LA MAFIA MÉDICA

9788493234928Con más de 25 años de ejercicio de la medicina, Ghislaine Lanctôt nos explica por qué nuestro sistema sanitarios occidental están condenado al fracaso. Nos brinda la oportunidad de recobrar el control de nuestra salud y nuestra vida.

Acceder a lo que nos pertenece por derecho -prosperidad, salud y vida ilimitada- significa liberarse del miedo, escuchar el alma e instaurar nuestra soberanía interior. Mi objetivo no es convencerte sino informarte. Solo debes seguir a un maestro: tu Yo profundo.

“Para realizar mi sueño hice la carrera de medicina. Durante varios años estuve convencida de seguir el buen camino. La realidad me demostró lo contrario: los pensamientos y emociones, esos invisibles impalpables traidores, boicoteaban insidiosamente mi riguroso trabajo científico. Entonces me volví hacia la salud global. Descubrí los beneficios de las medicinas suaves y de las terapias naturales. No obstante, la gente seguía sufriendo y muriendo ¿Por qué? No sabía dónde buscar, así que buceé en lo más profundo de mi misma ¡Ahí estaba esperando la salud ilimitada!.”

¿Cómo se encuentra la mafia médica? Omnipotente: 1. Ha eliminado toda competencia. A los investigadores se les orienta hasta el punto de que los disidentes son encarcelados, maniatados y reducidos al silencio. 2. Las autoridades y medios de comunicación se ocupan de alimentar entre la población el miedo a la enfermedad, a la vejez y a la muerte. 3. Se irradian los alimentos, la leche se pasteuriza; se modifican los genes; el agua está contaminada y el aire envenenado. Los niños reciben 35 vacunas antes de ir a la escuela. Toda la familia está tiesa: el padre, con Viagra; la madre con Prozac; el niño, con Ritalin. Su seguridad, su normalidad y su felicidad quedarán garantizadas muy pronto gracias a la implantación de un microprocesador, como el que se les pone a los animales. 4. Los costes suben y los servicios bajan. El sistema sanitario naufraga en un profundo caos del que solamente podrá sacarlo la privatización. O sea, no hay que preocuparse, la banca va a rescatarlo; es decir, los mismos que han concebido, orquestado y hecho naufragar la Seguridad Social.

EL PROBLEMA: UNA MEDICINA DE ENFERMEDAD

La medicina que practicamos es cara y ya no podemos permitírnosla. Además, deja descontentos a todos: pacientes, médicos y gobierno. Un sistema de salud con una medicina de enfermedad llamada “científica” que considera al ser humano como una máquina y no trata sino los síntomas -las consecuencias de la enfermedad- más bien que la causa, hace al paciente dependiente. Es muy poco el dinero que va a la salud. Todo va a la enfermedad. Una medicina de enfermedad pone enfermo y cuesta cara.

Un síntoma es la manifestación física de un problema más profundo que no está a la vista. Nuestro organismo es una máquina maravillosa que se ajusta a cualquier condición a la que se le someta sin decir nada salvo cuando se le desborda; entonces aparece el síntoma. El lenguaje del cuerpo. ¡Vaya suerte! El síntoma, como la punta del iceberg, es importante. Nos advierte de que algo no va bien ahí dentro. Arrancar la punta del iceberg no soluciona nada. Cuando tratamos los síntomas no ayudamos en absoluto a nuestro cuerpo y menos aún si lo atiborramos con medicamentos. Por no hablar de la cirugía. Con cada intervención, química u otra, desequilibrios aún más el organismo que se mantiene a duras penas. Destruimos nuestra salud. Caemos enfermos. ¿Por qué actúan así los médicos? Porque es lo que se les ha enseñado. Se les ha enseñado la enfermedad y el respeto a los dogmas científicos.

Que no se vea el problema no quiere decir que no exista. Yace en la profundidad. Somos producto de una civilización materialista y lo que queremos son soluciones rápidas para nuestras molestias físicas. Eso es lo que esperamos de un médico y eso es lo que nos dan. La medicina también es materialista en su concepción y no reconoce, en nombre de la sacrosanta ciencia, más que lo que se ve, se toca o se mide. Fuera de eso, nada existe. Para la medicina científica una persona es solo un cuerpo físico y visible sin pensamientos y emociones, sin conciencia. La medicina niega la esencia misma del ser humano: El espíritu. Ahora bien, la enfermedad siempre surge de las profundidades para manifestarse en la superficie.

