LUNA ROJA

En la sociedad moderna, el ciclo menstrual se experimenta como un fenómeno pasivo del que sólo se admite su “aparición”, ya  que todo el proceso restante se ignora o bien se oculta. Así, se nos enseña que debemos enfrentar nuestra angustia y nuestras necesidades sin llamar la atención, en tanto que este comportamiento forma parte de lo que es “ser una mujer”. Este es el motivo por el que nosotras debemos esconder nuestras dificultades: debido al  miedo a que los demás nos consideren débiles o piensen que hacemos una montaña de un grano de arena. Y es precisamente esta falta de comunicación y reconocimiento social lo que perpetúa el aislamiento del ciclo menstrual como un acontecimiento oculto y furtivo.

Luna roja muestra que en realidad se trata de un suceso dinámico que, una vez liberado de Ios condicionamientos y restricciones sociales, puede afectar activamente al crecimiento físico, emocional, intelectual y espiritual de la mujer, así como al de la sociedad y el medio en el que ella se desenvuelve.

luna-roja-coverDurante cientos de años el ciclo menstrual femenino ha generado desprecio y aversión, al considerársele un sucio signo de pecado cuya existencia reforzaba la inferioridad de la mujer en la sociedad, claramente dominada por el hombre. Incluso hoy en día se piensa en la menstruación como en una desventaja biológica que transforma a la mujer en una trabajadora emocional, irracional e inestable, en la que no se puede confiar.

En la sociedad moderna, donde los ritos de transición ya no existen, ¿cuántas niñas realmente sienten que gozan del don de ser mujer y a cuántas se las ha guiado para convertir esta experiencia en una fuente de crecimiento? Es más, la visión lineal que tiene la sociedad acerca del tiempo y la realidad hace que a la mujer menstrualmente activa le resulte difícil darse cuenta de su ineludible y natural cualidad cíclica, así como aceptar y aplicar este hecho en su vida. Incluso aunque registre en su diario las fechas de sus menstruaciones, tendrá dificultades en verlas como un ciclo y tenderá a pensar en ellas como un es­quema lineal repetitivo.

Las antiguas culturas conocían sin duda el poder de la menstruación, un saber y aceptación que aún hoy persiste en determinadas aunque escasas sociedades; pero ocurrió que los varones de las primeras sociedades patriarcales empezaron a considerar este poder como un peligro para ellos, con lo que aquellas prácticas que las mujeres habían establecido para tratar con las energías creativas inherentes a este proceso natural de sus organismos se convirtieron en objeto de duras críticas. La superstición llegó hasta tal punto que no sólo se le prohibía ir a ciertos lugares o tocar determinados objetos, sino que se especificaba qué alimentos podía ingerir. La menstruación pasó así de considerarse santa y sagrada a convertirse en sucia y contaminada.

Si la mujer realmente toma conciencia de que su vida menstrual es una expresión de un ser de naturaleza cíclica, comenzará a ver que forma parte de los grandes ritmos del universo aceptará aún más su verdadera condición y conseguirá traer la armonía a su vida.

Ejercicio CONOCE TU CICLO MENSTRUAL

Está claro que en el ajetreo de la vida cotidiana resulta muy difícil encontrar tiempo para comprometerse con un nuevo proyecto. ¡Incluso disponer de quince minutos para escribir un diario puede convertirse en un problema cuando un cuarto de hora más en la cama es vital! Sin embargo, si estás dispuesta a comprender las energías de tu propio ciclo menstrual es imprescindible que lleves un diario así como la anotación de ciertos datos en detalle (tal como se indica a continuación) durante al menos tres meses, con el fin de obtener una representación razonable de tu ciclo y poder llevarla a los Diagramas Lunares. Aunque después de un mes ya empezarás a tener una idea de la forma que adopta tu ciclo, no estaría de más que siguieses escribiendo en tu diario todo tipo de notas, ideas y sueños para así registrar tus visiones y experiencias. La información debe incluir algunos datos concretos, como:

  1. Nivel de energía: dinámico. sociable, bajo, nulo.
  2. Emociones: tranquilidad. armonía. enfado, irritabilidad, afecto. animosidad, instintos maternales. intuición, facultades psí­quicas.
  3. Salud: fatiga. calidad de sueño, «antojo» de determinados alimentos, cambios físicos.
  4. Sexualidad: activa, pasiva. erótica, sensual. exigente, agresiva, nula, cariñosa, protectora, lujuriosa.
  5. Sueños: relaciones sexuales; interacción con hombres y mujeres; aparición de colores intensos; animales; de índole menstrual y mágico; proféticos o psíquicos, y recurrentes
  6. Manifestación externa: creatividad. actividades deportivas, confianza, capacidad organizativa, concentración, facultad para afrontar diferentes situaciones, forma de vestir.

