PODER ANTICÁNCER

El cáncer es un problema de salud pública de primera magnitud, que implica no sólo a la persona afectada, sino también a su entorno más íntimo. Avanza implacablemente; de hecho su incidencia se ha ido incrementando en todos los países occidentales ¿El aumento de la esperanza de vida que hemos experimentado en los países desarrollados en estas últimas décadas se ha convertido en una trampa para la calidad de vida? Los organismos han sido diseñados durante millones de años para unas condiciones ancestrales determinadas ¿Hemos tenido tiempo suficiente de adaptarnos a circunstancias tan distintas como las actuales: disminución de la actividad física, comida rápida, elevadas cantidades de azúcares, grasas de pésima calidad? Los tumores malignos han sido la segunda causa de muerte en España en las últimas décadas, solamente superadas por las enfermedades del aparato circulatorio. ¿El cáncer es fruto del azar? ¿Es algún tipo de mecanismo para decirnos algo? Poder Anticáncer es un libro atrevido, incómodo y proactivo. ¿Te quedas?

41Q8z3UkAvL._SX338_BO1,204,203,200_Las células tienen fecha de caducidad. En condiciones normales, cuando la célula alcanza su madurez, las más viejas y enfermas deciden quitarse voluntariamente de en medio para que la vida del organismo persista. Afortunadamente, nuestras células se suicidan mediante un proceso limpio y ecológico, ya que sus componentes serán reutilizados por sus compañeras.

A veces, el proceso cuidadosamente regulado que siguen cada una de nuestras células se rompe y, algún miembro de esa comunidad decide continuar dividiéndose sin ser en absoluto necesario. Este crecimiento celular incontrolado puede dar como resultado un conjunto de células genéticamente idénticas, descendientes de la anterior; lo que potencialmente originará un tumor.

El cáncer es una patología genética, lo cual no quiere decir que sea hereditario, ya que las alteraciones genéticas pueden aparecer a lo largo de la vida por motivos relacionados con los hábitos de salud o con factores ambientales. En la inmensa mayoría de los casos, las alteraciones genéticas que dan lugar a los diferentes tipos de cáncer se adquieren o surgen esporádicamente a lo largo de la vida del individuo y no por herencia. Sólo una pequeña proporción, se estima por ejemplo que entre el 5 ó 10% de todos los tumores de mama, tienen un carácter hereditario. En estos casos, uno de los dos progenitores ha transmitido la alteración de determinados genes. De todas formas, una predisposición a desarrollar cáncer como consecuencia de una mutación genética no es lo mismo que estar sentenciado a sufrirlo. Que se exprese o no la enfermedad ¿De qué depende? ¿Por qué se activan esos genes? ¿Sería razonable pensar que la mutación se produce por culpa de un microambiente insostenible para muchas células normales y que provoca y, lo que es peor, sostiene el crecimiento tumoral? En la actualidad ya se sabe que el estilo de vida actúa sobre los genes ¿te suena la epigenética?

El resto, entre un 85 ó 90%, se debe a factores ambientales. De entre estos factores ambientales podemos destacar el estilo de vida (50%). Casi la mitad de los casos de cáncer que se diagnostican cada año en Reino Unido están provocados por decisiones personales relacionadas con el consumo de tabaco o alcohol y la mala dieta. Llevar un estilo de vida saludables no garantiza que una persona no vaya a tener cáncer, pero sí aumenta significativamente las probabilidades de no padecerlo.

A parte de los factores genéticos, de la predisposición familiar y de los hábitos saludables o insanos, la ciudad de residencia condiciona mucho más de lo que se pensaba en la aparición de tumores. Parece, pues, que no todos los españoles tenemos el mismo riesgo de desarrollar un cáncer. Por ejemplo, Cádiz, Huelva, Cataluña, Asturias o País Vasco con una mayor probabilidad de parecer cáncer de pulmón, laringe o tejido conjuntivo ¿contaminación industrial?. Zonas costeras del mediterráneo, cáncer de útero ¿mayor promiscuidad sexual por el turismo?. Cáncer de estómago en Castilla y León ¿costumbres alimentarias? ¿más alientos curados o ahumados? ¿dietas ricas en carnes? ¿contaminación del agua por nitratos y nitritos?grafico

De la misma manera que cada persona es distinta, también lo es cada tumor. Por lo tanto el tratamiento debe ser personalizado. En general, el tipo de cáncer, la edad del paciente, el estado general así como el estadio de la enfermedad, es decir, el grado de extensión del tumor, son factores de los que dependerá en buena medida la respuesta al tratamiento antitumoral. Pero también dependerá del objetivo del oncólogo: curar, impedir la progresión o aliviar. Resulta curioso saber que Hipócrates (considerado el padre de la medicina) opinaba que era mejor no tratar los tumores de mama porque las pacientes vivían más sin tratamiento que con él.

Las medidas terapéuticas tradicionales incluyen básicamente cirugía (procedimientos que generan una intervención anatómica corporal de un paciente), radioterapia (radiaciones ionizantes que destruyen o lesionan las células en el área que recibe la radiación imposibilitando que crezcan o se dividan), quimioterapia (uso de cualquier fármaco que administrados durante un tiempo, destruyen, frenan, el desarrollo de las células tumorales) y hormonoterapia (fármacos que, como una llave que no entra en su cerradura, impide la unión de los estrógenos a las células tumorales). Dentro de las nuevas terapias oncológicas y, que va de la mano de la “medicina personalizada”, es la inmunoterapia o la inmunooncología. Una nueva estrategia que en lugar de apuntar al tumor, actúa sobre el sistema inmunológico del organismo. En cualquier caso, pese a aplicar mejores tratamientos, no se ha logrado la cifra deseada de pacientes que se curan totalmente. La única medida para reducir la enfermedad es la PREVENCIÓN.

