LOS ENGAÑOS DE LA MENTE

Todo lo que experimentas es una simulación. Toda tu vida, cada objeto observado, cada persona conocida y cada experiencia vivida, son sólo fruto de tu imaginación. Todos y cada uno de tus pensamientos y sentimientos son el resultado de un procesamiento que tiene lugar en el cerebro, y no necesariamente el producto de un suceso en el mundo real. El hecho de que la consciencia ofrezca una transcripción sólida, resistente y abundante en detalles de la realidad es una de las ilusiones que tu cerebro crea por sí mismo. Piénsalo bien. La misma maquinaria neuronal que interpreta la entrada de información sensorial real es también la responsable de tus sueños, de tus falsas ilusiones y tus fallos de memoria. Lo real y lo imaginado comparten la misma fuente física en el cerebro. Ya se sabe desde hace tiempo que el cerebro no distingue entre realidad y ficción.

9788423346356Tu cerebro te engaña de múltiples maneras. Lo difícil es que no te engañe, porque lo que percibes de la realidad raras veces encaja con el mundo que está ahí fuera. Tu percepción es parcialmente subjetiva, así que olvídate de percibir la realidad tal como es. Esto se debe a que el cerebro tiene recursos neurales limitados. Y eso que el cerebro es la estructura más compleja jamás descubierta en el universo, compuesta por 100 billones de neuronas. Aun así, fíjate, cualquier cámara de móvil tiene mayor resolución que el ojo humano. Sin embargo, por otro lado, tu visión es mucho más nítida y detallada que la de la mejor cámara del mercado. Eso se debe a que no te basas sólo en la información que registras. El cerebro está muestreando puntos de información crítica de la escena que te rodea, seguramente los que tienen mayor contenido de información. Y eso significa que está dejando de ver otros (punto ciego). Bien porque simplifica para no realizar un trabajo duro, u omite lo que no considera necesario. Sea como fuere, quedan muchos huecos que tu cerebro rellena mediante un proceso activo de construcción de tu percepción visual que se corresponde bastante bien con la realidad, pero no perfectamente. En este caso hablamos de ilusiones. El cerebro hace uso de una serie de atajos y de estrategias neurales para llegar a compensar toda una serie de huecos que no llegamos a percibir de la realidad. En pocas palabras: la riqueza de tu experiencia visual es una ilusión creada por los procesos de “relleno” de tu cerebro, para dar sentido y significado a la realidad.

Ver algo que no existe:

ROTSNAKE

Las “serpientes” parecen dar vueltas pero, en realidad, nada se mueve salvo tus ojos. Si concentras la mirada en uno solo de los puntos negros que hay en el centro de cada “serpiente”, el movimiento se reducirá o incluso se detendrá. Esto confirma el hecho de que el efecto ilusorio suele ser mucho más intenso si movemos los ojos alrededor de la imagen. ¿Sabías que nuestros ojos se mueven constantemente, aunque intentemos fijarlos en un punto? Si pudiéramos parar de moverlos estaríamos ciegos para objetos inmóviles como les pasa a las ranas. Sólo pueden ver la mosca cuando se mueve.

Para que puedas experimentar este proceso de relleno sólo tienes que extender los brazos, juntar los pulgares y extender los índices hacia arriba. Cierra el ojo izquierdo, mira la uña del dedo izquierdo prestando atención al dedo derecho. ¿Te das cuenta? Al hacer esto, el extremo del dedo derecho desaparece, pero podemos ver lo que hay detrás. En este punto ciego no hay información, pero no ves un agujero negro, sino que el cerebro toma la información circundante y rellena ese punto ciego y por eso puedes ver lo que hay detrás.

Siento decirte que tus recuerdos también son ilusiones e incluso la idea que tienes de ti mismo es otra ilusión. Sí, las memorias autobiográficas pueden ser muy diferentes de la realidad, y por tanto hay fallos por omisión o falsas memorias. Hoy sabemos que cada vez que recuerdas algo extraes esa memoria de su almacén, la haces consciente y la vuelves a guardar. Que sepas que cada vez que recuerdas cambias esa memoria. No es igual la que extraes que la que almacenas de nuevo. Cuanto más se accede a un recuerdo más se cambia. Tu recuerdo no es un esbozo parcial del pasado, sino un esbozo de un esbozo de un esbozo de un esbozo de un esbozo… Por ejemplo, ¿recuerdas que hacías la tarde del 23 de 1981? Si eres lo suficientemente joven como para acordarte o, incluso, haber nacido, haz la prueba preguntando a otros. Lo que sucedió es que doscientos miembros de la Guardia Civil a las órdenes del teniente coronel Antonio Tejero irrumpieron en el Congreso de los Diputados durante el proceso de elección del nuevo presidente del gobierno, y durante dieciocho horas retuvieron a punta de pistola al gobierno elegido democráticamente. La intentona golpista finalizó al día siguiente, pero si le preguntamos a cualquier español mayor de treinta y cinco años qué estaba haciendo en ese momento, nos contarán hasta los detalles más nimios de ese día. Lo sucedido durante esa tarde y la larga noche posterior ha quedado grabado para siempre en su memoria. ¿Seguro? Al parecer, mucha gente recuerda haber visto el comienzo del golpe en directo en la televisión, tal como sucedió. Pero no es verdad. Aunque el golpe pudo transmitirse en directo por la radio, las imágenes grabadas no se emitieron en televisión hasta el día siguiente, bastante después de que la intentona fracasara y los rehenes fueran liberados. Las ilusiones de la memoria son fruto de nuestra necesidad de darle sentido al mundo. Si ves varias naranjas en el suelo y a continuación te muestran la imagen de una posible causa —como, por ejemplo, a alguien tratando de coger una de la base de una gran pirámide de naranjas—, lo más probable es que acabes recordando haber visto a esa persona cogiendo la naranja, cuando en realidad no ha sido así. Te imaginas el suceso y lo complementas con los detalles necesarios. Es por ello que podemos recordar eventos de manera diferente del modo en que ocurrieron, y más increíble todavía, podemos recordar sucesos que nunca tuvieron lugar.