Un problema sin resolver sale caro ya que reaparece constantemente. A veces el problema se camufla, pero en cada oportunidad seguirá gritándonos pidiendo atención y socorro. Cada vez gritará más fuerte mientras nos empeñamos en hacerlo callar con medicamentos también cada vez más fuertes. Así hasta que el cuerpo no puede más y explota. Entonces llegan las prisas, al hospital, la cirugía, las interminables pruebas. ¡Qué pesadilla!

LA SOLUCIÓN: UNA MEDICINA DE SALUD

Si el problema lo planteó una medicina de enfermedad, la solución se encuentra en una medicina de salud. Ahora bien, la medicina de salud trata la causa de las enfermedades y las previene. Así pues, basta con poner el énfasis en la salud y resolver los problemas que causa la enfermedad. Tendremos como resultado un sistema médico equilibrado y un 50% más barato que la actual con pacientes autónomos y responsables. Todo el mundo quedará satisfecho. La solución es en sí es sencilla, evidente y atractiva ¿Por qué no la llevan a cabo las autoridades? ¿Por qué hacen más bien lo contrario?

Si pacientes y facultativos están descontentos, alguien tiene que estar contento para que el sistema se mantenga. ¿Quién es, pues, el que ha creado este sistema y lo mantiene? Con certeza quienes le sacan provecho. Y es la industria la que obtiene los grandes beneficios y quién mantiene el establishment, el cual a su vez mantiene al médico y paciente prisioneros de un sistema de enfermedad. De manera oficial, en la ilusión, el sistema está a las órdenes del paciente pero, de manera oficiosa, en la realidad, el sistema está a las órdenes de la industria que mueve los hilos y mantiene un sistema de enfermedad para su propio beneficio. Esto es la mafia médica.

La enfermedad, es el cuerpo que manifiesta su desacuerdo con el alma. No están en la misma longitud de onda, hay desarmonía que bloquea la transmisión vibratoria de nuestro espíritu impidiendo su expansión por todo el cuerpo. La enfermedad es la manifestación física de un trastorno más profundo. La enfermedad es el lenguaje del cuerpo diciéndonos que se siente desgraciado física y moralmente. Si queremos obtener un beneficio de la enfermedad, debemos considerarla como una aliada a la que hemos recurrido para reajustar el tiro, aproximándonos al objetivo. Esto quiere decir que somos los responsables de nuestra enfermedad, inconscientemente, nos hemos conducido de manera tal que se ha presentado. Esto quiere decir que somos los dueños de la situación y no víctimas de acontecimientos o agentes exteriores. Nos hemos extraviado en alguna parte y queremos recuperar nuestro camino, el sentido de nuestra vida, motivo por el que estamos en la tierra.

¿Cuál es el origen de tu enfermedad? La información está ahí. Dispondrás de todo el tiempo del mundo para pensar en ello durante tu convalecencia. Pensar en los motivos profundos de tu trastorno, lo que te ha forzado a parar. Tal vez te dé miedo. ¿Miedo de qué? Miedo al cambio. El cambio al que temes que rechazas, que evitas… Hasta que te pones enfermo. ¿Prefieres quedarte en la cama antes que enfrentar la verdadera situación? Acusas a la mala suerte, al cielo, al jefe, al mundo, a cualquier cosa excepto a ti. Vas al médico, a callarte el dolor, luego olvidas la verdadera razón que te ha hecho caer enfermo. ¿Estás dispuesto a quedarte medio bien medio o medio mal antes que hacer frente a los problemas reales subyacentes porque te molesta y perturba tu seguridad? ¡Hablemos de Seguridad! ¿Por qué soportas tantos males por ella? ¡Si es una ilusión!.

La medicina científica se basa en la física materialista de Newton: A tal causa, tal efecto. Tales síntomas procedentes de tal enfermedad y requiere tal tratamiento. Esta medicina solo reconoce lo que se ve, se toca o se mide; solo los test detentan la verdad. Esta medicina niega automáticamente la existencia de los cuerpos invisibles, al igual que toda conexión entre las emociones, el pensamiento, la conciencia y el estado de salud del cuerpo físico. Cuando se la importuna con algún problema de este tipo, esta medicina le cuelga la etiqueta de “psicosomático” al paciente y lo remite a su casa con “pastillas para los nervios”. Para esta medicina, la enfermedad siempre está originada por algún agente externo o agresor al que hay que combatir. Es una medicina de guerra, dotada con un arsenal de ataque y un vocabulario militar. Como la guerra, la medicina científica es devastadora  (la paliza a base de fármacos a la que se le somete, desconecta al paciente de su alma y le priva de vivir su enfermedad con lo que ya no puede curarse y permanecerá definitivamente dependiente de una camisa de fuerza de fármacos), sumamente cara y no soluciona nada. La medicina científica debería utilizarse solo como último recurso, cuando todo lo demás ha fracasado; en el diagnóstico como en el tratamiento. Excepto en las urgencias, es evidente.

