CUANDO SEA FELIZ. SOGAS QUE AHOGAN: EL APEGO

Nos pasamos la vida intentando conseguir cada vez más y más objetos, a la vez que buscamos inconscientemente personas que puedan llenar nuestros vacíos, nuestra eterna insatisfacción. Proyectamos sobre ellos cualidades y atributos desmesurados, idealizando aquello de lo que carecemos y sobre lo que ponemos nuestras esperanzas de salvación; descubriendo con el tiempo que no se ajustan a nuestras expectativas. Lo paradójico es que nada de lo que adquirimos ni persona alguna con la que estamos puede colmar esas añoranzas.

Podría parecer que si no poseyéramos nada, no tendríamos sufrimiento alguno. La realidad es que podemos carecer de todo y, sin embargo, sufrir por la privación y el ansia de poseer. Por lo tanto, el aprendizaje no reside en la renuncia material sino en adoptar un enfoque alternativo; la clave para salir de este círculo vicioso se fundamenta en liberar el deseo de aferrarse, el desapego.

cuando-sea-feliz-monica-esgueva-bolsillo“Apego” es uno de los capítulos más interesantes del compendio de “Las sogas que nos ahogan” que forman la segunda parte del libro de la coach y estudiosa de la filosofía budista, Mónica Esgueva: CUANDO SEA FELIZ.

El desapego se suele asociar con la indiferencia y a la apatía. A veces yo lo he confundido con una estrategia para no comprometerme, para no sufrir. Pero ciertamente, desapegarse no significa no amar, sino todo lo contrario: amar, sí, pero con independencia y generosidad, sin adicciones afectivas; apreciar sin perseguir las ataduras obsesivas. El apego alude únicamente a la no dependencia de ésta o aquella persona para disfrutar de la dicha.

VIVIR EL PRESENTE

Consiste en disfrutar de lo que se nos presenta en cada instante, sin echarlo de menos después. Regocijarse sin crear dependencia alguna para el propio contento. Es vivir el presente con toda magnitud, con la actitud de poder renunciar a lo que sea necesario, porque contamos con la certeza de que nada de lo material que poseemos ahora es crucial para nuestra felicidad.

Te propongo un ejercicio. Sólo serán unos segundos. En este mismo instante, ¿qué necesitas para ser feliz… ahora? No mañana, ni dentro de cinco minutos, ni cinco años, ¡ahora!

En verdad son sólo nuestras historias las que nos llevan a convencernos de que precisamos algo de lo que no disponemos ya.

INSATISFACCIÓN CONTINUA

Permanecemos atados a nuestras posesiones cuando dependemos de ellas emocionalmente. En el momento en que podamos romper con esos lazos seremos capaces de experimentar un gran sentido de liberación; aunque esta premisa parezca difícil en nuestra cultura consumista y despilfarradora, donde la publicidad insiste en el engaño de hacernos creer que si compramos esto o lo otro, conseguiremos lo que nos hace falta para sentirnos completos.

Cuando se precisa de un sinfín de objetos o de un entorno determinado para sentirse bien, empezamos a convertirnos en esclavos de nuestros propios deseos. Lo material está aquí para facilitarnos la vida y hacerla más placentera, no para subyugarnos.

Pero imagínate que ya lo tienes. ¡Sííííí, por fin, tienes ese coche, ese éxito, esa colonia, esa persona! ¿No sigues teniendo esa molesta sensación de que te falta algo? ¿De necesitar algo más? Como ves, en el caso de que finalmente lograras hacerte con lo ansiado, te darás cuenta de que no te sacia en absoluto. Al principio el esfuerzo que requiere conseguirlo te motiva. Después te preocupadejar-irrás por salvaguardarlo; quizás se rompa, tal vez te lo roben, lo pierdas o se gaste. Y más tarde, te obsesionarás por incrementar lo que ya conseguiste.

Para liberarte del embaucamiento empieza por tomar conciencia: sólo cuando
estés dispuesto a abandonar lo que más aprecias es cuando conocerás realmente lo que posees.

LA ETERNA IMPERMANENCIA

Todo fluye, nada se estanca. Todo cambia, nada permanece. Nuestro sufrimiento procede del apego a las personas y las cosas, de nuestros repetidos intentos por encontrar algo duradero, cuando no hay nada permanente que hallar. Queremos conservar aquello que nos produce placer, lo que nos seduce y lo que nos inspira seguridad. Pero se nos olvida que todo está en constante cambio. Mientras la visión de lo perecedero no crezca en nuestra mente, no podremos desapegarnos de lo superfluo. Puede que esto sea la razón de todas las luchas y conflictos, estamos convencidos de que todo permanecerá como en el presente. Tomar como eterno aquello que es temporal por naturaleza nos crea constantemente fuentes de pesar de las que nos resulta imposible escapar. Sólo comprendiendo la impermanencia y logrando integrarla, será cuando nuestro apego disminuya, permitiéndonos ser capaces de vivir más relajados y ligeros.

 

¿Por qué después de haber conseguido la meta que prometía ser definitiva nos sentimos tan vacíos? ¿Por qué sufrimos tanto en nuestras relaciones? La respuesta es siempre la misma: el apego. Ese capricho nuestro de suponer que lo que nos rodea es eterno, y que aquello que deseamos ardientemente nos otorga ese colofón final que perseguimos con tanta avidez. Es la falta de visión neutra de la realidad la que nos conduce a menudo a precipitarnos en la desilusión.

El quid estriba en no necesitar; pues eso nos permite conquistar la libertad. Si pudiéramos desprendernos de todo lo innecesario, dejaríamos un hueco en la vida para que anide la belleza profunda, y con ello disfrutar de la gracia y la poesía de pisar levente este planeta. Recuerda: lo que posees es mucho menos significativo que tu dependencia de ello.

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