LOS PUENTES DE MADISON

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Si quiere volver a cenar conmigo

“cuando las luciérnagas estén volando”

venga esta noche cuando haya acabado…

a cualquier hora.

«Enero de 1987.

 Querida Caroline: 

 Espero  que  estés  leyendo  esto  con  Michael.  Estoy  segura  de  que  no  podría  leerlo él solo y  necesitará  ayuda  para entender todo esto.

 Primero, y ante todo, sabed  que  os  quiero  mucho  a  los  dos  y  aunque  me   encuentro bien he pensado que ya era hora de poner mis líos (disculpad la palabra) en orden. Después de repasar lo que había en la caja de seguridad estoy segura de que habréis encontrado esta carta. Es difícil escribir esto a mis propios hijos. Podría dejar que desapareciera conmigo, supongo. Pero cuando una se hace mayor los temores  se apaciguan  y  lo  que  realmente  se  hace  cada vez más  importante es que te conozcan. Que te conozcan por todo lo que has sido durante esta breve estancia. Qué triste me parece  abandonar  este  mundo  sin  que  aquellos  a  quienes  más quieres sepan realmente quien eras.

Resulta fácil para una madre amar a sus hijos, no importa lo que ocurra. Lo que no sé es si resulta tan fácil para los hijos,  ya  que  estáis  tan  ocupados  en  estar enfadados  con  nosotros   por   educaros   mal.

Se llamaba Robert Kincaid. Era fotógrafo y estuvo aquí en 1965 haciendo un reportaje para el National Geografic sobre los puentes del condado de Madison. ¿Recordáis que cuando recibimos ese número nos  sentimos  muy  importantes? ¿Recordáis  cuando empezamos a suscribirnos?

Sobre todo  no  quiero  que  os  enfadéis  con  él.  Espero  que  cuando  sepáis  toda la historia, incluso penséis bien de él y le estéis agradecidos. Todo está ahí, en los tres cuadernillos…

Ocurrió durante la semana estatal de la feria de Illinois. Los dos ibais a asistir a ella con papá para exhibir el novillo campeón de Caroline. Os ibais aquel domingo por la noche. YA sé que suena horrible, pero tenía ganas de os marcharais. Estaríais fuera hasta el viernes. Cuatro días. Solo cuatro días…

“…Las cosas cambian. Siempre lo hacen. Son las leyes de la naturaleza. La mayoría de las personas temen el cambio, pero si lo ves como algo con lo que siempre puedes contar, puede ser un consuelo: no hay muchas cosas con las que realmente puedas contar…”.

“…los viejos sueños eran buenos sueños, no se realizaron pero me alegro de haberlos tenido…”.

“…Tenía pensamientos acerca de él, con los que no sabía muy bien qué hacer. Y él leía cada uno de ellos. Todo cuanto yo sentía, todo lo que deseaba, él me lo daba;  y en ese momento, todo cuanto había sabido con certeza acerca de mi misma hasta entonces desaparecía. Me comportaba como otra mujer, sin embargo, era más  yo misma de lo que había sido jamás…”

Robert dormía en la cama. Esa noche la pasé despierta. ¿Qué pasará mañana? Al final de ese día él se marcharía y todo lo nuevo y desconocido, que se había vuelto tan familiar, se desvanecería…”.

Robert: …-¿Qué insinúas?

Francesca: -Solo quiero conocer la rutina, el procedimiento para no perturbar tu vida ¿sabes?

R: -¿Qué quieres decir con rutina? No hay ninguna rutina. ¿Crees que eso es lo nuestro?

F: -Entonces ¿qué es?

R: -¿Crees que depende de mí? Tú eres la que está casada y no tienes intención de dejar a tu marido.

F: -¿Para hacer qué? ¿Largarme con alguien que necesita a todo el mundo pero a nadie en particular? Vamos, ¿de qué serviría?

R: -He sido sincero contigo.

F: -Sí, totalmente. Tienes la costumbre de no necesitar nada y eso resulta muy difícil de cambiar pero… en ese caso… ¿Por qué dormir? ¡No necesitas descansar! ¿Por qué comer? ¡no necesitas alimentarte!

R: -¿Qué estás haciendo?

