LIBERTAD Y LÍMITES

¿Cuál es la medida exacta entre darles a nuestros hijos la libertad necesaria para su desarrollo, para que aprendan a ser autónomos e independientes, y a la vez no dejarles hacer todo lo que ellos quieran?

No hay reunión de padres o asamblea de profesores donde no se plantee el problema de la marcación de límites. Se palpa el desamparo en el que se encuentran muchos adultos que buscan imagernuevas vías, contrarias a los modelos de educación tradicional. Padres que intentan eliminar de una vez por todas normas y límites, y que cansados de experimentar sin ton ni son,  como han visto que eso no funciona, que los niños necesitan límites, para algunos eso ha supuesto volver al autoritarismo regresando a las antiguas reglas, caducas pero seguras.  Y es que parece que no encontramos el término medio. No quiero hacerlo de la misma manera pero ¿de qué otra manera?

Rebeca Wild en su libro “Liberta y límites. Amor y respeto” nos introduce en el día a día de una comunidad de aprendizaje en Ecuador, reduciendo por un lado las contradicciones que aparentemente existen entre libertad y limites y donde, por otra parte, relaciona íntimamente los conceptos anteriores de libertad y límites con los de amor y respeto. ¿Necesitas saber más?

LIBERTAD Y LÍMITES

Cuando se habla sobre educación libre, lo más común es que enseguida surjan objeciones más o menos apasionadas sobre la necesidad de límites. Para los adultos que hemos sido educados y restringidos por límites, no es fácil comprender que, en realidad, los límites pueden tener la función de definir un espacio en el cual se puede actuar con independencia y libertad, y en el cual se pueda dar un verdadero desarrollo humano. No nos sentimos delimitados por las paredes de nuestra casa, más bien al contrario, nos aportan sentimiento de seguridad y de recogimiento.

Los limites no son un medio de coacción para hacer o dejar de hacer según lo que otros esperan de nosotros, o la última medida de seguridad, ya que el entorno no estaba preparado para satisfacer nuestras auténticas necesidades. Los límites sirven para mantener el entorno relajado, de manera2709-juego que todos se sientan cómodos en él, tomen sus propias decisiones y aprendan a diferenciar entre necesidades auténticas y sustitutivas. (Las necesidades auténticas no son sólo aquellas que pertenecen a la supervivencia de un organismo sino en igual medida todas aquellas que acompañan al desarrollo y los procesos de crecimiento). Pero ¿Existen entornos adecuados para los niños que están creciendo? No muchos ¿verdad? y además existen pocos indicios de que esto sea considerado un problema básico para el desarrollo sano de los seres humanos. Aun así, existe cierta añoranza por los viejos tiempos en los que todavía se podía jugar en la naturaleza o los niños podían estar en la calle sin prácticamente peligro alguno. Como dice Wild, los entornos adecuados para los niños no deben considerarse un proyecto social, el adulto que trae al mundo al niño es el principal responsable de este drama.

Para que el entorno sea adecuado, tiene que ser relajado, es decir, no debe incluir exigencias ni riesgos activos, y las expectativas que nosotros tenemos de otras personas e incluso de los niños, no deben limitar nuestros comportamientos.  El entorno debe cumplir dos condiciones básicas: La primera es el respeto por los procesos de vida y de desarrollo auténticos que resultan de la interacción entre organismos y su entorno. Este proceso de interacción debe establecerse y ser guiada desde el interior si se quiere lograr auténticos procesos de desarrollo. Y segunda, la visión de un entorno adecuado no es completa sin la presencia, atenta , respetuoso y no directiva de adultos. Esto es no dirigirlos de aquí y allá, aunque sea de forma afectuosa, rehusar de auxiliar a los niños con rapidez en lo que le resulta difícil, anticiparse a su capacidad de iniciativa, manipular sus sentimientos o encasquetar en su pensamiento explicaciones adultas. De lo que se trata es de estar presentes para preparar convenientemente el ambiente en concordancia a sus necesidades verdaderas.

