LA AUTOCURACIÓN

Con motivo del vigésimo aniversario de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Valladolid celebrado el pasado viernes, me apetecía recordar uno de los audios más populares de la reina de las autoafirmaciones: Louise Hay.

louise-hay-merecimiento1Durante mucho tiempo fue la banda sonora de fondo de mi vida tras el diagnóstico. Cada noche me colocaba los cascos para familiarizarme con La Autocuración. Alguna vez llegué a escucharlo hasta el final, pero en la mayoría de las ocasiones me dejé vencer por el sueño, dejando que el inconsciente hiciera su trabajo. ¿Y si el perdón es el camino hacia la curación?

El viernes pasado, en una sala repleta de personas, personas en silla de ruedas, personas con muletas, personas que acompañaban a sus familiares, personas que tratan a personas…, un eminente neurólogo del Hospitimagesal Vall D´Hebrón, nada más y
nada menos que el Dr. Xavier Montalbán, lanzaba al aire la siguiente afirmación aprendida en sus años de formación: Los neurólogos deciden el tratamiento de sus pacientes. ¿Cierto? -preguntó a los asistentes. Enseguida, mi negativa se vio mitigada por los asentimientos de la mayoría de la sala. Tras alucinar tanto o más que yo por dicha percepción, el Dr. Montalbán negó con la cabeza. No, los pacientes deciden, junto con el profesional, el tratamiento. Aunque -continuo con el discurso- evidentemente no se le da toda la responsabilidad al paciente.

Me da mucha rabia que nos desempoderen de esta manera creyendo que nos hacen un favor. Primero nos cuentan que sin saber ni cómo ni por qué padecemos una enfermedad autoinmune, degenerativa, crónica e incurable. Que la enfermedad es caprichosa. Que no hay nada que podamos hacer o dejar de hacer, pues el proceso que sigue la enfermedad no depende de nosotros. Que viviremos el resto de nuestros días con una Espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Pero, ¿cómo voy a dejar mi vida en manos de otra persona, por muy neurólogo que sea?

fotonoticia_20151018183229_1280Y eso que yo estoy encantada con la neuróloga que me acompaña en este baile. Primero porque es una experta en enfermedades desmielinizantes pero, y sobre todo, porque respeta mis decisiones. A veces noto que se muerde la lengua y traga, por no decirme que estoy cometiendo el error más grande de mi vida.  Ella me da toda la información y yo decido. Y así es como me responsabilizo de lo mío. RESPONS-HABILIDAD, no es una carga, no es un fastidio, no es una putada, sólo se trata de la habilidad para responder, ¿vas a tirar por tierra una de las pocas libertades que nos quedan, la capacidad de decidir? Ellos son expertos en la enfermedad, pero no hay un experto mayor que yo sobre mi propia vida. Sobre cómo me siento, lo que pienso o si tengo pesadillas por las noches. Nadie sabe sobre eso. Ni sobre el sufrimiento de un una madre. Nadie sabe de eso, ni siquiera yo. Puedo intuirlo pero no lo sé del todo. Ni la desesperanza de un padre, que después de tragarse más de una hora de conferencia, coge impulso para levantarse y gritar que su hijo está postrado en una silla y no hay nada para él (refiriéndose a tratamientos o ayudas) en todo el mundo. Tampoco nadie, salvo él, sabe de lo que habla, de sus circunstancias y de sus miedos. Eso nadie lo sabe.

Que no hay debate, ni dudas, sobre la importancia del neurólogo en una enfermedad como la esclerosis múltiple. Ni el amor y apoyo inestimable de familiares y amigos. Discutir esto, desde mi punto de vista, es un sinsentido. Sólo digo que quizás nos han enseñado a buscar todas las respuestas fuera y muchas veces, somos nosotros mismos quiénes desprestigiamos la sabiduría interna de nuestros cuerpos.

Ser responsable no es que sea ni mejor ni peor. Es que me fortalece…

¿Y si el amor fuera la respuesta para la curación y la salud?

Yo tuve una infancia muy difícil, mis padres se divorciaron cuando yo sólo tenía dieciocho meses. A los cinco años fui violada. Fui una niña maltratada y crecí durante la época de la depresión. Mi madre era una víctima, mi padrastro repetía en su relación conmigo su propia infancia de brutales maltratos.

Crecí con mucho resentimiento, tuve que producir un cáncer en mi cuerpo para disponerme a dejar que ese rencor se marchara. Ciertamente no voy a decir que justifico la conducta de las personas que me maltrataron, pero pasarme la vida poniendo la vieja y gastada película, culpando y albergando la bronca y el rencor, no me va a hacer ningún bien en el momento presente. Descubrí que ese rencor sólo me corroía a mí. Y si que lo hizo. En mi caso el aferrarse al rencor y el culpar constantemente a los que me hicieron daño contribuyó a crear mi enfermedad. El dejar marchar el rencor y el perdonarlos contribuyeron a sanarme.

El pasado ya pasó, no podemos cambiarlo. Lo que si podemos cambiar es nuestra actitud hacia él, así como lo que pensamos de él. Qué insensatez es castigarnos ahora porque alguien nos hizo daño hace tanto tiempo, no vale la pena. A las personas que tienen pautas profundas del rencor suelo decirles: por favor, comienza a disolver el rencor ahora que es relativamente fácil. No esperes a estar bajo la amenaza del bisturí del cirujano, porque entonces además, tendrás que vértelas con el pánico. Es esencial liberarse de las ideas y creencias necias anticuadas o negativas que no nos apoyan ni nos sustentan.

Es importante que liberemos el pasado y estemos, por lo menos, dispuestos a perdonar. El amor es siempre la respuesta para la curación y la salud. Y el camino hacia el amor es el perdón. Para sanarnos es absolutamente necesario que dejemos atrás el pasado y perdonemos a todo el mundo. Es posible que no sepamos cómo perdonar o que no queramos perdonar pero al decir que estamos dispuestos a perdonar comenzamos el proceso de curación. No es necesario saber cómo perdonar, todo lo que necesitamos hacer es estar dispuestos. El universo se encargará de los “comos”.

Perdonar significa ceder, dejar marchar, no tiene nada que ver con justificar comportamientos, sólo se trata de dejar marchar toda esa experiencia y entrar en el momento presente. Entendemos muy bien nuestro sufrimiento pero qué difícil nos resulta a la mayoría de nosotros comprender que aquellas personas también sufrían y que hicieron lo mejor que podían con el entendimiento, conocimiento e información que poseían.

Para sanar es necesario que estemos dispuestos a cambiar nuestra forma de pensar, a perdonar y a aprender a amarnos y a aceptarnos más a nosotros mismos.

Anuncios

2 comentarios en “LA AUTOCURACIÓN

  1. Pingback: LA AUTOCURACIÓN | No usar

  2. Pingback: ANATOMÍA DEL ESPÍRITU | biblioterapeuta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s