No ver algo que existe.

Determinar gracias a la atención qué hay de interesante en lo que vemos resulta decisivo para decidir dónde seguir mirando. Creemos que somos conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor, pero por lo general desechamos el 95 por ciento de lo que ocurre.

Ceguera al cambio.

 Todo el mundo piensa que en su lugar si se daría cuenta pero, la realidad es que no. La información cercana en el tiempo la consideramos fija. Si somos incapaces de darnos cuenta de que dos personas tan diferentes se han intercambiado, entonces se nos puede engañar en casi cualquier cosa. Los estudios realizados sobre la ceguera al cambio demuestran que no advertiremos los cambios radicales de una escena visual si se producen en el transcurso de una breve interrupción, por ejemplo en las escenas de película. La ceguera al cambio también es habitual en los cortes o las secuencias de las películas, como el vaso de vino que está vacío en una escena y aparece lleno en la siguiente. Lo más probable es que no nos demos cuenta.

Ceguera por desatención (atención selectiva)

¿Por qué? ¿Cómo es posible que no veamos a un simio enorme en medio de un partido de baloncesto entre adolescentes? La explicación está en que nos concentramos tanto en contar el número de pases que el gorila no basta para que fijemos nuestra atención en otra cosa que no sea el balón. Miramos la bestia peluda y sin embargo no la vemos. El estudio señala que la percepción visual es algo más que un puñado de fotones entrando en los ojos y activando el cerebro. Para ver algo de verdad, hay que prestarle atención. En la vida cotidiana, esto significa que, incluso cuando tratamos de concentrarnos en lograr un objetivo de importancia, de vez en cuando tendremos que levantar la vista y mirar a nuestro alrededor o nos arriesgaremos a perdernos algún detalle importante.

Ya, ya sé… seguramente estarás pensando que tus recuerdos son tal y como los recuerdas, sin discusión alguna. No quiero decepcionarte pero sólo tienes que preguntar a cualquier persona que vivió ese suceso junto a ti. Fácilmente él/ella tendrá otros recuerdos diferentes. Todos nos resistimos a que nos extirpen los recuerdos, ¿sabes por qué? porque son el asidero de nuestra identidad. Esto tiene cierta relevancia, porque todos tenemos experiencias que nos definen. ¿No se supone que soy la persona que soy actualmente por los hechos que ocurrieron en mi pasado? Si precisamente esas experiencias son las que más tiendo a recordar, y por tanto, son las que más cambios sufren. ¿Quién soy? Hay también una ilusión mantenida por el hecho de que conservamos las memorias. Recuerdo cómo era a los 15, 10 ó 4 años, y pienso en qué medida sigo siendo la misma persona. Y no sé si queda algo. Lo que queda es la memoria. Igual esa identidad como tal se ha perdido, pero no la añoramos ni sentimos su pérdida porque existe esa conexión a través de la memoria autobiográfica. Pero el resto puede ser una ilusión. ¿Puede ser que continuamente estemos perdiendo identidades y generando otras?

Ver algo muy diferente a lo que existe.

El cerebro percibe en términos relativos, comparándolos. A nuestro cerebro le gustan los contrastes y cambia colores y tonalidades para diferenciarlos mejor del fondo. Tu cerebro interpreta que el cuadro B debe de ser blanco. La realidad es que A y B son exactamente iguales.

No podemos conseguir que el cerebro no nos engañe, las ilusiones, la discrepancia entre percepción y realidad, es parte de nuestra arquitectura neural y, de hecho no podríamos entender nuestros procesos cognitivos sin el concepto de la ilusión. Estas ilusiones no son algo que debamos superar, no son errores de la mente; son útiles y adaptativas puesto que han evolucionado con nosotros. Estas discrepancias perceptuales nos hacen más rápidos, más eficientes y mejoran nuestra concentración. Necesitaríamos un cerebro del tamaño de un edificio si tuviéramos que representar la realidad tal cual es.

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