EL CUERPO DEL DOLOR (El poder del Ahora II)

Mientras seas incapaz de acceder al poder del Ahora, cualquier dolor emocional que experimentes dejará un residuo de sufrimiento que permanecerá en ti. Se fundirá con el dolor del pasado, que ya estaba allí, y se alojará en tu mente y en tu cuerpo. Este dolor acumulado es un campo de energía negativa que ocupa tu cuerpo y tu mente. Si lo consideras como una entidad invisible con derecho propio, estás bastante cerca de la verdad. Es el cuerpo del dolor emocional.

bioneuroemocion-y-dolor-de-cabeza-500x250Por favor, examina dónde está tu atención en este momento. Estás leyendo estas palabras. Ese es el punto de tu atención. También estás siendo consciente periféricamente de lo que te rodea, de las demás personas, de los sonidos… Además puede haber cierta actividad en tu mente sobre lo que estás leyendo, algún comentario mental. Sin embargo, observa si puedes estar en contacto con tu cuerpo interior al mismo tiempo. Conserva parte de tu atención dentro. No la dejes fluir afuera. Siente la totalidad de tu cuerpo desde dentro, como un único campo de energía. Es como si estuvieras leyendo con todo tu cuerpo. Practica esto en los próximos días o semanas. Cuanta más conciencia traigas al cuerpo, más fuerte se vuelve el sistema inmunológico y más se reducirá el ritmo de envejecimiento.

Con semejantes beneficios ¿Para qué crees que estás la mayor parte del tiempo intentando escapar del momento presente y buscando algún tipo de salvación en el futuro? Lo primero que podrías encontrar si enfocases tu atención en el Ahora es tu propio dolor y eso da mucho miedo. ¿Y si pudieras aprender a acceder en el ahora al poder de la presencia que disuelve el pasado y el dolor?

El cuerpo del dolor quiere sobrevivir, simplemente como cualquier otra entidad existente, y sólo puede hacerlo si logra que tú, inconscientemente, te identifiques con él. Entonces puede levantarse, dominarte, “volverse tú”, vivir a través de ti. El dolor sólo puede alimentarse de dolor. No puede alimentarse de alegría, ya que la encuentra indigesta. Y una vez que el cuerpo del dolor te ha dominado, quieres más dolor. No eres consciente de esto, ¡por supuesto!, y si alguien te preguntase, afirmarías vehementemente que no quieres sufrir. Pero si observas detenidamente, descubrirás que tu pensamiento y tu conducta están diseñados para conservar el dolor, en ti mismo y en los demás. ¿Qué puedes hacer?

No puedes luchar contra el cuerpo del dolor. Intentar hacerlo crearía conflicto interior y por lo tanto más dolor. Observarlo es suficiente. El cuerpo del dolor no quiere que lo observes directamente y lo veas como es, para poder seguir usándote aparentando ser tú. Observarlo implica aceptarlo como parte de lo que es en ese momento. La atención consciente sostenida corta el lazo entre el cuerpo del dolor y tus procesos de pensamiento, y efectúa el proceso de la transmutación. Tu responsabilidad entonces es no crear más dolor. Enfoca la atención en el sentimiento que hay dentro de ti. Reconoce que es el cuerpo del dolor. Acepta que está allí. No pienses en él, no dejes que el sentimiento se transforme en pensamiento. No juzgues o analices. No te identifiques. Permanece presente y continúa siendo el observador de lo que está ocurriendo dentro de ti. Vuélvete consciente, no sólo del dolor emocional sino también de “el que observa”, el observador silencioso. Ese es el poder del Ahora, el poder de tu propia presencia consciente. Has encontrado tu fuerza interior. Has accedido al poder del Ahora.

Para estar presente en la vida diaria ayuda estar firmemente arraigado en tu interior; de otro modo, la mente, que tiene una inercia increíble, te arrastrará como un río salvaje. ¿Qué quiere decir con “arraigado en tu interior”? Significa habitar tu cuerpo completamente. Tener siempre algo de tu atención en el campo de energía interior de tu cuerpo. Sentir el cuerpo desde adentro, por decirlo así. La conciencia del cuerpo te mantiene entregado al presente. Te ancla en el Ahora. Así no podrás perderte en el mundo externo ni en tu mente. Los pensamientos y las emociones, los miedos y los deseos, pueden estar aún ahí en cierta medida, pero no te dominarán.

