TRANQUILOS Y ATENTOS COMO UNA RANA: SE AVECINA TORMENTA

Nuestra mente se parece mucho a una gran superficie de agua, a un mar o a un océano. En todos ellos, las tormentas, los chaparrones o el sol pueden producir cambios, haciendo que el agua se convierta en una masa de remolinos violentos con aterradoras olas gigantescas, o bien en un espejo liso y claro en el que poder ver las profundidades.

Lo mismo sucede con nosotros. En cualquier momento nos pueden llegar cambios de humor o sentimientos muy intensos. Al no rechazarlos y no pretender que sean diferentes de lo que son en este momento, aprenderás a tener en cuenta “el tiempo interior”. Cuando dejes de querer que brille el sol cuando la lluvia cae a raudales, estarás por fin presente en la realidad.

41skqnji0l-_sx315_bo1204203200_Se avecina tormenta es el capítulo seis del conocido libro de Eline Snel sobre meditación para niños “Tranquilos y atentos como una rana”. En cuanto leí la siguiente historia, supe que esta era la parte del libro que me cautivaría para escribir esta entrada.

El sentimiento de culpa que me atropella cuando pierdo la paciencia y un grito se me escapa. Cuando no sé cómo acoger las emociones de mi hijo en su desbordamiento, implacables, arrasándolo todo a su paso… Claro que no estoy siendo del todo sincera, no. No es de las emociones de mi hijo de quien hablaba, hablaba de las mías. A decir verdad, siempre que hablamos, hablamos de nosotros mismos. Y yo no soy una excepción.

¿Qué tiempo está haciendo por dentro?

Desde hace años, uno de nuestros hijos tiene muy mal humor a primera hora de la mañana. Baja la escalera resoplando y pegando fuertes pisotones. Los peldaños sufren las consecuencias. Y yo también. ¿No te había dicho que no quería comer nada?¿Por qué me has preparado el desayuno? Antes de que me dé tiempo a respirar para contestarle, sigue con la bronca: ¿Dónde has metido mi mochila? ¡Siempre me lo pierdes todo! ¡Ahora llegaré tarde al colegio! ¡Es culpa tuya! Cierra la puerta sin piedad y sin contemplaciones ¡Zas, patapám!

Estas erupciones regulares que indican un humor de perros me permiten apreciar los primeros signos de la tormenta que se avecina. Al día siguiente, tan pronto como baja la escalera, le pido que se siente a la mesa. Me mira enfadado, con cara de pocos amigos, de haber dormido poco. No quiere nada y lo que menos quiere es sentarse conmigo a la mesa.

Respiro un par de veces y siento cómo mis hombros están llenos de tensión, pero decido mirarlo afablemente y no dejarme llevar por el temporal. Vuelvo a pedirle que se siente, a fin de cuentas ¡quiero hablar con él! De mala gana hace lo que le pido. Los codos sobre la mesa, la cabeza entre las manos. Las mandíbulas apretadas.

Le pido que observe lo que está ocurriendo en este preciso instante. ¿Qué siente realmente? ¿Caen rayos y truenos? ¿Hay tormenta? ¿Con qué intensidad sopla el viento? ¿Tiene fuerza ocho, nueve o diez? Decide ponerle un diez, y de pronto dice, con un tono de voz mucho más suave, que está muerto de cansancio. No puede más. Las cosas no van bien en la escuela, aunque intenta hacerlo todo lo mejor posible y pone todo su empeño, se está quedando atrás en los estudios y no sabe cómo resolverlo. Su cuerpo se suaviza y entonces permite que aflore esa horrible sensación. Grandes lagrimones caen sobre la tostada del desayuno. Abrazo su largo cuerpo juvenil. Simplemente lo sostengo.

El parte meteorológico personal

Manteniendo el contacto con tu hijo y no poniendo resistencia a su mal humor (es algo que está ahí), puedes enseñarle también a no resistirse, haciéndose consciente de lo que está sintiendo. Al reconocer los sentimientos negativos les permitimos estar ahí, aceptándolos. No pasa nada, está bien. Después podéis ver los dos juntos qué es lo que necesita en este momento: ¿un achuchón?,  ¿llamar a su amigo?…

Como padres tenemos entonces la oportunidad de examinar nuestros propios sentimientos, así como nuestra predisposición a actuar automáticamente, de este modo posibilitas una observación interior para descubrir qué es lo que hay. Aunque no puedas solucionarlo todo, si puedes permanecer cerca de tus hijos, dejando que demuestren y acepten sus emociones. Para que sepan que estás de su lado y que les quieres, incluso cuando se encuentran en un estado de ánimo pésimo.

Ejercicio:

Siéntate cómodamente, cierra los ojos o déjalos entornados, como prefieras. Tómate el tiempo que necesites para descubrir cómo te sientes en este momento. ¿Qué tiempo está haciendo por dentro? ¿Te sientes relajado y brilla el sol? ¿O está el cielo encapotado, cubierto de nubes y a punto de caer un chaparrón? ¿O quizás hay una tormenta? ¿Qué sientes realmente? Es como hacer el parte meteorológico según tu estado emocional de este momento, sin pensarlo.

Y cuando sepas cómo te sientes en este mismo instante, lo dejas tal cual, exactamente como es, no precisas sentirte de otra manera distinta a como te sientes ahora. ¿Verdad que no puedes cambiar el tiempo exterior? Permanece así, experimentando esta sensación por un momento.

De forma amable y curiosa, observas las nubes, la luz brillante del cielo o los colores oscuros de la tormenta que se avecina… Es simplemente lo que hay, el humor no puede cambiarse así como así. Igual que no puede cambiarse el tiempo.

Los estados de ánimo cambian. Pasan por sí mismos. No tienes que hacer nada para ello. Y esto hace las cosas más fáciles. Puede ser que en otro momento del día el tiempo cambie, pero ahora es como es. Y  así  está bien.

Gracias amiga por estar al tanto y echarme de menos el lunes. Y, a ti, disculpa por el retraso en este excepcional martes de libro.

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