EL PODER DEL AHORA (I)

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Quizá solamente una vez cada diez años o incluso una vez cada generación surge un libro como El Poder del Ahora. Es más que un libro; hay en él una energía vital que probablemente puedas sentir en cuanto lo tomas en tus manos. Tiene el poder de crear una experiencia en los lectores y de cambiar su vida para bien. El libro te hace consciente de que cada momento de la vida es un milagro. Esto es absolutamente cierto, te des cuenta de ello o no.

No leas sólo con la mente. Estate atento a cualquier “respuesta emocional” y a una sensación de reconocimiento desde el fondo de ti mismo. Te darás cuenta de que no habla de ninguna verdad espiritual que en el fondo tú no conozcas de antemano. Todo lo que puede hacer es recordarte lo que has olvidado.

El conocimiento vivo, antiguo y sin embargo siempre nuevo, se activa entonces y se libera desde el interior de todas las células de tu cuerpo.

La iluminación es el estado natural de sentir la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, eres esencialmente tú y sin embargo es mucho más grande que tú. Pero no busques captarlo con la mente. No trates de entenderlo. Solo puedes conocerlo cuando la mente está inmóvil. Cuando tú estás presente, cuando tu atención está completa e intensamente en el Ahora.

¿Cuál es el mayor obstáculo para experimentar esta realidad? La identificación con tu mente.

Cuando te identificas con tu mente el pensamiento se vuelve compulsivo. Este tipo de pensamiento compulsivo es en realidad una adicción. ¿Qué es lo que caracteriza a una adicción? Simplemente esto: ya no sientes que puedes elegir detenerte. Estarás de acuerdo conmigo en que no ser capaz de dejar de pensar es una calamidad terrible, aunque si no eres consciente de ello, quizás lo consideres como algo normal. Pero este ruido mental incesante te impide encontrar ese reino de quietud interior que es inseparable del Ser.

El pensador compulsivo, desconectado de su esencia (lo que quiere decir casi todo el mundo), vive en un estado de separación aparente; de sí mismo y del mundo que lo rodea. Es así como surge el miedo, y el conflicto interior y exterior se vuelve la norma.

La identificación con tu mente crea una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquea toda relación verdadera. Se interpone entre tú y tu propio yo, entre tú y tu prójimo, entre tú y la naturaleza. Pensar se ha vuelto una enfermedad. La enfermedad ocurre cuando las cosas se desequilibran.

Entonces, ¿hay que dejar de pensar completamente? No, no puedes, excepto quizá por un momento. Además, la mente es un instrumento magnífico si se usa correctamente; sin embargo, utilizada de forma inadecuada se vuelve muy destructiva. Para decirlo de una manera más exacta, no es tanto que tú la utilices inadecuadamente, generalmente no la utilizas en absoluto. Ella te utiliza a ti. Esa es la enfermedad. Tú crees que eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.

Lo bueno es que puedes liberarte de tu mente. Esa es la única liberación verdadera. Puedes dar el primer paso ahora mismo. Empieza por oír la voz de tu cabeza tan a menudo como puedas. Presta atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, esos viejos discos que han sonado en tu cabeza quizá durante años. Eso es lo que se llama “observar al que piensa”, que es otra forma de decir: escucha la voz de tu cabeza, estate allí como si fueses un testigo. Cuando escuches esta voz hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. Pronto empezarás a darte cuenta de esto: está la voz y estoy yo escuchándola, observándola. Esta comprensión del Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente. Es la comprensión de que tú no eres la entidad que te posee, el que piensa. Saber esto te permite observar a esa entidad. En el momento en que empiezas a observar al que piensa se activa un nivel más alto de conciencia. Has encontrado tu fuerza interior. Has accedido al poder del Ahora.

El pensamiento entonces pierde su poder sobre ti y rápidamente se calma porque ya no le das energía a la mente por medio de la identificación con ella. Este es el comienzo del fin del pensamiento involuntario y compulsivo. Cuando un pensamiento pierde fuerza, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de “no mente”. Al principio las brechas serán cortas, unos segundos tal vez, pero gradualmente se harán más largas. Cuando ocurren esas rupturas experimentas cierta quietud y paz dentro de ti. Es el comienzo de su estado natural de percepción de la unidad con el Ser. No se trata de un estado de trance, en absoluto. Aquí no hay pérdida de conciencia, es todo lo contrario. Si el precio de la paz fuera una disminución de tu conciencia y el precio de la quietud una falta de vitalidad y estado de alerta, no valdría la pena tenerlas.

Cierra los ojos. Intenta un pequeño experimento. Cierra los ojos y dite a ti mismo: “Me pregunto cuál va a ser mi próximo pensamiento”. Luego ponte muy alerta y espera al próximo pensamiento. Compórtate como un gato observando la guarida de un ratón. ¿Qué pensamiento va a salir de la guarida del ratón? Inténtalo ahora. ¿Bien? Seguramente tuviste que esperar un buen rato antes de que el pensamiento llegara. Mientras estés en un estado de intensa presencia, estás libre del pensamiento. En el instante en que tu atención consciente cae por debajo de cierto nivel, el pensamiento se apresura a aparecer. El ruido mental regresa; la quietud se pierde.

En lugar de “observar al que piensa” también puedes crear una brecha en la corriente de la mente simplemente dirigiendo el foco de tu atención hacia el Ahora. Vuélvete intensamente consciente del momento presente. Esto es algo profundamente satisfactorio. De esa forma apartas la conciencia de la actividad de tu mente y creas una brecha de no-mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no pensando. Esa es la esencia de la meditación. Hay cierto criterio por el que puedes medir tu éxito en esta práctica: el grado de paz que sientes interiormente.

Así pues, el único paso vital en tu camino hacia la iluminación es este: aprende a dejar de identificarte con tu mente. Cada vez que creas una brecha en el fluir de la mente, la luz de tu conciencia se vuelve más fuerte. Un día puede que te sorprendas a ti mismo sonriendo a la voz de tu cabeza, como sonreirías ante las travesuras de un niño. Esto significa que ya no te tomas tan en serio el contenido de tu mente, puesto que el sentido de ti mismo no depende de él.

Es posible vivir libre del sufrimiento, libre de la ansiedad y la neurosis. Para lograrlo sólo tienes que llegar a comprender tu papel de creador de tu dolor; tu propia mente causa tus problemas, no son los demás, ni “el mundo de allá afuera”. Es tu propia mente, con su corriente casi constante de pensamientos, pensando sobre el pasado, preocupándose por el futuro. Ahora ya sabes cómo liberarte de la esclavitud de la mente, cómo entrar en un estado iluminado de conciencia y cómo sostenerlo en la vida diaria.

¿Y qué ocurre cuando las cosas no van como nos gustaría? ¿Cómo mantenernos presentes en una realidad que nos desagrada? ¿Cómo liberarnos, entonces, de la esclavitud del pensamiento incesante? Continuará…

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6 comentarios en “EL PODER DEL AHORA (I)

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