INTELIGENCIA DIGESTIVA

61l5esnzvklEvidentemente, existe una conexión entre la psique y el estómago. Muchas molestias intestinales podrían explicarse por el incorrecto funcionamiento del “cerebro intestinal” o por interferencias en la comunicación con el cerebro superior. En el cerebro de las tripas pueden originarse el miedo, la ansiedad, la fobia, el control excesivo, la obsesión, también un presentimiento y la intuición.

Ahora sabemos que tenemos un cerebro intestinal que produce “un mar” de serotonina: el 90 por ciento restante de esta hormona de la felicidad y del bienestar. ¿Cómo beneficiarse de eso y usar este recurso valioso para la salud mental y digestiva?

El intestino es también una abundante fuente de benzodiazepinas endógenas, que son el principio activo de medicamentos denominados ansiolíticos. Estos fármacos los utilizamos para dormir, superar el estrés, bajar la ansiedad, tratar las fobias… ¿Y si pudiésemos activar los recursos propios y conseguir un modo de liberar “ansiolíticos” digestivos para nuestras necesidades psicoemocionales? Nada es imposible; todas las respuestas las tenemos dentro.

Es bueno conocer que la longitud total del sistema digestivo puede llegar a medir entre 8 y 12 metros: un edificio de dos plantas. Si imaginásemos toda la superficie de nuestros intestinos en un plano de dos dimensiones, alcanzaríamos unos 300 m2: ¡un campo de fútbol escondido en nuestras tripas!.

A lo largo de la vida por el sistema digestivo pasan aproximadamente setenta toneladas de alimentos y cien toneladas de líquidos. El sistema digestivo tiene un diseño espectacular. Por ejemplo, el intestino delgado posee miles de vellosidades en sus paredes (pequeños pliegues de la mucosa) las cuales, a su vez, tienen miles de micro vellosidades. Esta virtud anatómica nos permite obtener una absorción completa de todos los nutrientes vitales y nos proporciona control inmunológico, que ejercen las mucosas intestinales, y con eso me refiero a un 70 por ciento de la defensa total del cuerpo. La mucosa digestiva es nuestra aduana: un “alto servicio de inteligencia del estado” del cual depende nuestra salud y nuestra vida.

El sistema digestivo detecta, procesa, canaliza y genera las emociones. Con la tripa somatizamos las emociones y el estrés, miedos y guardamos los recuerdos infantiles… Notamos un cosquilleo placentero que invade la barriga al recibir una buena noticia. Y sabemos que las situaciones de tensión y de miedo hacen que el estómago se encoja. La reacción emocional puede llegar a producir náuseas, vómitos, diarrea o, por el contrario, bloquear todas las funciones digestivas.

El sistema digestivo es un ser extraordinario que piensa por nosotros sin involucrar a la mente, repara los daños y aguanta todos los malos tratos que le proporcionamos. Y todo eso no lo apreciamos adecuadamente. Las referencias que nos quedan son las sensaciones, las señales que nos envía el cerebro digestivo. Por ejemplo, después de comer podemos sentirnos a gusto, relajados, de buen humor y complacidos con todo, porque la tripa nos transmite este bienestar. Pero puede pasar lo contrario, que nos sintamos llenos, hinchados, con ardor y acidez, dormidos, pesados y, como consecuencia de ello, malhumorados. Tú eliges. ¿Cómo? Aprendiendo a reconocer tu carácter digestivo.

La gente sacrifica un montón de los alimentos importantes eliminándolos de sus dietas para siempre, alimentándose de forma monótona y sosa hasta que llegan a padecer determinadas deficiencias nutricionales. Además, las limitaciones gastronómicas les impiden disfrutar de las comidas en los ámbitos laborales y familiares y esto afecta a su salud psicoemocional. Si no puedes comer de vez en cuando un chuletón o una pasta (sin abuso de la cantidad ni la frecuencia del consumo, por supuesto), significa que tu sistema sufre un trastorno provisional, un error en algunos de sus programas, una avería, que se puede diagnosticar y aprender a controlar.