Examina tu información diaria y apunta los siguientes detalles en forma resumida y junto al sector que corresponda:

diagrama lunar

DIAGRAMA LUNAR. Las anotaciones de tu diario y los subsiguientes Diagramas Lunares tienen como finalidad ponerte en contacto con tu ciclo a través de los años.

Ahora que ya has comprendido el ciclo lunar y lo has anotado en tu diario, empieza a observar las diferentes fases de la luna y su posición en el cielo. Durante un mes procura salir al aire libre un rato por la noche: fíjate en cómo te afecta, a nivel emocional e intuitivo, la luz de las distintas fases. Intenta imaginar qué energías femeninas corresponden a cada una: tal vez adopten la forma de diosas de la antigüedad; de mujeres a
las que consideras como arquetipos de cada fase; o quizás de música; animales; estaciones del año o diseños abstractos. Es importante que organices la información que has recopilado cada mes de tal modo que te facilite la búsqueda de patrones recurrentes.

El ciclo de la luna y el de la mujer están estrechamente interrelacionados, ya que el cuerpo femenino responde a las fases lunares; pero el ciclo de la luna no es sólo el calendario del cuerpo de la mujer sino que es también un indicador de los cambios que se producen en su conciencia. La mayoría de las mujeres mantienen una interacción con el ciclo lunar de una de estas dos formas: bien sus menstruaciones coinciden con la fase de luna llena (Ciclo de la Luna Roja) o bien con la de luna nueva (Ciclo de la Luna Blanca). Es posible que el Ciclo femenino no tenga exactamente la misma duración que el lunar, pero puede alargarse o acortarse para que cada mes la menstruación aparezca en un momento próximo a una de esas dos fases.
En las leyendas y la mitología las energías que experimenta la mujer durante su ciclo menstrual se describían como un ritmo de cuatro etapas que reflejaba las fases de la luna:

La Virgen y la luna creciente representaban la fase que se extiende desde el fin del “sangrado”, hasta el comienzo de la ovulación: las energías correspondientes a esta fase -generativas, dinámicas e inspiradoras- se asemejan a las de una joven doncella. Las energías de la Virgen son dinámicas y radiantes, dado que la fase de la Virgen es el momento en que cada mujer se libera de su ciclo procreativo y centra sólo en su propio ser: tiene confianza en sí misma, es sociable y se siente capaz de afrontar todos los desafíos de la vida mundana; es firme, ambiciosa y tiene un gran poder de concentración, con lo que puede prosperar en su trabajo; además, este es un momento idóneo para encarar nuevos proyectos. Con su fresca y renovada sexualidad esta fase se convierte en un período de diversión v júbilo para ella, hasta el punto de que su aspecto externo expresa el entusiasmo que siente por el mundo ¡y sus ansias de vivirlo a tope!

Por otro lado, la Madre y la luna llena representaban el período mismo de la ovulación: las energías, en este caso, tienen similitud con las de la maternidad, pues ambas cuentan con la capacidad y la fuerza para criar, sustentar y fortalecer; la creatividad interna de la madre surge para crear una nueva vida. Las energías de la Madre también son radiantes, aunque en una frecuencia diferente de las de la Virgen. La fase de la Madre es una etapa en la que la mujer empieza a prepararse para la abnegación que caracteriza a la maternidad, y en consecuencia pierde el interés por su propia persona. Así. sus deseos y necesidades se le hacen menos importantes, se vuelve protectora e irradia amor y armonía, en tanto que su sexualidad se manifiesta como una experiencia de amor profundo que desea compartir. Tiene la capacidad de asumir responsabilidades, de “alimentar” y dar vida a nuevos proyectos e ideas y también de sustentar aquellos que ya existen. Sus energías son tan potentes que tal vez descubra que atrae a los demás como si fuese un imán; y que acudirán a ella en busca de ayuda y apoyo.