Al contrario de la medicina científica, que trata la enfermedad, las medicinas no agresivas tratan al enfermo. Conoce la importancia del organismo (estado general de salud) y practican una medicina orientada a reforzar las defensas. Su objetivo es limpiar y sanear el organismo del paciente de manera que pueda defenderse contra cualquier agente perjudicial. En general estas medicinas no inducen efectos secundarios y están hechas a medida para cada paciente ya que, la causa del problema difiere de un paciente a otro. Actúan más lentamente, pero son mucho menos costosas que la medicina científica y, sobre todo, resuelven los problemas de profundidad. Liberan a los pacientes y les animan a ser autónomos y responsables.

La medicina holística considera al ser humano como un holograma, es decir, como un todo en el que cada una de las partes contiene la información del conjunto. Los diferentes cuerpos son interdependientes, por lo que tratar a uno implica la mejoría de los demás. Cuando se restablece la salud del órgano afectado se corrige también el desequilibrio que ha generado en el resto del organismo.

La verdadera medicina complementaria existe. Es la que reúne alrededor de la misma mesa al paciente, a los terapeutas y al médico. En este caso el paciente conduce la discusión junto con sus consejeros y toma las decisiones -bien informado- decidiendo sobre la estrategia de su tratamiento o no tratamiento. Estos pequeños grupos de colaboración multidisciplinar ya son cada vez más numerosos. Memoriza que el verdadero médico es el paciente. El papel del médico consiste en informar y acompañar al paciente en su elección.

El enfermo es el único que puede curarse. Nadie puede hacerlo en su lugar. La autosanación es la única medicina que cura. Cualquier otra medicina solo es una ayuda complementaria en el trabajo del paciente sobre sí mismo. La autosanación trabaja en el alma que es la base del iceberg. Es decir, que resuelve el problema desde su base, de una vez por todas. La sanación es el proceso de transformación de la conciencia. Es el director de orquesta dormido que se despierta y recupera el control de sus músicos para hacerlos vibrar en armonía con la luz.

DETENER EL CÍRCULO VICIOSO DE LA ENFERMEDAD: ¡STOP!

La gran enfermedad del alma: La sumisión. La sumisión es la prisión de la conciencia. La encierra. Engendra víctimas impotentes infelices a merced de otras personas y de las circunstancias exteriores. Soportamos las circunstancias en lugar de dominarlas. Dejamos que los demás piensen por nosotros haciendo nuestras sus decisiones. Permitimos al miedo invadir la casa y amordazar la conciencia. La sumisión es impotencia y desesperanza. Nos desconecta de nuestra esencia y de nuestra profunda aspiración a la superación. La sumisión nos reduce a robots, a máquinas serviciales, a mercancías rentables. Nos sustrae funciones superiores como la conciencia y la voluntad. Es un atentado directo contra nuestra dignidad humana. La sumisión es la gran causa de la enfermedad. Paradójicamente, el sistema estimula la sumisión. La peor forma de sumisión que se le puede imponer a un pueblo es la asistencia. Todos somos asistidos. El seguro de enfermedad, el subsidio de desempleo, el seguro de vida, el seguro de trabajo, los fondos de pensiones, el bienestar social, los impuestos, las tasas; todas estas medidas nos convierten en amparados de las autoridades, que tienden a hacernos creer que somos incapaces de asumirnos.

La gran enfermedad de los cuerpos invisibles: El miedo. Miedo de perder lo que tenemos; miedo de no tener lo que queremos. Del pasado, del presente y del futuro. Miedo a que nos roben, a ser violado, condenado, ridiculizado. Miedo al fracaso, a perder el empleo. El miedo es la cesta de todas las emociones. Las contiene todas. El miedo paraliza la conciencia. Los miedos de comunicación siempre hablan de lo mismo. Nos imponen el miedo: Hay de que tener miedo. El miedo inmoviliza, congela. Es el vehículo de la enfermedad.

La gran enfermedad del cuerpo visible: La pobreza. Es la madre de todos los males. Engendra todas las penurias. Y cada día todos nos empobrecemos un poco más.

Es el círculo vicioso de la enfermedad: Sumisión, miedo, pobreza, sumisión…

EMPEZAR EL CÍRCULO ARMONIOSO DE LA SALUD: ¡ADELANTE!

