LOS CUATRO ACUERDOS. EL PODER EXTRAORDINARIO DE LAS PALABRAS

El modo de expresarnos y las palabras que a menudo utilizamos son trampas mentales en las que caemos sin ser conscientes. Mediante las palabras expresamos nuestro poder creativo, lo revelamos todo. Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras. Con ellas construimos la realidad, la nuestra y la de los que nos rodean. Puede, incluso, que su poder vaya mucho más allá de lo que imaginamos.”En el principio fue el Verbo…”

Cuando le dije a Fran que aunque quieras no cometer los mismos errores que tus padres, la educación recibida se lleva tan tatuada a fuego, que la propia inercia te lleva a hacer lo que te juraste que no harías…, interrumpió mi discurso para preguntarme: ¿Estás hablando de ti? Así tomé conciencia del hábito de hablar en segunda persona, cuando lo más responsable sería decir que “aunque quiera no cometer…”.

Ahora que no hago más que decirle a Darío que cambie la palabra culpa por responsable, y al mundo entero que cada uno se haga cargo de sus emociones (empezando por mi misma) y que utilicemos más aquello de… cómo se llamaba… los “mensajes yo”.

Raúl, que con su acento mejicano, hablaba del poder tan extraordinario de las palabras. O Carlos, que apostillaba que tolerante no es lo mismo que respetuoso. Porque tolerante implica un esfuerzo que el respetuoso no tiene que hacer, simplemente porque acepta la realidad tal y como es. Fue así como me vino a la memoria el primero de los cuatro acuerdos de Miguel Ruiz: Sé impecable con tus palabras.

SÉ IMPECABLE CON TUS PALABRAS

los-cuatro-acuerdos-origEste Primer Acuerdo -dice Miguel Ruiz- es el más importante y también el más difícil (la palabra difícil ya me predispone a sudar sin haber hecho nada) de cumplir. Parece muy simple, pero es sumamente poderoso. ¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes para crear. La palabra “impecabilidad” significa “sin pecado”. Un pecado es cualquier cosa que haces y que va contra ti. Vas contra ti cuando te juzgas y te culpas por cualquier cosa. El mayor pecado que cometes es rechazarte a ti mismo.

Todos hablamos constantemente con nosotros mismos. Si eres un poco consciente, te darás cuenta de que ahora mismo lo estás haciendo. Es tu diálogo interno. Te invito a que durante todo el día de hoy escuches ese discurso interior contigo mismo. ¡Te sorprenderás! La mayor parte del tiempo decimos cosas como: “Estoy gord@. Soy fe@. Qué mierda. Siempre igual. Qué tont@. Soy un desastre…”

Las palabras son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, una espada de doble filo que puede crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras cuando las usamos para maldecir, para culpar, para reprochar, para destruir. Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los otros y nos mantenemos mutuamente en un estado de miedo y duda. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza, pero que, por lo que parece, no lo utilizamos tan a menudo.

¿Qué tipo de palabras utilizas más habitualmente? Palabras de alta vibración como amor,Palabraabundancia, oportunidad, compasión, conciencia, creativo, alegre, claro, perdón, libertad, gracias, curación, afortunado… o palabras de baja vibración: miedo, carencia, crisis, insensible, apatía, difícil, oscuro, malo, enfermedad, inconsciente…

Si has detectado que usas más palabras del segundo grupo, hazte el favor de cambiarlas por palabras nutritivas, tonificantes y pensamientos de alta vibración. Puede que te estés preguntando ¿Sólo por cambiar mi vocabulario va a cambiar mi vida? Los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo. No lo digo yo, lo dijo el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein. Y para mí, que tenía mucha razón.

LA MAGIA DE LAS PALABRAS

Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas. Son pura magia, y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.

Un Sultán soñó que había perdido todos sus dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

-“¡Qué desgracia, Mi Señor!”, dijo el sabio. “Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.”

-“¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Castigadle!”, gritó el Sultán enfurecido.

Más tarde, el sultán consultó a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

-“¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes.”

El semblante del Sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que dieran cien monedas de oro al sabio.

Una palabra es como un hechizo, y los humanos utilizamos las palabras como magos de magia negra, hechizándonos los unos a los otros imprudentemente. Todo ser humano es un mago, y por medio de las palabras, puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo. Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones. Nuestros padres, hermanos y figuras de referencia expresaban sus opiniones sobre nosotros sin pensar. Nosotros nos creíamos lo que nos decían y vivíamos con el miedo que nos provocaban sus opiniones.

