TÚ TAN A LO TUYO Y YO TAN SOLA

El amor no es una mierda. Lo que me hace sentir como una mierda es no ver cumplidas mis expectativas. Las expectativas son las fantasías que genero con respecto al futuro. Pero no en plan de contemplar diferentes opciones, sino que tiene más que ver con el deseo de que la realidad futura sea como yo quiero; pues lo que te digo, acorde a mis deseos.

Para que sea realmente una expectativa y no solamente un deseo infundado, tiene que estar avalado. Porque para que exista una frustración posterior, he tenido que creerme antes mi propia fantasía; y eso necesita de argumentos. Quizás un par de experiencias que derivaron en un mismo resultado y terminé por generalizar o, simplemente, un puñado de creencias, que sin el más mínimo cuestionamiento, adquirí porque me interesaba, porque sostenían de alguna manera mi expectativa. Dos errores de pensamiento y lógica, respectivamente.

2d8c2c683adc727ab9bc6b25592fdefaCuando se trata de personas, generalizar es un riesgo que sale muy caro; un riesgo imposible pues existen tantas excepciones como personas, y dentro de cada una de las personas, millones de circunstancias y ante tales circunstancias, distintas emociones que dan como resultado infinitas reacciones. Esa es la norma. Como tampoco sirven esas explicaciones viciosas que mordiéndose unas a otras acaban en círculos. Lógicas que se resquebrajan y que sigo parcheando para mantenerlas en pie. Sin querer entender que poner más peso en una edificación que, de base ya no se sostiene, está avocada al desastre. Y es en ese momento en el que cambio de perspectiva y apunto hacia fuera, que siempre es más sencillo y no me cuesta nada porque ya vengo con la inercia: ¡Tú eres quien tiene la culpa de que yo me sienta así!

Así, cada piedra que se precipita al vacio es un proyecto de misil directo a ti. Un arma arrojadiza envuelta en introyectos. Un golpe con argumento, para que te enteres, para que luego no preguntes que a qué viene esto.

¡Si me quisieras! ¡Ay, si tú me quisieras! ¡Si me quisieras ya sabrías, a estas alturas, qué me molesta y que no, que habrías debido de decir y que sería mejor haber callado, sabrías qué necesito exactamente y el momento oportuno para proporcionármelo! ¡Ay, con lo que yo he hecho por ti… y así me lo pagas! ¡Qué poquito me quieres y lo engañadita que me tenías! ¡Egoísta, más que egoísta! ¡Siempre pensando única y exclusivamente en ti! ¡Si ya me lo decían!…

Cualquier cosa con tal de no volver la mirada sobre uno mismo. Cualquier cosa con tal de no pedir lo que necesito. ¿Yo? ¿yo, pedir? ¿en serio?. ¿Para qué pedir si tú puedes adivinarlo con la clarividencia que te da el amor?. Pero está visto que no. ¿Cómo sabré entonces que estás pendiente de mí, que soy la primera, si no te someto a estas pruebas de amor? ¿Qué gracia tiene si te lo pido?

Ya, ya sé que ésta es una falta de responsabilidad por mi parte; que el otro no es adivino; que si hablara claro podríamos entendernos mejor; que a quién he pedido yo permiso para hacerme unas expectativas y fantasear sobre cómo reaccionarás, que ese es mi problema, que no estás en este mundo para cumplirlas; que cuando un dedo apunta hacia ti, tres lo hacen hacia mí; bla, bla, bla… Eso está claro pero no pienses, ni por un momento, que vaya a expresarlo así, tan alegremente.

¿Sabes por qué me niego a pedir? Pues eso sí te lo voy a confesar: Porque la mayor parte de las veces ni yo sé lo que necesito y prefiero que te entretengas tú en pensarlo, que para eso tienes una mejor perspectiva. Porque es muy frustrante no saber lo que una debería saber, y, en caso de saberlo, muy engorroso después tener que hacerme cargo. ¡Puff, qué pereza! ¿Y si te equivocas? Que te equivoques tú. Y así puedo continuar con la misma cantinela sobre tu falta de ¡yo qué sé!, tu falta de todo. Y volver a darme la razón; que no entiendo muy bien para qué sirve, pero que si todos quieren tenerla por algo será y yo no voy a ser menos.

Porque no me puedo permitir otro rechazo más. Sí, como lo oyes. A ver si después de hacer un acto de valentía, vas tú y quedas por encima. ¡Que no me rebajo y punto, ea! Y si cabe la más remota posibilidad, si un instante de vulnerabilidad me atacase de improviso, no por otra cosa; si eso sucediese (aunque no lo creo) y tú te negaras, ¡me negaras! (¡no te atreverás!), yo no sé lo que te hago y, hoy, de verdad te lo digo, no me apetece, no tengo energías ni para ponerte a parir  (pero esta te la guardo).

Y porque, sinceramente, no lo veo. Que yo tenga que andar arrastrándome. ¡Dónde se ha visto eso! ¡Tú quién te crees que soy yo! Igual crees que necesito algo de ti ¡Anda y que te ondulen! ¡Lo que tengo que aguantar!

Lo cierto es que tampoco quiero molestarte. Que sé que estás a tus cosas e interrumpirte me da palo. Tú tan a lo tuyo y yo tan sola. Me aburro de esperarte, de esperar a que salgas de tu burbuja y aterrices. Mira que estoy entre poner morritos o hacerme la interesante. Pero, así, de lejos, como el que no quiere la cosa. Eso se me da de maravilla. Vamos que otra cosa no tendré, pero armas de seducción masiva, de esas tengo para rato. Y además así practico, que eso me hace sentir más viva. Te diría que hasta más guapa, incluso.

El amor no es una mierda. Lo que me hace sentir como una mierda es no ver cumplidas mis expectativas. Si yo lo tenía todo tan calculado que pensaba que no dejaba espacio para el error. Un poquito de rasgarme las vestiduras y otro poco de hacerte sentir culpable. No a la burro, no, con sutileza, con mimo; para que veas que te quiero.

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5 comentarios en “TÚ TAN A LO TUYO Y YO TAN SOLA

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