DE LA FORTUNA DE LA AMISTAD

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Tú, ya eres en presente… Ojalá pudieses verte a través de mis ojos y entonces jamás volverías a dudar. De una sensibilidad tan preciosa que conmueve. Y de una fuerza para sostenerte que lejos de menoscabar, empodera a todo el que está a tu lado. Gracias por tu sabiduría. Por la magia en cualquier espacio que compartimos: virtual, real, imaginario, onírico… Por tu capacidad para emocionarte y emocionarme, y que tanto admiro. Lo vi en tus ojos el primer día. Por traspasarme la piel.

Gracias por regalarme tanta belleza y por la fortuna de esta amistad. Tú, siempre en mi mundo de las ideas. Se llama…

AMISTAD. En primer lugar, definiremos la amistad a partir de conceptos tradicionales que, en la actualidad, siguen siendo de uso corriente en el entorno social. La confianza y la comprensión mutuas, la empatía, la sinceridad y la fiabilidad desempeñan un papel importante. Sin embargo, el acento no recae por igual en todas ellas: ¿Debe ser la amistad para toda la vida? ¿Es lo mínimo a lo que deben aspirar los amigos? ¿O están tácitamente de acuerdo en que solo puede tratarse de una relación temporal? ¿Hay que insistir en la independencia de la relación con respecto de la familia? ¿O es evidente que los amigos son parte de la familia?

Uno de los presupuestos básicos para que surja la amistad es, evidentemente estar dispuesto a ello: la actitud con la que el individuo se abre a ella. Lo especial de la amistad es que puede ser materia de libre elección. La elección puede ser activa y acercarse al otro ex profeso; pero también puede muy bien ser pasiva y hacer que el acercamiento del que puede surgir la amistad tenga lugar simplemente sin intervención alguna.

Ciertas emociones inconscientes y ciertas reflexiones conscientes están implicadas en la misma medida, aunque lo determinante es el agrado mutuo. Los nuevos amigos reaccionan ante el carisma del otro, se resultan mutuamente interesantes, simpáticos, dignos de confianza, encantadores, admirables, de manera que nace en ellos el deseo de conocerse más íntimamente. La relación tiene lugar porque los amigos observan en el otro sus semejanzas (“Dios los cría y ellos se juntan”), o, por el contrario, encuentran atractivos los intereses distintos y las grandes diferencias (“Los polos opuestos se atraen”).

A diferencia del amor, que puede ser unilateral, esta relación está caracterizada por la reciprocidad porque, de lo contrario, no sería amistad. Asimismo, es fundamental para esta relación recíproca una gran benevolencia mutua, y es indispensable que dicha benevolencia sea evidente, porque no tendría ningún sentido querer bien al otro en secreto y que éste no supiera nada de ello. Solo si la benevolencia se reconoce con toda claridad, el otro podrá responder, por su parte, en la medida en que se sienta aludido.

Según dice Aristóteles en la Ética a Nicómano, se distinguen tres tipos:

  1. La amistad por placer se entabla por la sensación de placer que se transmiten los amigos recíprocamente. No se profundiza en nada que pudiera empañar la sensación de bienestar y, por ello, se renuncia a exteriorizar el propio interior. Si la meta de esta relación es exclusivamente la obtención de placer, puede convertirse en un problema porque el placer es un bien caprichoso que hoy existe y mañana no. Aportar solo por el principio del placer hace que la relación sea propensa a decepciones, lo que la convierte en el tipo más superficial de amistad.
  2. Un segundo tipo de amistad se basa en la utilidad que los individuos esperan uno del otro. ¿Deberíamos hablar de amistad en el caso de la amistad por interés? En las llamadas amistades de ayuda, la utilidad mutua consiste en prestarse un auxilio práctico en la vida. La utilidad se manifiesta de manera franca en el caso de los amigos y socios en los negocios que, también al margen de los negocios, se entienden bastante bien, se comunican de manera poco complicada y, precisamente por este motivo, pueden hacer buenos negocios juntos. A parte de esto, no solo es de utilidad el beneficio material, sino que, desde siempre, lo ha sido también el prestigio social que puede gozarse al tener amistad. Aferrarse al interés no es siempre especialmente placentero, sino que, por el contrario, produce a menudo bastantes “dolores de cabeza”. Siguiendo cierto curso inevitable de las cosas, el individuo siente más tarde o más temprano que se aprovechan de él, que se le trata mal y que se le utiliza.
  3. El tercer tipo de amistad, que ya Aristóteles contempló y que probablemente los individuos de todos los tiempos consideren digno de esfuerzo, es la amistad verdadera. Es la única que tiene al amigo o a la amiga no solo como un medio para el fin egoísta del placer o del interés, sino también como un fin en sí mismo. El placer y el interés no están excluidos en manera alguna, pero la verdadera amistad no es una simple relación con un propósito, sino que, más bien, contiene en sí misma el propósito: querer sin más a los otros y estar a gusto con ellos. El interés propio, estrecho de miras, da un paso atrás a favor de esta relación empujada por el deseo de caminar por la vida con el otro y “convivir” con él en un sentido, las más de las veces, anímico-espiritual y, rara vez, físico-espacial. Esta relación se caracteriza por el placer en absoluta libertad del uno en el otro, por el afecto y la simpatía recíprocos y permanentes: “porque él es él, porque yo soy yo” (Michael Montaigne). Los amigos se conocen tan bien y mantienen un contacto tan estrecho que los demás no pueden interponerse entre ellos. El verdadero amigo tiene un lugar fijo en el núcleo del yo, en su “corazón”. Incluso sin hablar y sin estar presente, el otro tiene una voz en el yo. Unas veces es un remanso de paz; otras, un foco de agitación; siempre, un fuerte punto de referencia. En la verdadera amistad, se está dispuesto a conceder al otro privilegios que no se les concede a los demás, a cultivar su trato sin cálculo alguno, a ponerse en su lugar de buen grado y a compartir sus sentimientos sin otro motivo que el que representa la propia amistad. En la verdadera amistad ni siquiera se exige la reciprocidad: la cuenta pendiente de favores puede esperar todo el tiempo del mundo porque, de todos modos, a lo largo de la vida se saldará por sí misma.
  4. A parte de esto, una novedad del siglo XXI es un tipo de amistad que Aristóteles no pudo prever. La amistad virtual se desarrolla a gran escala en internet, en ese espacio, producto de la creación técnica, que fascina a muchos porque se trata de un ámbito de posibilidades ilimitadas que, por así decirlo, transmite una experiencia trascendente: el hecho de no tener que llevar una simple existencia, sino de poder vivir más cerca del ser que es, esencialmente, un ser posible. Lo que cuenta es la multitud de contactos: no uno o unos pocos, sino el máximo número posible con los que, en casos concretos, solo se contacta una o muy pocas veces. El número de contactos debe demostrar a los espectadores la importancia que ya tiene el yo para otros que, de manera pública y patente, le otorgan el título de “amigo”. Los participantes no tienen que conocerse en carne y hueso, pueden escudarse tras cualquier identidad, y, por esto mismo, no estamos necesariamente ante una relación de persona a persona.

Sería de desear -por lo menos para uno mismo-saber de qué clase de amistad se trata en cada caso y qué se espera de ella. De manera digital o analógica los amigos pueden, en todo caso, ponerse juntos en camino hacia una vida bella y plena, y experimentar, en muchos aspectos, la fortuna de la amistad.

LA FORTUNA QUE PUEDE HALLARSE EN LA AMISTAD garantiza que el individuo no se encuentre solo ni en la fortuna ni en el infortunio:

  1. Fortuna es ya la sola existencia del amigo: el mero hecho de que él exista. La fortuna comienza con el encuentro. ¡Qué sensación de felicidad saber que hay alguien que me tiene en mente, alguien a quien no le da igual si existo…! Da una gran seguridad en la vida que el otro, aunque no esté presente, esté junto a mí anímica y espiritualmente, poder recurrir a él en todo momento, poder sentirme bienvenido junto a él, y él, por su parte, junto a mí. La fortuna es el resultado de un esfuerzo persistente y necesario para llenar de vida la relación.
  2. Fortuna son también las gratas experiencias conjuntas, los muchos momentos maravillosos que comparten amigos y amigas, y que constituyen la dicha de la sensación de bienestar. Las experiencias gratas pueden resonar en ellos largo tiempo: muchas de ellas, toda una vida. Mirando hacia atrás, es muy apetecible rememorarlas, es más, nadie quiere pasar por alto incluso episodios problemáticos. De esta manera se asegura la cohesión: la continuidad a través de todas las experiencias fortalece la relación y la dota de sentido.
  3. Fortuna son los sentimientos recíprocos que se experimentan con intensidad, la cercanía interior y el mutuo contacto afectivo que dotan la amistad de un sentido espiritual. Con mucha frecuencia se trata de una emoción de fondo inconsciente y, sin embargo, en activo: me hace constantemente feliz conocer a alguien que siente algo por mí y yo por él, que me comprende y a quien comprendo, con quien disfruto de privilegios que él, por su parte, disfruta conmigo.
  4. Fortuna es el diálogo constante entre dos del que surge el sentido intelectual mediante la asociación siempre nueva de ideas y la elaboración gradual de los pensamientos que se realiza al hablar. Nos referimos, por un lado, al diálogo real en interacción directa o indirecta a través de medios de comunicación como la carta, el teléfono o internet. El diálogo real es indispensable porque ofrece la posibilidad de mantenerse mutuamente al tanto de lo que le pasa al otro y comprender sus experiencias y sus cambios. Por otro, nos referimos a la interacción del diálogo imaginario mental bien sea estando juntos pero en silencio, bien, separados, mediante una especie de telepatía: sin ni siquiera estar con mi amigo, oigo su voz en mí.
  5. Fortuna son las interpretaciones comunes que se hacen tanto en el diálogo imaginario como en el real. Los amigos se ayudan no solo a valorar lo mejor posible las cosas, las personas y las situaciones, sino también a tratarlas de la mejor manera.
  6. Fortuna es la franqueza de los amigos en el trato mutuo. Considerar a alguien como tu mejor amigo no tiene que estar siempre vinculado a una proximidad emotiva, sino a un trato abierto y franco. Precisamente en esto radica el sentido de la verdadera amistad. Los amigos pueden confiarse todo y no tienen nada que temer el uno del otro: con más crudeza que en una relación amorosa pueden decirse la verdad a su leal saber y entender. Poder hablar con alguien de todo, incluso de lo íntimo y delicado, es de un valor incalculable y, muchas veces, basta solo un silencio elocuente.
  7. Fortuna es la visión que, desde fuera, tiene el amigo de mí. Con franqueza pone sobre el tapete cómo me ve, y su visión se imprime en mí de tal manera que me puedo ver desde fuera. Amplía mi horizonte cuando se vuelve estrecho, y aporta pensamientos y puntos de vista que yo no había tenido en cuenta.
  8. Fortuna es la plenitud total de la vida que experimentan los amigos. La plenitud de la vida está compuesta por momentos espléndidos y por otros por los que hay que pasar. Fortuna es huir y refugiarse junto al amigo cuando algo en la vida sale mal. Haber dicho una tontería tampoco es, entre amigos, motivo de reproches: es, más bien, causa de diversión. Los amigos pueden confiarse sus miedos y así quitárselos de encima y no tener que seguir reprimiéndolos.
  9. Fortuna es también poder ser infelices juntos. El amigo no tiene que intentar disuadir al yo depresivo de la melancolía motivada por los infortunios de la vida, sino que lo importante es estar en cuerpo y alma junto a él.
  10. Fortuna es, no en último término, la vida más allá de uno mismo a la que, de fortuna mutua, se ayudan los amigos. Simplemente estando juntos, a veces pasan las horas, sin que nos demos cuenta, el tiempo se diluye y es posible cruzar de manera extraordinaria los límites de la vida ordinaria. La relación mutua se eleva sobre lo finito de cada uno: es un elemento de la trascendencia.

A pesar de toda trascendencia, en la banalidad de la vida cotidiana surgen, sin embargo, PROBLEMAS QUE PUEDEN HACER PELIGRAR LA AMISTAD.

