremos que revisar algunos de nuestros modos de funcionar, algunas costumbres y pautas de relación, algunos hábitos y creencias, algunos temores y exigencias. No hay modelos ideales que debamos seguir pero sí condiciones que facilitan o dificultan la relación de pareja.

  1. La primera condición es que sea fácil, que fluya sin demasiado esfuerzo. Que las cosas sean cómodas, que no tengamos que malgastar grandes cantidades de energía en emociones ni se nos obligue a luchar contra éstas. El vínculo no crece con fuerza únicamente en el intercambio positivo y fácil, sino también en el negativo y difícil. ¿No existen parejas que son infelices y desearían separarse pero tienen un vínculo muy fuerte y por desgracia no pueden enfrentarse al terror de la soledad?
  1. Dos naturalezas no demasiado incompatibles, no demasiado diferentes. Que la comprensión del otro no esté más allá de nuestras capacidades (por ejemplo, dos personas con religiones diferentes)
  2. La tercera condición es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan como tales, acompañados, ya que el otro es también un amigo y la amistad no se desgasta con el curso de los años. Que puedan compartir sus peculiaridades, gustos, intereses, diferencias, complicidades. Que tengan a alguien al que entienden y que los entiende.
  3. La cuarta condición es tener fe y confianza plena en el otro. Que no sea necesario temer, desconfiar o protegerse para poder reencontrar un corazón inocente. Que el otro nos inspire una completa confianza sobre la cual se pueda cimentar un amor duradero, susceptible al crecimiento. Que tengamos la convicción de que el otro no nos va a dañar (pero también debemos ser conscientes de que en algún momento tal vez lo haga, y aceptarlo teniendo la certeza de que podremos resistirlo y sobreponernos a ello. La confianza, por definición, no exige garantías).
  4. El deseo espontáneo de que el otro esté bien, lo cual quiere decir, el deseo de que esté bien por encima de nuestros miedos o carencias.
  5. El equilibrio en el dar y el tomar. Hay otro ingrediente importante para lograr el bienestar en la pareja, que podríamos agregar a los cinco anteriores: que haya un rico, positivo, fértil y equilibrado intercambio entre dar y tomar (y uso expresamente el verbo tomar porque sugiere acción, y no el verbo recibir, que evoca pasividad) entre los integrantes de la pareja. Si alguno de los dos se siente deudor o acreedor, si no encuentran un modo de compensar y equilibrar su vínculo, dejan de poder mirarse confiadamente a los ojos. Si alguien sólo da o sólo toma, la pareja está amenazada porque corre el riesgo de plasmar un formato maternofilial en lugar de uno entre adultos. Así que, si queremos amar bien y cuidar de aquellos que amamos, no debemos darles más de lo que puedan tomar y estén en condiciones de devolver manteniendo su dignidad, ni debemos tomar de ellos más de lo que podemos compensar de alguna manera. «Lo daría todo por ti, porque te quiero tanto, tanto». Puede parecer muy romántico, pero ¿es esto un regalo o más bien una carga? En ocasiones es mejor que no nos quieran tanto, sino que nos quieran bien; menos cantidad y más calidad.
  6. El poder que invita al poder. Para que las cosas circulen sobre los rieles del buen amor, ninguno de los dos se debe sentir con poder sobre el otro, sino que debe contribuir a que el otro alcance el máximo poder en sí mismo. La realidad, no obstante, es que los dos miembros de la pareja a menudo se enzarzan en luchas de poder que minan su relación. Hay un ejercicio interesante: mirar a la pareja y preguntarse, de forma desnuda, cruda y veraz, si nos sentimos superiores, iguales o inferiores. El verdadero poder radica en estar asentado en la realidad de uno mismo, no en sentirse superior a otra persona o en dominarla física o psicológicamente. Si no hay igualdad, en verdad no hay pareja, sino otra cosa, otro convenio, por lo general poco feliz. En la pareja, cuando uno de los dos se siente mejor que el otro, o que la familia del otro, en lo profundo, en el alma, surgen las fisuras, porque la pareja, a pesar de lo diferentes que puedan ser sus miembros, debe apoyarse en la igualdad sentida y reconocida de corazón.

LA BUENA RUPTURA El valor y el arte para la ruptura son tan cruciales como el coraje y el arte para la unión. Hay que rendirse, soltar lastre, desapegarse, aceptar. ¿Cómo se cierra bien el pasado? Primero, entregándonos al dolor, abriéndonos al dolor de la herida, de la decepción y de la frustración. Segundo, viviendo la turbulencia emocional que toque, la culpa, o la tristeza, o el enfado, o la sensación de fracaso o desesperación o miedo. Por último, cerrar con amor, con amor a lo que hemos vivido y con amor hacia la persona,  no se puede construir un edificio sobre cenizas y ruinas. De hecho, un proceso de ruptura concluye cuando… … podemos mirar atrás con paz y alegría; … logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en nuestra anterior relación; … le damos internamente las gracias a nuestra expareja por lo que fue posible y lo que nos aportó; … podemos darle el reconocimiento que merece como una relación importante para nuestra vida; … reconocemos el amor que hubo y lo guardamos como un regalo; … somos capaces de dejar libre al otro y desearle lo mejor, y hacernos nosotros libres y también desearnos lo mejor; … alojamos al otro en el lugar interior de los vínculos significativos en nuestra alma y pasa a formar parte de la narrativa que configura y da sentido a nuestra vida.

UNA NUEVA OPORTUNIDAD El ser humano es como un albergue. Cada mañana llega alguien nuevo. Éste es una alegría, este otro es tristeza, allí viene la mezquindad y aquí una chispa de conciencia. El pensamiento oscuro, la vergüenza, lo malicioso puedes encontrarlos a la puerta, sonriéndote; invítalos a entrar. Sé agradecido con quien viene, porque cada uno ha sido enviado como una guía desde el más allá.

El buen amor se compone de sonrisas. Es una constante sonrisa interior ante el otro, incluso en los momentos de fricción, desacuerdo y turbulencia. Está basado en el orden, en el equilibrio, en la mirada dirigida a la vida, en la apertura del corazón. Es una relación entre adultos bien sostenidos en sí mismos y en su historia familiar, que han podido poner bálsamo en sus heridas y curarlas. En el buen amor, uno más uno suman más que dos.

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7 comentarios en “EL BUEN AMOR EN LA PAREJA

  1. Pingback: SANAR EL VÍNCULO CON LOS PADRES | biblioterapeuta

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