ME DOY PERMISO PARA…

Muchas de las enfermedades y angustias que sufrimos en la vida cotidiana tienen una causa realmente simple: estamos sobrecargados.

No nos educaron para saborear la vida y disfrutarla, sino para llevar un pesado fardo psicológico de supuestas obligaciones: “deberías…”, “tendrías…”, “hay que…”, “has de…” Eso nos dijeron y muchas más órdenes. Son demasiadas exigencias que hemos convertido en autoexigencias.

Empieza a permitirte echar lastre por la borda, andar ligero. La vida es breve -¡Y tan breve!- pero es un camino realmente bello.

20131213114243Así da comienzo uno de mis libros favoritos. Uno de los libros de cabecera, un imprescindible, para abrir por cualquier página y aflojar. “Me doy permiso para…” de Joaquín Argente. Estas son solamente algunas reflexiones, las que hoy yo necesitaba reafirmar. Lee atentamente y observa cuáles calan en ti. ¡Que lo disfrutes!

Me doy permiso para

no ver la vida

tal como me dijeron en la infancia:

como carencias. miedos y pecados.

Me doy permiso para

desarrollar mis capacidades creativas.

Me permito empezar a escribir poemas

o relatos, o a pintar, o esculpir, cantar,

descubrir, hacer música:

vivir.

Me doy permiso para

no tener miedo ante lo desconocido:

¿por qué habría de ser malo o difícil

lo que me espera?

Me doy permiso para

no complicarme la vida

innecesariamente.

Me doy permiso para

no estar justificando todo lo que hago,

aunque les parezca extraño

a los demás.

Ahora me permito parar

y hacer o no hacer

muy suavemente lo que me apetezca.

Me doy permiso para

no agotarme

intentando

ser una persona excelente.

Me doy permiso para

equivocarme no una sola vez

sino todas cuantas veces me suceda.

Me doy permiso para

no involucrarme en embrollos

emocionales, amorosos, laborales

o de cualquier otro tipo.

Hay muchas situaciones

y personas que los conllevan

necesariamente: decido no entrar

en sus juegos agotadores.

Y reconozco con tranquilidad

que en algunas de las relaciones

de mi vida,

yo he sido en parte responsable de la

creación de problemas.

Decido no continuar jugando el juego

de víctimas y verdugos.

Me permito no sufrir angustia

esperando una llamada de teléfono,

una palabra amable

o un gesto de consideración.

Soy yo quien me valoro,

me acepto

y me aprecio.

Me doy permiso para

no estar a la espera

para no vivir esperando.

Me doy permiso para

gozar de buena salud,

de plena salud.

Me doy permiso para

disfrutar con el trabajo.

En vez de una maldición bíblica

y del mensaje de tener que

“ganar el pan con el sudor de

la frente”

el trabajo me permite relacionarme

únicamente con el mundo.

¡Soy válido! ¡Soy capaz!

Me doy permiso para

no comprometerme

rígidamente con nadie.

Me reservo espacios

y vivencias para mí solo

o para compartir

con quien yo decida.

Me doy permiso para

la espontaneidad y la autenticidad.

Me doy permiso para ser frío y distante

con todas las personas que yo decida.

La ternura, la calidez y la proximidad

me las reservo para quien yo quiera.

Me doy permiso para

no intentar controlarlo todo.

Me doy permiso para

relativizar la mayor parte

de las cosas de la vida

y poner humor en mi existencia:

¡fuera miedos innecesarios!

Me doy permiso para

aceptarme plenamente

con lo que parecen contradicciones.

Me doy permiso para

no estar al día

en muchas cuestiones de la vida:

no necesito tanta información.

Me doy permiso

con mi pareja, espacialmente,

y con las personas

de mi familia más próximas,

para no sentirme responsable

de sus estados emocionales

ni dejarme zarandear

interiormente

por sus inestabilidades.

Me doy permiso para

crecer y continuar mi proceso

de desarrollo personal

sin que sea a costa del sufrimiento.

Me permito

no dejar entrar en mi mundo

a las personas que problematizan

las situaciones

para que los demás

les prestemos atención.

Me doy permiso no sólo para

perdonar a otras personas

sino también -y especialmente-

para sentir que soy perdonado

y para perdonarme yo mismo

mis equivocaciones.

Me doy el permiso

más importante de todos:

el de ser auténtico.

¿Por qué hay personas que envejecen mucho más lentamente que otras?

Tal vez no arrastren cargas inservibles.

Tal vez hayan sabido elegir y disfruten de una vida más ágil.

Tal vez sean más creativos.

Tal vez hayan leído este libro…

Y tú, ¿te das permiso para…?

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13 comentarios en “ME DOY PERMISO PARA…

  1. En esta etapa de mi madurez mental y física me di él permiso para realizar un alto y analizar mi vida, renuncie a mi empleo porqué me llenaba de stress, tengo un año disfrutando de instantes maravillosos, me liberé de apegos, cerre ciclos y me di el tiempo para ser feliz con los pequeños detalles y agradecer al Universo por mi estadía en este grandioso planeta llamado Tierra.

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