La salud del alma: La soberanía. Una persona soberana es la autoridad suprema de su vida. Se permite pensar, sentir y actuar a partir de sí misma y no en función de los demás. Ejerce su poder interior, no se somete al poder externo de las autoridades. Se respeta y respeta a los demás. Tienen fe en sí misma, en los otros y en la humanidad. Controla plenamente su vida, al igual que sus pensamientos y emociones. Es completamente autónoma y responsable. Es ilimitado y derrocha creatividad. Se ama, ama los demás y ama la vida. El miedo no tiene influencia sobre ella e irradia salud. Es fácil estimular la soberanía en los individuos. Basta con recordar nuestra esencia divina para comprobar que somos capaces.

La salud de los cuerpos invisibles: El amor. Cuando dejamos de hablar de seguridad y protección (dos ilusiones irrealizables) desalentamos el miedo. Cuando creamos lazos entre los individuos favoreciendo que se conozcan, que se aprecien y ayuden, estimulamos el amor. No es difícil: ¿a qué esperas? Por desgracia las autoridades incitan a la competición, al odio, la desconfianza, al “yo a lo mío”. Nada de ello es favorable para la salud.

La salud del cuerpo visible: La prosperidad. La soberanía individual asegura la prosperidad y la abundancia. Sintonizar con la longitud de onda de nuestra divinidad interior nos garantiza la verdadera y única seguridad: La confianza en nosotros mismos, que nadie podrá quitarnos.

Es el círculo armonioso de la Salud: Soberanía, amor, prosperidad, soberanía…

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Sabemos que cuanto más oculto está un problema, tanto más fundamental es. Por tanto debemos establecer una jerarquía de prioridades para encontrar su solución, yendo desde lo más profundo a lo más superficial. Ése es el orden natural.

La acción prioritaria si orientará hacia la soberanía del alma, obedecer a su conciencia (medicina de la sanación). Paralelamente, dedicaremos todos nuestros esfuerzos a restablecer la salud de los cuerpos invisibles: Deshacerse de los miedos y aprender el amor a uno mismo (medicinas alternativas). Por último, debemos cuidar nuestro cuerpo físico: Alimentación, higiene, desintoxicación, condiciones ambientales…

A menudo será necesario utilizar tratamientos que mezclan ambos tipos de medicina y precisan del buen hacer profesional tanto de los médicos convencionales como de los alternativos. Mayor motivo para un conocimiento mutuo de ambas prácticas. Por regla general los casos que requieren tratamientos de medicina científica son los traumatismos y las urgencias, pero solo provisionalmente, durante la crisis aguda. Recurrir a la medicina científica en la prevención es tan devastador como la defensa armada. Es cómo matar una mosca de un martillazo: No siempre se mata a la mosca ¡pero siempre rompemos el cristal!

La mafia medica agoniza porque la concienciación de la gente se va generalizando. La información que antes se ocultaba ahora es pública. Las medicinas no agresivas ganan popularidad. Se cuestiona la autoridad de las autoridades; si no fuera por el miedo, estarían indefensas. La mafia médica se desplomará como un castillo de naipes en cuanto un 5% de la población pierda su confianza en ella. Entonces le concederemos a este asunto un lugar en la historia de la evolución de la humanidad y, simultáneamente, comprobaremos que la mafia médica es una necesidad evolutiva.

El ser humano deja de sufrir cuando recobra su salud y toma conciencia de que es un espíritu creador e ilimitado. Comprendido que los dos componentes de la dualidad, el espíritu y la materia, forman uno solo. Son inseparables. En este momento asume su indivi-dualidad. Ya no hay más división, ni bien ni mal, solo divinidad que realiza la fusión de los opuestos. Encuentras la paz interior. Acepta su grandeza y omnipotencia divina. Como creador, es el único responsable y garante de sus creaciones. Se comporta como un ser divino en todos sus pensamientos, sus palabras y sus actos. Libera el espíritu en la materia.

¿Qué vas a hacer? Puedes elegir entre las siguientes opciones:

-Me niego a ver la mafia médica, y me atonto a base de pastillas mientras envejezco y muero.

-Veo la mafia médica, y protesto, la combato, resisto, me agoto y muero.

-Veo más allá de la mafia médica, me reconozco en ella, la amo y la bendigo.

Quizás la única enfermedad propiamente humana sea el olvido de uno mismo. Y es por amor a ti mismo por lo que has creado la mafia médica, para que te recuerde quién eres, el único creador de tu enfermedad y tu sanación. Ahora recuerdas… ¡La mafia médica es una bendición!

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