¿Qué motivos podrían existir para tener miedo a poner límites?  ¿El deseo de relacionarnos con nuestros hijos de forma distinta y con más libertad de la que nosotros mismos hemos experimentado durante nuestra educación? ¿Miedo a no parecer cariñosos y por eso ser menos queridos por los demás? ¿Circunstancias en las que para salir del paso es mucho más sencillo transigir con rapidez que plantarse ante un límite de forma consecuente?

Los adultos no se atreven a poner los límites necesarios y recuren a estrategias que enredan la vivencia límite, la vuelven borrosa, aparentemente la hacen más aceptable o la convierten en una lección. Los niños bregan mucho mejor con límites claros que con todos nuestros pretextos y explicaciones. Las vivencias de los limites implican dolor y las explicaciones que abundan en palabras,  o cuando el adulto insiste en que debe ser razonable, sólo hacen que el niño no se sienta percibido y comprendido en su enfado y su molestia. Este dolor de sentirse ignorado es mucho más difícil de procesar que el dolor concreto de una experiencia límite ¿Cómo lo ves ahora?

¿Tu actitud sería distinta si estuvieras convencid@ de que los límites forman parte de la vida? Vivir significa estar limitado, es una condición de la vida por antonomasia. Ya partiendo de la célula originaria, todo organismo está separado de su entorno por una membrana semimpermeable, ¿qué sería de un organismo sin esta membrana que lo delimitara del entorno y que, dirigida desde el interior, posibilita toda manifestación de vida, toda interacción con el medio ambiente adquiriendo de este modo sentido? Sólo gracias a esa limitación podemos desarrollarnos. Y únicamente por la seguridad que supone esta membrana, un organismo individual puede llegar a una auténtica cooperación con otros organismos , pues sin ella, cuando los organismos se encontraran, se comerían unos a otros o confluirían unos con otros ¿Te imaginas si nuestras células no tuvieran la membrana que las separa unas a otras? Seríamos un amasijo de tejido celular inservible puesto que no podrían cumplir ninguna función. ¿Te imaginas que no existiera un órgano como la piel? ¿Cómo distinguir entre dentro y fuera? ¿Entre tú y yo? (Ya, ya sé que esta diferenciación entre dentro y fuera, y tú y yo es un error, podemos hablarlo en otra entrada. Por ahora sigamos viviendo en la fantasía de que tu eres tú y yo soy yo, y que dentro y fuera no son la misma cosa).

Tan pronto como comenzamos a prestar atención a las relaciones cotidianas entre las personas, nos sorprende con que asiduidad se invade la escena privada de los sentimientos. Y ya no hablamos de la estrecha relación que se produce entre una madre y su hijo, que si bien se ha desprendido de su cuerpo físico, emocionalmente continua dependiendo en gran parte de ella. Es posible que su membrana emocional se haya extendido de tal manera que su hijo se haya quedado dentro de ella. La madre se siente permanentemente dividida, ya que los sentimientos del hijo parecen completamente mezclados con sus propias emociones. Se siente arrastrada de un lado para otro, en algún momento se deja vencer, en otro se cierra frente a la invasión de sentimientos extraños. El resultado lógico es una manipulación mutua y la frustración de no poder nunca contentar a todos. ¿Cómo podrá un hijo, en estas circunstancias, conseguir paulatinamente la independencia emocional? ¿Cómo puede notar la madre si penetra emocionalmente en el hijo o si éste deambula por sus espacios interiores?

Lo mismo se aplica también a la membrana cognitiva. ¿Quién podría afirmar de sí mismo que es capaz de distinguir con claridad entre sus pensamientos y los que se le han introducido desde el exterior (introyectos)? Para llevar una vida sana, cada uno de nosotros necesita además de una piel exterior, una membrana cognitiva y emocional también en buen estado.