Para algunas personas, la entrega puede tener connotaciones negativas, implica derrota, renunciar, fracasar en superar los retos de la vida, aletargarse, o algo así. La verdadera entrega, sin embargo, es algo completamente diferente. No significa soportar pasivamente cualquier situación en la cual te encuentres y no hacer nada al respecto. Tampoco significa dejar de hacer planes o de iniciar acciones positivas. La entrega es la simple, pero profunda sabiduría de ceder más que oponerse al fluir de la vida. El único lugar donde puedes experimentar el fluir de la vida es en el Ahora, así que entregarse es aceptar el momento presente incondicionalmente y sin reservas. Es abandonar la resistencia interior a lo que es. ¡Lo sé, es muy fácil decirlo! ¿Cómo mantener a raya el juicio mental y la negatividad emocional cuando la vida se te pone patas arriba?

El momento presente a veces es inaceptable, desagradable u horrible. Es como es. Cuando las cosas “van mal” tanto el juicio como la negatividad pueden atizar con fuerza, lo que significa que hay una brecha entre las demandas o expectativas rígidas de tu mente y lo que es. Esa es la brecha del dolor. Observa cómo la mente lo etiqueta y cómo este proceso de etiquetado, este continuo permanecer en el juicio, crea dolor e infelicidad. La entrega es un fenómeno puramente interior. No significa que en el exterior no puedas actuar y cambiar la situación. De hecho, no es la situación total lo que debes aceptar cuando te entregas, sino sólo el minúsculo segmento llamado el Ahora.

La incapacidad de aceptar endurece tu forma psicológica, la cáscara del ego, y crea así un fuerte sentido de separación. El mundo que te rodea y en particular la gente se perciben como amenazas. Surge la compulsión inconsciente de destruir a los demás por medio del juicio, así como la necesidad de competir y dominar. Incluso la naturaleza se convierte en tu enemiga y tus percepciones e interpretaciones están dominadas por el miedo. Y no olvides que la cualidad de tu conciencia en este momento es la que constituye el determinante principal del tipo de futuro que experimentarás; así pues, entregarte es lo más importante que puede hacer para producir un cambio positivo.

¿Y qué hago? No te preocupes tanto por hacer y hacer. Cualquier acción que realices es secundaria. Acepta, después actúa. No puede surgir una acción verdaderamente positiva de un estado de conciencia sin entrega. Mira los detalles específicos de la situación. Pregúntate a ti mismo: “¿Hay algo que pueda hacer para cambiar la situación, mejorarla o apartarme de ella?” Si es así, actúa apropiadamente. No te concentres en las cien cosas que harás o podrías hacer en el futuro sino en la única que puedes hacer ahora. Eso no significa que no debas planear. Puede ser que esa planeación sea lo único que puedes hacer ahora. Pero asegúrate de no empezar a proyectar “películas mentales”, a proyectarte a ti mismo hacia el futuro y a perder así el Ahora.

Otra cosa, amigo, no confundas la entrega con una actitud de “nada me puede molestar ya” o “ya no me importa”, que ya nos vamos conociendo… Si lo miras de cerca, descubrirás que tal actitud está teñida de negatividad en forma de resentimiento oculto y por lo tanto no es entrega sino resistencia enmascarada. Según te entregas, dirige tu atención hacia el interior para comprobar si queda alguna huella de resistencia dentro de ti. Estate muy alerta cuando lo hagas; de otra forma la resistencia puede seguir ocultándose en algún rincón oscuro, en forma de un pensamiento o una emoción no reconocidos. Estar separado de los sentimientos no es entregarse.

Puede que en ciertas situaciones extremas, aún te sea muy difícil aceptar el ahora. Pero siempre tienes una segunda oportunidad en la entrega. Verás… Tu primera oportunidad es entregarte en cada momento a la realidad. Y tu segunda oportunidad es, si no puedes aceptar una situación, aceptar lo que hay adentro. Esto significa: no te resistas al dolor. Cuando no hay salida, todavía hay un camino a través del dolor, así que no te apartes de él. Enfréntalo. Siéntelo plenamente. ¡Siéntelo, no pienses en él! Exprésalo si es necesario, pero no crees un guión sobre él en tu mente. Dale toda tu atención al sentimiento, no a la persona, evento o situación que parece haberlo causado.

¿Cuánto más tiempo crees que necesitarás antes de poder decir: “No voy a producir más dolor, más sufrimiento”? ¿Cuánto más dolor necesitas antes de tomar esa decisión? Si crees que necesitas más tiempo, tendrás más, y más dolor. El tiempo y el dolor son inseparables.

Cuando te entregas a lo que es, te vuelves completamente presente, el pasado deja de tener poder alguno. No lo necesitas ya. La presencia es la clave. El Ahora es la clave. ¿Cómo sabrás cuándo te has entregado? Cuando ya no necesites hacerte esa pregunta.

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5 comentarios en “EL CUERPO DEL DOLOR (El poder del Ahora II)

  1. Pingback: Paula García Pérez (Coach y Terapeuta Holística- Integral)

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