EL ARTE DE AMAR

¿Es el amor un arte? ¿O una sensación placentera cuya experiencia es una cuestión de azar? Este libro trata de la primera premisa y, en tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo.

Vemos películas de amor, escuchamos canciones que hablan de amor y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor. Quizás porque para la mayoría, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en la propia capacidad de amar; o porque tenemos la idea de que amar es sencillo y lo difícil es encontrar el objeto apropiado para amar; o tal vez, vete a saber, por la confusión entre la experiencia inicial de enamorarse y la situación permanente de estar enamorado. Prácticamente no existe ninguna otra actividad que se inicie con tan tremendas esperanzas y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor.

Si deseas aprender a amar el primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, y proceder como lo haríamos con cualquier otro arte, pero, ¿cuáles son los pasos necesarios a seguir?

el-arte-de-amarEl proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte.

Cualquier teoría del amor debe comenzar con una teoría del hombre, de la existencia humana. El hombre está dotado de razón, tiene conciencia de sí mismo, de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades de su futuro. Esa conciencia de sí mismo como una entidad separada hace de su existencia una insoportable prisión. La vivencia de la separatidad provoca angustia; es, por cierto, la fuente de toda angustia. Por ello, la necesidad más profunda del hombre es entonces, la necesidad de superar la separatidad, de abandonar la prisión de su soledad.

Una forma de alcanzar tal objetivo consiste en diversas clases de estados orgiásticos. Estados transitorios de exaltación, donde el mundo exterior desaparece, y con él el sentimiento de separatidad: drogas, orgasmo sexual… Todas las formas de unión orgiástica tienen tres características: son intensas, incluso violentas; ocurren en la personalidad total, mente y cuerpo; son transitorias y periódicas.

Todo lo contrario a la unión basada en la conformidad con el grupo. Se trata de una unión en la que el ser individual desaparece en gran medida, y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño (si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, al patrón del grupo, estoy salvado; salvado de la terrible experiencia de la soledad). ¿Tienes conciencia de tu necesidad de conformismo? ¿O vives con la ilusión de que eres un individualista, que has llegado a determinadas conclusiones como resultado de tus propios pensamientos- y que simplemente sucede que tus ideas son iguales a las de la mayoría? Además de la conformidad como forma de aliviar la angustia que surge de la separatidad debemos considerar el papel de la rutina en el trabajo y en el placer. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un individuo único?

Una tercera manera de lograr la unión reside en la actividad creadora, sea la del artista o la del artesano. La persona que crea se une con su material, que representa el mundo exterior a él. De cualquier forma, todas estas estrategias son sólo meras respuestas parciales al problema de la existencia. La solución plena está en el logro de la unión interpersonal, la fusión con otra persona, en el amor. El deseo de fusión interpersonal es el impulso más poderoso que existe en el hombre. Sin amor, la humanidad no podría existir ni un día más. Lo importante es ¿a qué clase de unión nos referimos cuando hablamos de amor? ¿Amor como solución madura al problema de la existencia, o nos referimos a esas formas inmaduras de amar (unión simbiótica)?

La unión simbiótica tiene su patrón biológico en la relación entre la madre embarazada y el feto. Son dos, y sin embargo, uno solo. La persona pasiva de la unión no tiene que tomar decisiones, ni correr riesgos; mientras que la persona dominante quiere escapar de su soledad y de su sensación de estar aprisionada haciendo de otro individuo una parte de sí misma.

Hay muchas formas individualizadas de la patología del amor, que ocasionan sufrimientos conscientes y que se consideran neuróticas: La condición básica del amor neurótico radica en el hecho de que uno o los dos be77d9cbccf761ba285d4592a92be210amantes han permanecido ligados a la figura del progenitor y transfieren los sentimientos, expectaciones y temores que una vez tuvieron frente al padre o la medre, a la persona amada en la vida adulta. Desde el punto de vista afectivo, la persona sigue siendo una criatura de dos, cinco o doce años, mientras que, intelectual y socialmente, está al nivel de su edad cronológica. Otras formas frecuentes de amor irracional son formas de pseudoamor. Uno de ellos, que no es raro y suele experimentarse como “el gran amor”, es el amor idolátrico, donde la persona se pierde a sí misma en la persona amada, en lugar de encontrarse. Otro es el amor sentimental, su esencia consiste en que el amor sólo se experimenta en la fantasía y no en el aquí y el ahora de la relación con otra persona real. ¿Cuántas parejas comprometidas o recién casadas sueñan con una dicha amorosa que se hará realidad en el futuro, pese a que en el momento en que viven han comenzado ya a aburrirse mutuamente? Otra forma de amor neurótico consiste en el uso de mecanismos proyectivos a fin de evadirse de los problemas propios y concentrarse, en cambio, en los defectos y flaquezas de la persona amada o la de proyectar los propios problemas en los niños (por ejemplo, cuando una persona siente que no ha podido dar sentido a su propia vida, trata de dárselo en función de la vida de sus hijos). Otro error muy frecuente es la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.

En contraste con la unión simbiótica, el amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad. El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un estar continuado, no un súbito arranque. En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad. Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas de amor: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

-Que el amor implica CUIDADO es especialmente evidente en el amor de una madre por su hijo. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos.

-El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: el de la RESPONSABILIDAD. Hoy en día suele usarse ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. Ser responsable significa estar listo y dispuesto a responder.

-La responsabilidad puede degenerar en dominación si no fuera por el RESPETO. Respeto no significa temor; denota la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia.

-Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no guiara el CONOCIMIENTO. La única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar: ese acto transciende el pensamiento, transciende las palabras. Es una zambullida temeraria en la experiencia de la unión. Sin embargo, el conocimiento psicológico, es una condición necesaria para el pleno conocimiento en el acto de amar.

Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes.  Constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura.

El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias. Experimentado en esa forma, el amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.

Sólo hay una prueba de la presencia de amor: la hondura de la relación y la vitalidad y la fuerza de cada una de las personas implicadas; es por tales frutos por los que se reconoce al amor. Pero ¿acaso puede aprenderse algo acerca de la práctica de un arte, excepto practicándolo?

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2 comentarios en “EL ARTE DE AMAR

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