Si quieres ser un maestro de tu cuerpo y dominar tus digestiones, hay que partir con frecuencia de cero, hacerlo con mucha paciencia y continuidad, y mejor con un asesoramiento o supervisión profesional. Seguramente tengas que dedicar unos cuantos meses de tu atención plena a las digestiones, emociones y a la alimentación. ¡Y de verdad que merece la pena! Te animo a no renunciar dejándote llevar por los medicamentos y las limitaciones, sino a combinarlos con un trabajo más complejo de educación digestiva y alimentaria. Para empezar con tu camino hacia una digestión sana e inteligente, puede servir de gran ayuda la limpieza y desintoxicación digestiva y una dieta corta pero estricta con el propósito de la purificación corporal.

No sabemos exactamente en qué momento de la historia humana se empieza a tratar el tema de las tripas (la función intestinal en particular) como algo tremendamente vergonzoso y poco ético; algo que no merece ser digno de atención y menos de ser comentado en el ámbito social. Las funciones digestivas son asuntos corporales muy íntimos y poco entendibles para nosotros mismos; la digestión tiene su propio curso con múltiples programas internos y de lo que se trata es de que no nos produzca molestia alguna ni recuerdos desagradables. Curiosamente, nos resulta más aceptable y más fácil hablar sobre el sexo, pero no se nos ocurre chismorrear y discutir sobre nuestras digestiones y nuestras defecaciones. En general, nuestra conducta digestiva también sufre la influencia social, educativa y familiar.

-En Egipto, el culto a las tripas y a la higiene intestinal era una parte importante de la vida de los faraones. Existía un cargo prestigioso que era ser guardián del ano del faraón, y el trabajo consistía en soplar agua a través de un tubo de oro con el objeto de limpiar el noble ano después de haber ingerido comidas copiosas.

-En la antigua China tener las tripas hinchadas y sucias significaba ser maleducado y acumular una energía negra y negativa dentro, que no fluye hacia fuera y por eso te hace daño. Sigue siendo la base más importante de la medicina tradicional china.

-En la India, los tratamientos de la medicina ayurvédica apuntan a la limpieza corporal y energética como la raíz de la salud y del equilibrio. La práctica de las purgas, dietas, ayunos y el uso de plantas medicinales para la salud digestiva lleva ya miles de años de historia.

-En la antigua Roma se producían encuentros filosóficos y retóricos en los baños públicos: sus ciudadanos ya sabían que la buena digestión favorece un pensamiento más claro y promueve la inteligencia y el buen humor.

-En Europa, en la época medieval, todos los aspectos de la digestión humana representaban las partes normales de la vida cotidiana.

-Con el desarrollo de la medicina y de la sociedad en general y con el descubrimiento de los antibióticos nos apartamos de los enemas por disponer de pastillas mágicas para todos los males. Bajo la fuerte y compleja influencia del entorno exterior empezamos a identificar las propias entrañas como algo sucio, maloliente, algo que tenemos en común con las bestias salvajes. Expulsar el aire por la entrada o por la salida es de mala educación y hablar de las digestiones y de las defecaciones es de mal gusto.

Desde la niñez recibimos los conocimientos de cómo y dónde hay que realizar las funciones digestivas. A un niño que accidentalmente se hace caca encima o que suelta los gases para divertirse le decimos: “¡Eso no está bien!”, “No puedes hacerlo”.

En general, no nos molestamos ni consideramos esencial explicar a los niños que en realidad es muy bueno y muy importante ir al baño todos los días, y que la caca y el aire tienen que salir; forma parte de nuestra vida, es natural y necesario, y eso les hará crecer y ser limpios y sanos. Sería estupendo que empezáramos a enseñar a los niños a hacer sus necesidades naturalmente cada mañana, a solas en el baño, aclarándoles que no se trata de un acto feo, sino simplemente de algo personal e íntimo que no hace falta compartir. Los niños son divinos, lo captan enseguida y lo hacen muy bien.