F: -Pues no lo sé. Es posible que yo no esté hecha para ser una ciudadana del mundo que lo experimenta todo y nada a la vez.

R: -¿Cómo sabes lo que yo experimento?

F: -Te conozco.

R: -¡Oh!

F: -¿Y qué significaría algo así para alguien que no necesita significados y solo se deja llevar por el misterio, que finge no estar muerto de miedo?

R: ¡Acabemos con esto ahora mismo!

F: -Verás… cuando te vayas voy a tener que sentarme aquí  el resto de mi vida preguntándome qué me ocurrió -eso sí ha ocurrido algo-. Tendré que preguntarme si estarás sentado en la cocina de un ama de casa en Rumanía, o en algún lugar contándoselo todo acerca de tu mundo de amigos, incluyéndome en ese grupo.

R: ¿Qué quieres que diga?

F: -Verás… yo no quiero que digas nada. En realidad no necesito que digas nada.

R: -¡Quiero que acabes con esto ahora mismo!

F: -Bien… más huevos o quieres que follemos en el suelo por última vez.

R: -Yo no voy a disculparme por ser quien soy.

F: -No te pido que lo hagas.

R: ¡Y no voy a permitir que me hagas sentir que he hecho algo malo!

F: -No te preocupes, no te voy a hacer sentir nada y punto… Porque te has creado ese papelito en el mundo en el que consigues ser un mirón, un ermitaño, y un amante cuando lo deseas; y los demás debemos sentirnos muy agradecidos por ese breve momento en el que nos tocaste ¡Vete al cuerno! ¡No es humano no sentirse solo!. ¡Y no es humano no sentir miedo!. ¡Eres un hipócrita y un falso!

R: -No quiero necesitarte.

F: -¿Por qué?

R: -Porque no puedo tenerte.

F: -¿Quieres decirme que importa eso?… Robert no lo entiendes, solo necesito saber la verdad. Necesito saber la verdad porque si no me volveré loca. Así que, dime algo, lo que sea. Porque no puedo creer que esto me baste solo porque tiene que ser así. Y no puedo fingir que no siento lo que siento, solo porque mañana se acabe…”

 

F:…-Somos aquello que hemos elegido. No lo entiendes. No lo ves. Nadie entiende que cuando una mujer toma la decisión de casarse y tener hijos, en cierto aspecto su vida comienza pero en otro se detiene. Construyes una vida de detalles y te detienes y te mantienes firme para que tus hijos puedan seguir adelante. Y cuando se van, se llevan tu vida llena de detalles con ellos. Se espera que tú sigas adelante, pero ya ni recuerdas lo que te inspiraba a ir hacia adelante, porque hace tanto que nadie te pregunta, ni siquiera tú misma. Pero nunca piensas que tú vayas a vivir un amor como el que nosotros hemos vivido.

R:  ¿Y ahora que lo tienes?

F: -Bueno… Ahora quiero guardarlo para siempre. Quiero amarte como te amo ahora durante el resto de mi vida. Pero si nos vamos lo perderemos. Y no puedo hacer que desaparezca toda una vida para empezar otra vida. Lo único que puedo hacer es guardar lo nuestro en alguna parte dentro de mí. Y tú tienes que ayudarme.

R: -No nos pierdas. No nos sacrifiques inútilmente. Tal vez te sientas así o tal vez no. Quizá sea porque estás en esta casa, tal vez mañana cuando vuelvan te sientas de otro modo. ¿No crees que eso sea posible?

F: -No lo sé.

R: -Verás, voy a quedarme unos cuantos días más por aquí. Podemos hablar otro día. No hace falta decidirlo ahora.

F: -Robert, no, no hagas eso.

R: -No quiero despedirme en este momento. No hace falta tomar esa decisión. Quizá cambies de idea. Tal vez nos veamos y cambies de idea.

F: -Sí, si eso ocurre, tendrás que decidir tú porque yo no podré…

R: -Sólo lo diré una vez. No lo había dicho nunca. Pero esta clase de certeza solo se presenta una vez en la vida.”

Os quiero de corazón a los dos. Haced lo que tengáis que hacer para ser felices en esta vida. ¡Hay tanta belleza!»

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