CUANDO TODO SE DERRUMBA: SIN UN SUELO BAJO LOS PIES

Desde la marca de tu champú, tu pareja, la noche de nochevieja. Cada uno de estos renglones, las balizas, la plaza de los Leones. Los mapas, las cicatrices, los libros. A los lunes, las marcas pintadas en la carretera, el horizonte, una boya en el mar, cuando en el cielo se ilumina la estrella polar. Todo son referencias.

¿Te imaginas no tener referencias? Sólo por un instante, mantenerte suspendido en la nada, sin asideros, sólo tu contigo. Tú, tu único apoyo. Tú, quien se sostiene a sí mismo. Sin huidas, sin entretenimientos que te distraigan de ti, de tus miedos, de tu soledad, de tu rabia, de tu frustración, de tu dolor. Puedo sentir tu vértigo ¿Saltas?

imagesHay libros que te pillan a traición, que te eligen y de los que no hay forma de escapar. “Cuando todo se derrumba” es uno de ellos. Me parece una preciosidad. Me parece un libro honesto y sincero. Y, a pesar de los pesares, de sus verdades como puños, a mi me proporciona un alivio tremendo.

¿Qué pasaría si se apagase el ruido de tu cabeza y pudieras escucharte, por fin, con claridad? ¿No se te encoge el corazón ante tus gritos desgarradores? ¿No sientes ni un ápice de compasión siquiera por ti mismo? Quizás, si se callase el ruido podrías dejar de desgañitarte y conectarte con una mente más abierta e ilimitada. Quizás podrías empezar a vivir.

Prepárate para el miedo, para intimar con él. Prepárate para cuando llegue el momento de perder las máscaras. Para sumergirte en lo desconocido. ¿Ves esas sombras que te asedian? Eres tú. Es tu propia sombra. Podrás hacerla desaparecer tan sólo con la luz de tu mirada pero tú te empeñas una y otra vez en correr, en salir a la calle con tu disfraz, con tus esquemas en orden ¿Hasta cuando crees que podrás mantener tu imagen?

¿Te imaginas que no pudieras escapar del presente, que cada instante fuera inevitablemente vivido así, a pelo, sin mecanismos de defensa, sin sustancias adormecedoras? Que no hubiera otro remedio que mantenerse con todos los sentidos abiertos de par en par. Que no existiera la posibilidad de hacerte el loco, ni el sueco, ni el tonto, ni el dormido. ¿Para qué resistirse? ¿Para qué seguir luchando? Nadie puede salvarte de ser quien eres. Al final no queda otra que caer rendido ante la vulnerabilidad del ser humano, su ternura. Una putada y un alivio a partes iguales.

En cualquier situación va implícita la posibilidad de despertar. Una oportunidad disfrazada de sufrimiento seguramente. Sólo cuando estés exhausto y ya no tengas nada que perder, podrás mirarte a los ojos y descubrir la insondabilidad del ser humano.

Un hombre en India estaba absolutamente dispuesto a librarse de sus emociones negativas: luchaba contra la ira y la lujuria, luchaba contra la pereza y el orgullo, pero sobre todo quería liberarse del miedo. Su profesor de meditación le decía una y otra vez que dejase de luchar, pero él consideraba que aquello no era más que otra manera de explicarle cómo superar los obstáculos.

Finalmente, el profesor lo envió a meditar en una pequeña cabaña al pie de las montañas. El cerró la puerta y se dispuso a comenzar con la práctica. Al llegar la noche, encendió tres pequeñas velas. Hacia medianoche oyó un ruido en una esquina de la habitación y en la oscuridad pudo distinguir una gran serpiente. Estaba justo delante de él, balanceándose, y le miraba como una cobra real. Estuvo toda la noche totalmente alerta, manteniendo los ojos en la serpiente: tenía tanto miedo que no podía ni moverse. Sólo estaban él, la serpiente y su miedo.

Justo antes del amanecer se apagó la última vela y él empezó a llorar, pero no lloraba de desesperación sino de ternura. Sintió el anhelo de todas las personas y animales del mundo; conoció su lucha y su alienación. Todas sus meditaciones no habían sido más que lucha y separación.

Entonces aceptó —verdaderamente aceptó de todo corazón— que era iracundo y celoso, que se resistía y luchaba, y que tenía miedo. También aceptó que era un ser precioso más allá de toda medida: sabio y estúpido, rico y pobre, y totalmente insondable. Se sentía tan agradecido que se levantó en medio de la oscuridad total, caminó hacia la serpiente y le hizo una reverencia. A continuación se tumbó en el suelo y se quedó profundamente dormido. Cuando despertó, la serpiente había desaparecido. Nunca supo si se lo había imaginado o si realmente había sucedido, pero no parecía importarle mucho; el contacto íntimo con el miedo hizo que sus dramas personales se colapsaran, y finalmente el mundo que le rodeaba pudo llegar hasta él.

Nadie nos dice nunca que debemos dejar de huir del miedo. Raras veces se nos dice que nos acerquemos más, que sigamos allí, que nos familiaricemos con él. El consejo que solemos recibir es el de edulcorarlo, diluirlo, tomar una píldora o distraernos: cualquier cosa para hacerlo desaparecer.

DERRUMBA2Cuando todo se derrumba habla de reclinarse sobre los puntos más afilados. Habla de dejar de hacer malabarismos para sentirnos seguros. ¿Qué hay seguro? Nada de lo que creas que te proporciona seguridad lo hace, es una ilusión. Una farsa que se sostiene en la pantalla de tu nuevo smartphone. La única vez que podemos estar plenamente seguros de lo que está ocurriendo es cuando nos quitan la alfombra de debajo de los pies y no encontramos dónde aterrizar.

¿Cuándo fue la última vez que te dejaste estar fuera de sitio, con el estomago revuelto, la cara sonrojada, el corazón partido, las manos dormidas? Dicen que estas pruebas son a las que se enfrentan los guerreros espirituales para despertar sus corazones. Las pérdidas, las enfermedades, cualquier situación donde no haya otra salida que quedarse… Antes entraba en pánico cuando se me dormían las manos. Comenzaba a moverlas en el aire, como si luchara contra algo invisible en medio de la oscuridad.  Ya no dormía testando cada parte del cuerpo. Corría al futuro, me ponía en lo peor. Volvía al pasado buscando alguna explicación. Cualquier cosa menos rendirme a la evidencia de mi cuerpo entumecido. Ahora duermo tranquila y si mientras tanto una parte de mi se acorcha, la contemplo con todo el amor del que soy capaz de proporcionarme y la abrazo. Busco una voz en la profundidad de mi ser que confirme que hay algo en mi que es inalterable, que se mantiene intacto, y continuo respirando. La curación proviene del hecho de dejar espacio para que todo esto ocurra: espacio para la pena, para el alivio, para la aflicción y para la alegría. Vivir con un miedo constante en el cuerpo es insoportable. Eso no es vivir.

A eso se le llama estar clavado por la vida, a ese lugar en el que no tienes otra elección que aceptar lo que está pasando o retirarte.Por eso, la próxima vez que te encuentres con el miedo, considérate afortunado. Aquí es donde el coraje entra en escena. Generalmente, pensamos que la gente valiente no tiene miedo, pero la verdad es que conocen el miedo íntimamente. Podemos emplear estas situaciones para despertar o para volver a echarnos a dormir. ¿Saltas?

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3 comentarios en “CUANDO TODO SE DERRUMBA: SIN UN SUELO BAJO LOS PIES

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