A veces, nuestro estilo de vida es muy autodestructivo. Es irónico que, a pesar del desarrollo moderno de la información en relación a los cuidados que debemos tener con nuestro exterior, tanto para mantenernos sanos como “limpios”, le dediquemos muy pocos pensamientos valiosos para tomar conciencia respecto a nuestra sanación y limpieza personal interna.

Si el baño o lavabo de nuestra casa u oficina está averiado, lo lógico es que no lo utilicemos y llamemos enseguida a un fontanero. Ni se nos ocurre entrar en el baño maloliente con caca flotando y agua estancada. ¿Y si no viene nadie a ayudarte? Estoy segura de que en esta situación vas a reaccionar echando un cubo de agua (siempre y cuando con esta maniobra no suba el nivel de este “pantano” estancado), llamando a los servicios de urgencias veinticuatro horas o a algún amigo.

Pero si intentamos aplicar esta solución a nuestras tripas tal cual, no funciona, no descarga los residuos acumulados. Entonces hay que intentar estimularlas por arriba o por abajo sin esperar muchos días. ¿Estamos de acuerdo? Lo único que tenemos que aprender es cómo y con qué hacerlo y que cada uno tiene su carácter digestivo y su sensibilidad a los remedios laxativos.

El estreñimiento (Cuando las heces son duras, poco frecuentes -menos de tres veces por semana- y se requiere de un gran esfuerzo para su evacuación) es un problema personal, emocional, social y también económico (Una de cada siete personas padece estreñimiento).  Y no solamente por los gastos en laxantes y visitas a los médicos, sino también por las consecuencias graves para la salud que supone el estreñimiento crónico y la toxemia corporal que provoca.

El estreñimiento puede ocasionar molestias con el paso de las heces y, si estas son de gran tamaño, pueden romper la membrana mucosa del ano, lo cual puede causar sangrado y la posibilidad de la formación de una fisura anal. Esta condición suele ir acompañada de molestias abdominales caracterizadas por: Una distensión y meteorismo, que implica la acumulación de gases. Saburra lingual, una capa blanquecina que cubre la parte superior de la lengua.  Cefaleas (dolores de cabeza). Halitosis (mal aliento de la boca). Mal olor corporal…  Solamente con una buena alimentación y correcta higiene intestinal (me refiero al tránsito y a la microflora) se puede prevenir el cáncer de colon.

La conexión entre personalidad y estreñimiento resulta interesante. Se ha observado que los individuos con estreñimiento crónico suelen presentar personalidades muy irritables, ser rígidos en sus ideas y conceptos y de convivencia difícil. El intestino estreñido desde el punto de vista psicoemocional es una manifestación extrema de una supresión emocional profunda, un miedo terrible, un control insoportable. Además implica una autoestima baja y, en consecuencia, un perfeccionismo exagerado con metas inalcanzables. Las personas afectadas saben poco sobre delegar, relajarse, dejarse llevar, se sienten siempre muy expuestas a los juicios y a las críticas de los otros; tienden a la hipocondría, la melancolía y la depresión, también pueden ser propensas a padecer un ataque de ansiedad fácilmente, a veces comen compulsivamente, llenándose rápido y con ansias. Las mujeres suelen presentar el estreñimiento crónico más frecuentemente que los hombres. El grupo más representativo está formado por las personas altamente ocupadas y aceleradas, súper controladoras, súper responsables, siempre conectadas y con sus agendas llenas de multitud de cosas importantes o insignificantes. Este tipo de gente dedica su vida al servicio (y control) de todos los que giran a su alrededor, olvidando e ignorando lo básico sobre su propia vida; ellos normalmente conocen bien su malestar digestivo, suelen tener un intestino espástico, las deposiciones muy desordenadas y frecuentemente padecen de hemorroides inflamadas.

E, irónicamente, los hombres, los maridos y parejas de las mujeres estreñidas presentan todo lo contrario: cada mañana van al baño como un reloj, la primera cosa que hacen es «cagar» mucho y con gusto y sin ningún problema, lo hacen religiosamente, a pesar de todas las prisas y tensiones.