AMOR Y RESPETO

Muchos padres se quejan de que sus hijos les requieren precisamente cuando no pueden prestarles atención: cuando la comida esta en el fuego, cuando suena el teléfono, cuando van al baño o viene una visita. Este patrón de comportamiento es una señal de alarma ¿tiene el niño la experiencia de que el adulto le da regularmente atención sin que tenga que pedirla? ¿estás realmente presente cuando atiendes las necesidades físicas de tu hijo, o sólo a medias? Los momentos de atención en los que el niño no necesita realmente al adulto y ni siquiera ha solicitado su presencia, aportan las pruebas más claras de un amor sin condiciones.

madre-explicandoEstar presente no significa anunciar un límite de cualquier manera o a cierta distancia sin interrumpir lo que estamos haciendo. ¿Recuerdas cuando gritaste a tu hijo desde la otra punta de la casa para que hiciera o dejara de hacer algo? Bien, pues a eso me refiero. Puede que esto sea inevitable en un caso de emergencia, cuando el niño está en peligro y no queda otra alternativa que dar un grito desesperado para evitar lo peor. Pero cuando no se trata de una situación extrema, ¿intentas poner límites de forma respetuosa, esforzándote en detener lo que estás haciendo? ¿acercándote al otro hasta que note tu presencia? ¿ponerte a su altura y estableciendo contacto visual o corporal? ¿y sólo entonces pronunciar e límite? “con estos lápices no te dejo jugar” ¿Tanto esfuerzo para tal menudencia? Mmm, ¡SÍ!

¿Para qué tanto énfasis en estar presentes en el momento de poner límites?. Primero para no dejar al niño solo en el momento difícil del límite. Así se siente acompañado, apoyado y tiene la oportunidad de desahogarse del dolor llorando. Por otra parte, el niño entiende que piensas lo que estás diciendo y que estás dispuesta a responder en persona al límite que has pronunciado: “con estos lápices no te dejo jugar”. Los niños que viven este tipo de límites se sienten doblemente apoyados y respetados. Estás aceptando que el límite le duele y que puede expresar sus sentimientos (te recuerdo que esto es incompatible con esa manía tuya de distraer al niño de su dolor mediante un largo explicar o discutir o lo que sea que hagas para que deje de llorar),  al mismo tiempo que experimenta que los límites son firmes y que no van a desaparecer con protestas. Estos elementos les transmiten el mensaje de que les amas aun cuando no les permitas hacer algo que les gustaría hacer. Este milagro de que los niños sin presión, sin regañarlos, sin amenazarlos o prometerles recompensas contribuyeran de forma voluntaria a que se cumplieran estos límites tiene su precio: nuestra atención y nuestra presencia. Lo contrario, nuestras reacciones inconscientes o nuestra comodidad a menudo se convierten en obstáculos en el cómo poner límites y sus consecuencias.

El amor aunque sea sentido de una forma profunda y abnegada, puede amargar cuando carece del respeto necesario. Si los adultos aprenden a advertir la interacción del niño con el entorno para su desarrollo, a respetarlo y a cooperar con él, serán recompensados de muy diversas maneras: ahorrarán energía innecesaria malgastada en imponer su voluntad a la del niño al que en cambio su propio proceso de desarrollo le aportara fuerzas sorprendentes. Además, un organismo cuyo programa interior es respetado tendrá alegría de vivir, se mostrará interesado, estará concentrado, armónico y dispuesto a entenderse con los limites de una forma constructiva.

Y, a ti, ¿cómo te han puesto límites?¿Estaban los límites en armonía con un entorno adecuado a tus necesidades de desarrollo o eran prohibiciones que te amargaban la vida?¿De una forma tranquila y natural y con presencia afectuosa o de manera forzada y agresiva? En la medida de lo posible intenta olvidar el significado que los límites han tenido en tu propia tradición y en tu propia historia, si lo que recuerdas son: prohibiciones, advertencias, amenazas, requerimientos para respetar los derechos de los demás… Los límites que no son realmente necesarios y se erigen únicamente para obtener determinados resultados o para inculcar obediencia a un niño, dejan de ser verdaderos límites. Aun cuando tomes conciencia de ello no bastará, pues uno choca con sus propios límites, y tendrás que vértelas con la incertidumbre, con las viejas costumbres y quizás te sigas preguntando una y otra vez cómo el amor verdadero hacia un hijo puede ser compatible con los límites. Y es que hasta que no nos convenzamos de que la libertad y la autonomía no pueden desarrollarse mientras un niño no esté seguro de nuestro amor, y que nosotros somos los responsables de satisfacer esta necesidad, no faltarán dudas y confusión. Mientras tanto, en lo que vas experimentando la búsqueda del equilibrio entre demasiado y demasiado poco, sirve de ayuda recordar que todo organismo vivo se hace así mismo.

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