Los amigos pasan periódicamente por fases de cercanía y de alejamiento. Si, en el caso de un progresivo distanciamiento, se perdieran de vista, la cercanía puede recuperarse potenciándola: esos nuevos impulsos para la relación pueden surgir al demostrarle afecto y cariño a esa persona en quien pienso, para quien tengo tiempo y con quien hablo. Precisamente los amigos pueden sentirse muy cercanos estando distanciados. En la distancia todos encuentran la libertad necesaria para la regeneración, pero tan variada como la fortuna de la amistad pueden serlo también sus problemas:

  1. Los problemas surgen por falta de atención: es más, un descuido involuntario resulta por sí solo suficiente. Puede tratarse de no participarle al amigo una información por considerarla de poca importancia y que, no obstante, le llegue indirectamente haciendo que germine en él la sospecha de que la relación no era de tanta confianza como había pensado. Si no me entero, o me entero de algo, pero con cierto retraso y, además, más tarde que los demás, empiezo a dudar de la amistad.
  2. Los problemas surgen por una crítica al amigo que a veces es del todo pertinente. La libertad que caracteriza a la amistad también hace posible decir la verdad: eso sí, ¡la de cada uno!.
  3. Los problemas surgen cuando las diferencias se van incrementando de manera progresiva. Nos referimos a diferencias de carácter, actitudes, de estilo de vida, de puntos de vista, de opiniones y de juicios.
  4. Los problemas surgen por desigualdades progresivas -que al principio no existían o que, durante mucho tiempo, no importaron- en asuntos como la formación, la posesión, la afiliación. Si uno va de éxito en éxito, al otro no le agrada necesariamente un amigo al que solo hay que aplaudir y que, sin querer, le recuerda su propia falta de éxitos.
  5. Los problemas surgen de una sobretensión de la amistad en dos sentidos diferentes: por un lado, el hecho de que uno colme al otro de tantos favores que éste se vea obligado a darle constantemente -o, incluso, siempre- las gracias, constituye un lastre para la amistad, porque ¿cómo podría compensarle por tantas cosas? Por otro lado, ocupar continuamente al amigo con problemas personales acaba en que éste tenga la impresión de haberse convertido en un vertedero de escombros.
  6. La cuestión del dinero en la amistad puede llegar a ser un problema: no tanto en el sentido del habitual y candente tema del reparto de bienes y cargas, sino más bien una cuestión ad hoc. Solo un código de honor autoimpuesto, un acuerdo claro y su seguro cumplimiento pueden preservar a los amigos de tomarse las cuestiones de dinero a la ligera.
  7. La cuestión del sexo en la amistad puede llegar a ser un problema: no el sexo entre los propios amigos, sino los actos posibles o reales con terceras personas con quienes el amigo tiene ya una relación o por quienes él está interesado.
  8. Otro problema de la amistad es la cuestión de poder: poder entendido como la posibilidad de influir sobre algo o alguien. La amistad no puede estar completamente libre del influjo del poder, sin embargo, respetar la autodeterminación del otro y no querer decidir por él es la piedra angular de la ética de la amistad.
  9. Un problema casi imposible de resolver es la cuestión de la lealtad: la manera amistosa de exigir fidelidad y sancionar la infidelidad que, a veces, aparece mezclada con la cuestión de poder. “¡Si no estás ahora de mi parte, es que no eres mi amigo!”, esta amenaza -explícita o tácita- pende sobre los amigos.
  10. De más fácil solución es, por el contrario, el problema de la amistad virtual que se produce como consecuencia de ponerse a confeccionar alegremente listas y a agregar cada vez más cantidad de “amigos” en las redes sociales de internet. Por un lado, protege de la soledad, por lo menos de manera superficial, pero por el otro, pone en evidencia una nueva soledad online, porque muchas de esas amistades no pasan de ser virtuales.

¿Y cuándo se acaba la amistad? Aristóteles propuso que quienes fueron una vez amigos deberían “mantener el recuerdo de la intimidad de la que gozaron”.

Si la amistad no se cultiva puede “quedarse dormida” sin tener que desaparecer del todo. Puede, incluso, reposar durante largo tiempo y, a raíz de un encuentro, recuperarse y reavivarse sin problemas ni fisuras. Si la ruptura se alarga, la amistad puede reactivarse si uno se acerca al otro y le muestra clara y persistentemente su interés y su afecto.

¿De dónde viene esta fortuna cuando viene? ¿A dónde se va cuando se va?

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