¡Queridas mías! Ellos, vuestros hombres, no van a suprimir sus defecaciones con un propósito solidario, ni el gusto con el cual las expulsan; tampoco piensan ocultaron sus perfectas funciones intestinales. No tiene mucho sentido enfadarse; lo mejor es aprender algo de ellos. Os aseguro que los hombres no son más primitivos; pero están más concentrados. Saben centrarse en una cosa a la vez (y no en diez); también suelen filtrar las prioridades y aquellas muy corporales suelen ser preeminentes; son más instintivos y, en general, nunca suprimen el deseo de defecar, sacrificándolo por algunas prisas. Repito, en general; hay excepciones en todo. ¿Y tú? ¿En cuántas cosas a la vez estás pensando cuando estás en el baño? ¿Cuánto tiempo te quedas en el baño para hacer caca?

-Procura tener unos diez o quince minutos para realizar un ritual estable y diario de sentarte tranquila y relajada, mejor con un escalón debajo de los pies; intenta “detenerte” y centrarte en tu tripa, mimarla con un masaje, respirar con el abdomen.

-Quizás tenga sentido levantarse un pelín antes por la mañana, estirar el cuerpo, tomar un vaso de agua caliente o una infusión de poleo; dos cucharadas de aceite de oliva con zumo de limón también pueden ser de gran ayuda para arrancar tus funciones digestivas. Mira esta lista de los alimentos y suplementos que poseen propiedades laxantes y estimulantes del tránsito intestinal:

  • Zumo de ciruelas con su pulpa: ingerir un vaso con el desayuno.
  • Ciruelas pasas (diez frutos secos): cubrir con agua y hervir durante cinco minutos a fuego lento. Se puede tomar todo como postre después de cenar o como merienda.
  • Orejones (unos diez frutos secos): cubrir con agua y hervir cinco minutos a fuego lento. Tomar como postre, aunque puede ser también con el desayuno o la merienda.
  • Zumo de remolacha ecológica: beber un vaso con la cena.
  • Ensalada de remolacha rallada y cocida con aceite de oliva y ajo (no como ensaladilla rusa y sin utilizar la mayonesa): tomar una ración con la cena.
  • Chucrut en zumo (lombarda y col fermentada): comerlas con moderación (dos o tres cucharadas soperas) antes de la cena.
  • Semillas de lino (dos cucharadas soperas): dejarlas en remojo en un vaso de agua durante unas ocho o diez horas, mezclar bien y beberse todo en ayunas (las semillas y el agua). Se puede tomar otro vaso antes de acostarse.
  • Aceite de oliva virgen (dos cucharadas soperas que se mezclan con el zumo de un limón recién exprimido): se toma unos quince minutos antes del desayuno.
  • Pulpa triturada de la hoja fresca del aloe vera (sin la corteza): dos cucharadas soperas antes de cada comida principal.
  • Aceite de lino ecológico: tomar 1 cucharada soperas en ayunas y por la noche (se pueden utilizar 2 perlas de aceite de lino).

-Ordena tu cabeza, sonríe y empieza el día con tu ritual corporal, captando tu mente volátil y fijándola en el “aquí y ahora”. Y así tres semanas seguidas. Notarás la respuesta sin lugar a dudas.

El tratamiento debería ser personalizado e integrado, basado principalmente en una educación del paciente.

El cuerpo es un auténtico tesoro que tenemos a nuestra disposición y que solo funciona a plenitud si se le respeta y se le deja actuar sin agresiones externas que lo desequilibren artificialmente.

Este libro no opone sus datos a la medicina actual tradicional y no sustituye las consultas médicas del aparato digestivo. Pretendo ayudar a los médicos con la educación del paciente sobre el cuidado digestivo.

Espero haberos proporcionado el placer de conocer vuestras entrañas y presentaros todo un nuevo mundo escondido en vuestro cuerpo, despertar vuestro interés y respeto hacia vuestro sistema digestivo, concienciar sobre la alimentación y los hábitos de vida, y, quizás, avanzar en los primeros pasos hacia la salud.

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Un comentario en “INTELIGENCIA DIGESTIVA

  1. Pingback: Inteligencia digestiva | Paula García Pérez (Coach y Terapeuta Holística- Integral)

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