EL ELEMENTO

Los niños tienen una confianza asombrosa en su imaginación. La mayoría perdemos la confianza a medida que crecemos, pero pregunta a los niños de una clase de primaria quiénes consideran que tienen imaginación y todos levantarán la mano. Pregunta lo mismo a una clase de universitarios y verás que la mayoría no lo hace. Hay demasiada gente que nunca conecta con sus verdaderos talentos naturales y, por tanto, no es consciente de lo que en realidad es capaz de hacer. En este sentido, no saben quiénes son en el fondo.

El elemento es el lugar donde convergen las cosas que nos gustan hacer y las cosas que se nos dan especialmente bien. Es imprescindible que cada uno de nosotros encuentre su propio elemento, no sólo porque nos sentimos más realizados, sino porque, a medida que el mundo evoluciona, el futuro de nuestras comunidades e instituciones dependerá de ello. Necesitamos abrazar el elemento.

507076g0El objetivo de escribir El elemento -dice Ken Robinson- es ofrecer una visión amplia de la habilidad y creatividad humanas y de los beneficios que supone conectar correctamente con nuestros talentos e inclinaciones individuales.

Necesitamos propagar una nueva apreciación de la importancia de cultivar el talento y comprender que este se expresa de forma diferente en cada individuo. Tenemos que crear marcos en los que cada persona se sienta inspirada para crecer creativamente. Necesitamos asegurarnos de que todas las personas tienen la oportunidad de hacer lo necesario para descubrir el elemento por sí mismas y a su modo. Para sacar el mejor partido de nosotros mismos y, cada uno, de los demás, tenemos que abrazar con urgencia una concepción más rica de las capacidades humanas.

El elemento es una manera diferente de delimitar nuestro potencial. Se manifiesta de distinta forma en cada persona, pero los componentes del elemento son universales. Estar en nuestro elemento depende de que descubramos cuáles son nuestras habilidades y pasiones personales. ¿Por qué la mayoría de las personas no lo han hecho? Una de las razones más importantes  es que la mayoría de la gente tiene una percepción muy limitada de sus propias capacidades naturales: No conoce sus capacidades, no comprenden cómo nuestras capacidades se relacionan entre sí de forma integral, ni su permanente potencial para renovarse.

Muchas personas no descubrieron lo que podían llegar a hacer hasta que dejaron el colegio y superaron la educación que habían recibido. Son demasiados los que tienen la sensación de que las escuelas no valoran las cosas en los que son buenos, y demasiados los que creen que no son buenos para nada. (Y no creo que sea culpa de los profesores). La mayoría de nosotros, si volvemos la vista atrás, podemos decir que determinado profesor nos motivó y cambió nuestra vida.

El sistema educativo destaca tres características: la obsesión por ciertas habilidades (en especial las palabras y los números, sin tener en cuenta que la inteligencia es mucho más que estas aptitudes), la jerarquía de las materias (matemáticas, ciencias y letras en lo más alto, y el arte en la parte inferior) y la dependencia de determinados tipos de evaluación (en todas partes se somete a los niños a una presión enorme para que cumplan los niveles cada vez más altos de una reducida serie de pruebas estandarizadas).

¿Por qué son así los sistemas escolares? La mayoría se diseñaron relativamente hace poco y respondiendo a los intereses económicos de aquellos tiempos marcados por la revolución industrial. La consecuencia  es que en todas partes los sistemas escolares nos inculcan una visión muy reduccionista de lo que es la inteligencia y la capacidad personal, y sobrevaloran determinadas clases de talentos y habilidades. Todos los niños empiezan el colegio con un imaginación brillante, una mente fértil y una buena disposición a correr el riesgo de expresar lo que piensan. Pero nuestros sistemas educativos valoran mucho conocer la respuesta a una pregunta. Si no les permitimos que estén preparados para que se equivoquen, nunca se les ocurrirá nada original.

Los niños que comiencen este año el colegio se jubilarán en 2078. Nadie tiene ni idea de cómo será el mundo dentro de diez años, y mucho menos en el 2078. Hay dos impulsores principales del cambio: la tecnología y la demografía. La tecnología en especial la tecnología digital, está progresando a tal ritmo que la mayoría de las personas no alcanzan a comprenderla. Añade a esto el impacto del crecimiento demográfico. La población mundial se ha multiplicado por dos en los últimos treinta años. Estas personas utilizarán tecnologías que todavía tiene  que inventarse, de maneras que no podemos llegar a imaginar y en trabajos que aún no existen. No podemos saber cómo será el futuro. El único modo de prepararse para él es sacar el máximo provecho de nosotros mismos.