La disminución de la luz durante la fase menguante reflejaba la reducción de la energía física desde la ovulación hasta la menstruación, así como el aumento de la sexualidad, la creatividad, la magia, las energías destructivas internas y la conciencia. En las historias populares son  las hechiceras, las “vampiresas”, las seductoras y las malvadas madrastras quienes personifican estas energías. La palabra “hechicera” da nombre a esta fase, pues hace referencia a una mujer de cualquier edad menstrual que cuenta con el poder de la magia y del sexo tanto para crear como para destruir. En esta fase se liberan las energías creativas que podrán haberse destinado a dar vida a un hijo. Sólo que esta vez se desarrollan en el mundo exterior. Las energías de la Hechicera surgen cuando el óvulo ha sido liberado pero no ha habido fertilización. La mujer comienza entonces a percibir el lado interno de su naturaleza, toma conciencia de los misterios de la misma, su sexualidad se hace más poderosa y se percata de su propia magia y poder, así como del efecto que estos atributos pueden tener sobre los hombres. Si sus energías se enardecen se manifestarán en una creatividad tremenda y desenfrenada. Luego, a medida que se acerque a la fase de la Bruja, es posible que la mujer se vuelva intolerante ante lo mundano y disminuya su concentración, pero por otro lado crecerán su intuición y su capacidad para soñar.

La luna nueva y la Bruja Negra representaban la fase de la menstruación, en la que la Bruja encamaba a la mujer que retiraba sus energías físicas del mundo terrenal para centrar su conciencia en el mundo espiritual. En esta etapa las energías creativas que se gestan en la mente pueden generar tanto una nueva vida como hijas-ideas. La fase de la Bruja es una etapa de introspección, el momento de alejarse de lo mundano, dormir y soñar, expresar la magia con delicadeza y frenar el ritmo de vida; es la oportunidad de buscar solución a los problemas y de aprender a aceptar el pasado y la incertidumbre del futuro. En esta fase la mujer se abre a las energías y los instintos más primitivos, y su sexualidad -que florece como cuando hay luna llena- ahora le permite elevar su espiritualidad en vez de conducir sus energías hacia el mundo físico.

ejemplo de ciclo femenino

CICLO FEMENINO. La fase de la Doncella Virgen puede resultar óptima para el análisis y el desarrollo de nuevos proyectos debido al entusiasmo que infunde. La de la Madre es un periodo idóneo para mantener esos proyectos y respaldar relaciones; la de la Hechicera para aprender y expresar tu alto nivel de creatividad, y la fase de la Bruja es una etapa en la que puedes desprenderte de lo viejo para dar paso a nuevas ideas y percepciones. Las cuatro fases de tu ciclo también te brindan una oportunidad de examinar tu vida una vez al mes y hacer los cambios que consideres necesarios: la fase de la Hechicera es un periodo para analizarla en detalle y decidir qué hay que modificar; la de la Bruja te permitirá lamentarte por la pérdida de tu vieja vida y aceptar el cambio mentalmente; la de la Virgen te servirá para efectuar el cambio físico, y finalmente la de la Madre te permitirá verlo hecho realidad.

Si comparamos el ciclo lunar con el femenino, las fases creciente y menguante son momentos de cambio y equivalen a las etapas de la Virgen y la Hechicera, en tanto que la luna llena y la luna nueva son periodos de equilibrio, al igual que las fases de la Madre y la Bruja. En este sentido, la fase de la Virgen es un ascenso hacia  la claridad del aspecto exterior de la naturaleza femenina, mientras que la de la Hechicera es un descenso hacia la oscuridad de su aspecto interior. Por su parte, la fase de la Madre nivela la expresión externa de la energía con la expresión interna del amor, y la de la Bruja equilibra la calma del mundo interior con la gestación de un nuevo ciclo. La razón es que, a pesar de que el ciclo se divide en cuatro fases, el límite entre éstas no es rígido; en realidad cada una de ellas se funde de forma natural con la siguiente gracias al flujo de energías que caracteriza al ciclo menstrual.

Observa tu Diagrama Lunar resumido e identifica el momento en que parecen surgir las diferentes energías. Es probable que al principio notes que eres consciente de experimentar algunas de ellas sólo en determinados momentos, pero ten en cuenta que siempre están en tu interior, aunque ciertas influencias externas como el estrés y el cansancio, o bien una interrupción en el nexo intuitivo entre tu cuerpo y tu mente, pueden hacer que te resulte difícil percibirlas.

La conciencia y el conocimiento que has ganado a lo largo del ciclo menstrual crecen y decrecen como la luna, de modo que la percepción que obtengas de la experiencia en una de las fases puede perderse en otra. Esta es la razón por la que la búsqueda del conocimiento del ciclo menstrual se convierte en una continua espiral que abarca toda la vida menstrual de la mujer: siempre estarás aprendiendo. La única constante es el aquí y el ahora, la fase que estás atravesando y la percepción y conocimiento que te proporcionan.

La historia de la naturaleza femenina carece de un significado definitivo, no tiene un comienzo ni un fin, sino que vive eternamente dentro de todas y cada una de las mujeres.

 

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