Cuando somos pequeños no tenemos las herramientas para gestionar las emociones que los comentarios de otros provocan en nosotros. Ni hemos tomado conciencia de que, en realidad, nadie puede dañarnos. Así es que siempre que escuchamos una opinión y la creemos, llegamos a un acuerdo que pasa a formar parte de nuestro sistema de creencias. Este es el mecanismo por el cual se forman los introyectos: creencias que tragamos sin digerir, y como si fuesen la verdad verdadera, las utilizamos como dogmas para que dirijan nuestra vida. ¿Cuántas veces hacemos lo mismo con nuestros propios hijos? Los hechizos de este tipo son difíciles de romper por su característica inconsciente. La única manera de deshacer un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo que se base en la verdad. Y para eso, primero hay que ser consciente de este tipo de creencias inconscientes y atrevernos a cuestionarlas para después, el más difícil todavía, romper con aquellas que nos limitan y nos dañan. Se sabe que cualquier creencia, sin excepción, puede cambiarse modificando las palabras que lo expresan. ¡Empieza por aquí!

LO QUE TE DIGO, ME LO DIGO. LO QUE NO RECIBO, TE PERTENECE.

Estos son los peores, los magos negros que extienden sus hechizos de magia negrapalbras-pistola2 intencionadamente. ¿Recuerdas aquella ocasión en la que tú mismo estabas furioso con otra persona y deseabas dañarla? Para hacerlo, le dijiste algo con la intención de esparcir el veneno y conseguir que se sintiera mal consigo misma. A medida que vamos creciendo, nuestros esfuerzos por desprestigiar a la gente son mucho más calculados. Entonces, nos mentimos a nosotros mismos y nos decimos que la persona en cuestión recibió un justo castigo por su maldad. ¡Resulta tan fácil justificar incluso el comportamiento más cruel!

Lo que muchas veces no entendemos es que cuando te veo en la calle y te llamo estúpido, puede parecer que utilizo esa palabra contra ti, pero en realidad la utilizo contra mí misma, porque tú me odiarás por ello y tu odio no será bueno para mí. Por lo tanto, si me enfurezco y con mis palabras te envío todo mi veneno emocional, las estoy utilizando en mi contra. Sin olvidar que nadie puede hacerte daño, al no ser que tú le des ese poder:

Cerca de Tokio viví­a un gran samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corrí­a la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí­. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.

El joven e impaciente guerrero jamás habí­a perdido una lucha. Conociendo la reputación del samurai, estaba allí­ para derrotarlo y aumentar así­ su fama.
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafí­o.

Fueron todos hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados.. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
– ¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿ Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podí­a perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?
– Si alguien se acerca a tí­ con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quien pertenece el regalo? preguntó el samurai.
– A quien intentó entregarlo – respondió uno de los discí­pulos.
– Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos – dijo el maestro. – Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

El regalo de los insultos, así se titula este relato, enlaza con el segundo acuerdo ¿recuerdas? “No te tomes nada personalmente”

No somos conscientes de que el mal uso de nuestras palabras. Es necesario que empecemos a comprender lo que son las palabras y lo que hacen. Si entiendes el Primer Acuerdo (Sé impecable con tus palabras), verás cuántos cambios ocurren en tu vida. En primer lugar, cambios en tu manera de tratarte y en tu forma de tratar a otras personas, especialmente aquellas a las que más quieres. Además, te proporcionará inmunidad frente a cualquier persona que te lance un hechizo.

Puedes medir la impecabilidad de tus palabras a partir de tu nivel de autoestima. La cantidad de amor que sientes por ti es directamente proporcional a la calidad e integridad de tus palabras. Cuando eres impecable con tus palabras, te sientes bien, eres feliz y estás en paz.

Ahora mismo estoy plantando una semilla en tu mente. Quizás crezca, o no; dependerá de lo fértil que sea tu mente para recibir las semillas del amor. Tú decides si llegas o no a establecer este acuerdo contigo mismo: Soy impecable con mis palabras.

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2 comentarios en “LOS CUATRO ACUERDOS. EL PODER EXTRAORDINARIO DE LAS PALABRAS

  1. Pingback: TÚ ERES “EL CREADOR” (SANERGÍA) | biblioterapeuta

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