Muchas personas no siguieron sus inclinaciones sólo por la promesa de tener una nómina sino porque no podían imaginarse haciendo otra cosa. Si mañana el mundo se volviera del revés, descubriría la forma de utilizar sus habilidades para acomodarse a estos cambios.  ¿Qué harán nuestros hijos si continuamos preparándolos para la vida siguiendo los modelos antiguos de educación? Ya que lo único que sabemos del futuro es que será diferente, sería inteligente por nuestra parte que afrontáramos esos desafíos pensando de manera muy diferente acerca de los recursos humanos y cómo desarrollarlos.

feng-shui-elemento-aguaEl elemento es el punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales. ¿Cómo encontraremos el elemento dentro de nosotros mismos y en los demás? No existe una fórmula rígida pero hay aspectos del elemento que proporcionan un marco para reflexionar y saber qué buscar y qué hacer. El elemento tiene dos características principales: capacidad (facilidad natural para hacer una cosa) y vocación (apasionarte con lo que haces), y dos condiciones para estar en él: actitud (perspectiva personal que tenemos de nosotros mismos y de nuestras circunstancias; es un punto de vista emocional) y oportunidad de relacionarte con otras personas que compartan las mismas aficiones y tengan el sentido común de comprometerse. Para la mayoría de la gente, conectar con otras personas que compartan la misma pasión y el mismo deseo de sacar el máximo partido de sí mismos es parte fundamental de encontrarse en su elemento. Ser bueno en algo y que te apasione es imprescindible para encontrar el elemento. Pero no es suficiente. Llegar allí depende fundamentalmente de la opinión que tengamos de nosotros mismos y de nuestra vida. El elemento también es una cuestión de actitud. Y una forma de abrirnos a nuevas oportunidades es hacer esfuerzos deliberados por mirar de un modo distinto las situaciones ordinarias.

Las barreras para encontrar el elemento son tres círculos concéntricos: personales, sociales y culturales. La gente puede tener razones muy complejas para intentar cortar las alas de los demás. Tal vez el hecho de que escojas un camino diferente no se adecue a sus  intereses, o les complique la vida y crean que no se lo pueden permitir. La decisión de ir sobre seguro, de seguir el camino más fácil, puede parecer irresistible, en particular si se tienen dudas y miedo a las alternativas.

Los mayores obstáculos para alcanzar el éxito puede ser la desconfianza en uno mismo y la desaprobación de otras personas. La fuerte determinación de llegar a ser uno mismo tiene un poder indomable. Es más fácil sobreponerse a las opiniones de los demás que vencer la opinión que tenemos sobre nosotros mismos. No se trata de no dejar que nada se interponga en tu camino pues nuestra familia, amigos, cultura, son importantes para nuestra realización personal, y tenemos ciertas responsabilidades con todos ellos. El verdadero mensaje es que cuando buscas el elemento tienes buenas probabilidades de enfrentarte a uno a más de los tres niveles de restricción: personal, social y cultural. La pregunta es ¿qué precio estás dispuesto a pagar?

¿Cómo sabes que has encontrado tu elemento?

– Sensación de libertad y autenticidad.

– Eres en realidad quién crees ser: te sentirás tú mismo.

– El tiempo se siente de forma diferente: tiende a parecer más rápido y más fluido.

– Las ideas aparecen más rápidamente, como si estuvieses conectado con una fuente que hace que sea más fácil lograr tu cometido.

– No te quita energía: te la da. Te sentirás más vivo, más centrado y lleno de vida

– Cambios fisiológicos en el cuerpo: el cerebro libera endorfinas y el cuerpo adrenalina. Ondas alfa, cambios en el metabolismo, en el ritmo de tu respiración o los latidos del corazón.

-Te abres más a la energía de otras personas, al conectar con tu propia energía.

– Cuando estás inspirado, tu trabajo puede inspirar a los demás.

Quizás te estés preguntando ¿Es demasiado tarde para que yo encuentre el elemento? La respuesta es simple: no, claro que no. Todo se reduce a tu capacidad de continuar desarrollando tu creatividad y tu inteligencia a medida que entras en nuevas etapas de la vida. Pueden pasar cosas extraordinarias que mejoren tu vida cuando dedicas tiempo a salir de tu rutina, a reconsiderar tu trayectoria y a recuperar las pasiones que dejaste atrás.

Si pudieras hacer lo que quisieras, si no tuvieras que preocuparte por ganarte la vida o por lo que piensen los demás de ti, ¿qué te gustaría estar haciendo?

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3 comentarios en “EL ELEMENTO

  1. Pingback: EL ELEMENTO — biblioterapeuta | Paula García Pérez (Coach y Terapeuta Holística- Integral)

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