Efectivamente, la enfermedad tumoral es celular, pero no hay células enfermas. Enferma se halla toda la persona en cuyo organismo se ha producido y está actuando el desorden celular. Necesitamos transformar el actual modelo, manteniendo sus numerosos puntos fuertes, pero también superando sus limitaciones. Hemos de innovar, visionar la salud teniendo en cuenta la multidimensionalidad del ser humano, una unidad participativa en la que influyen características biológicas, ecosistémicas, psicológicas, sociales y esenciales, sustentadas en los principios de interdependencia y cooperación, con una finalidad transformadora y evolutiva.

Me encanta la metáfora que Juan (me tomo la licencia de tutearlo pues ha sido mi profesor de fitoterapia en el máster de naturopatía, en la Escuela Ekio), utiliza para explicar esta multidimensionalidad del ser humano. Se la escuché por primera vez en la presentación de este libro en la Casa Zorrilla de Valladolid hace unas semanas:

La vida es un acto de malabarismo sobre varias cuerdas, no sólo una. El grosor de ellas, es decir, su consistencia, vendrá determinada por la calidad de nuestros genes. Pero no importa únicamente el grosor de las cuerdas, esto es sólo una parte. Las cuerdas deben estar bien tensadas para poder caminar sobre ellas y, en vez de caminar a través de una única cuerda, lo haremos a través de tres. ¿Cuáles son esas tres cuerdas?

Como seres humanos bio-psico-sociales que somos, transitamos por tres cuerdas maestras por las que hemos de caminar a lo largo de nuestra vida. Estas tres cuerdas están siempre interrelacionadas y, cuando están bien tensas, son las que nos otorgan armonía y equilibrio. Por tanto, todas las acciones encaminadas a incidir en estas dimensiones mejorarán el estado de las mismas y prevendrán la aparición de enfermedades innecesarias.

La primera es la cuerda orgánica (el qué y el cómo), la más material, la que hace referencia a la realidad física y tangible de la persona. Incluye nuestra capacidad estructural y funcional de nuestros sistemas orgánicos. La segunda es la cuerda mental-emocional (el por qué). Somos seres emocionales. A través de las emociones nuestro cuerpo y nuestra mente se preparan automáticamente para responder a una situación de la mejor manera posible. La salud mental y emocional se da en el momento en que existe un equilibrio entre nuestros deseos y nuestras realidades. Y, por último, la tercera cuerda, la cuerda esencial o del sentido de la transcendencia (el para qué). Esta es la cuerda más importante, la conciencia de la ordenación de la propia existencia para un fin último de plenitud. La esencia es lo que verdaderamente somos, la corriente que nos lleva por la vida.

Mientras que el estudio de lo orgánico, de lo patológico explica el cómo, y las emociones nos posicionan en el porqué, ninguna de estas dimensiones explica el para qué, la finalidad última de la enfermedad. ¡Ah, que no sabías que la enfermedad tiene una finalidad! Esta explicación sólo se encuentra en esta importante dimensión transcendente. Como decía Jung: No curarás tu enfermedad, sino que será ella la que te sane.

Para trabajar la cuerda orgánica debemos modificar aspectos relacionados con nuestros hábitos de vida, nuestra alimentación o nuestro estado de autointoxicación. Para pisar con fuerza sobre la cuerda emocional debemos desarrollar características positivas, tales como la autoconfianza y una elevada autoestima, y aprender a gestionar nuestras emociones, nuestros pensamientos y comportamientos, de manera que seamos capaces de darles un nombre, aceptarlos, de integrarlos y de ponerlos al servicio de nuestros valores. Por último, para trabajar la cuerda esencial y conocer su fortaleza tendrás que hacerte dos preguntas: ¿quién eres? y ¿qué quieres?

Para ayudarte a responder estas preguntas y otras muchas que seguro han ido asaltando tu mente, a medida que has ido leyendo; como siempre, te invito a leer el libro de forma íntegra. En la segunda parte del mismo tienes a tu disposición un plan de acción para poder profundizar en las estrategias para mantener en tensión las tres cuerdas de las que te he hablado anteriormente. Juan en esta ocasión se ha rodeado de otros grandes profesionales que colaboran en el libro como Bianca Tabita Muresan, entre otros, en la realización del plan nutricional con recetas de fácil preparación, con poder anticáncer; Susana Arjalaguer aportando sus valiosos conocimientos (otra de mis profes del máster de naturopatía en Ekio) o Cristina de Arozamena, que como coach te acompaña en un viaje a tu interior, ayudándote a generar el compromiso que necesitas para llevar a cabo el plan de acción vital, con un montón de ejercicios encaminados a que consigas tus objetivos. Y otros tantos profesionales que podrás descubrir en el libro.

No creo -dice Juan Serrano- que la alimentación por sí misma sea capaz de prevenir o eliminar el cáncer. De igual forma no creo que la quimioterapia, la radioterapia o la cirugía, aun teniendo la capacidad de curar, tengan la capacidad real de devolver el bienestar a la persona afectada. De lo que sí estoy absolutamente convencido es de que los modelos integrados, híbridos, completos, que utilicen simultáneamente cualquiera de las tres herramientas comentadas anteriormente y muchísimas más, nos pueden  ayudar a montar el complejo puzle que es el ser humano y sus circunstancias. Sólo así tendremos un auténtico PODER ANTICÁNCER.

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Un comentario en “PODER ANTICÁNCER

  1. Pingback: LA BIOLOGÍA DE LA CREENCIA | biblioterapeuta

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