PAPÁ, ¿DÓNDE SE ENCHUFA EL SOL?

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Como a todos los niños, a Laura le encanta hacer preguntas. Tanto, que durante que durante muchas noches ella y su padre, el divulgador científico Antonio Martínez Ron, jugaron a un juego que consistía en resolver las dudas que ella tenía sobre el mundo. Durante muchas noches, cuando Laura tenía entre 4 y 9 años, jugaron a este juego antes de dormir. Las preguntas eran tan divertidas y variadas que un día decidieron apuntarlas en una libreta para poder leerlas en el futuro, cuando ella fuera mayor. Luego se les ocurrió que con ellas podían hacer un libro que sirviera a otros padres y otros niños para jugar a su juego y para hacerse más y mejores preguntas que las suyas. Papá, ¿dónde se enchufa el sol? contienen buena parte de aquellas preguntas originales que Laura hizo a su padre, y muchas de las respuestas con las que él intentó saciar su curiosidad.

Papá, ¿tú lo sabes todo?
Papá, si la Luna no tiene alas, ¿por qué vuela?
Papá, ¿por qué nos comemos a los animales?
¿Qué es el vacío, papá?
¿Por qué existen los rinocerontes y no los unicornios?
Papá, ¿podemos saber de dónde viene el aire?
¿Y nuestras lágrimas son saladas porque son agua del mar?
¿Se pueden desmayar los animales?
Oye, papá, ¿y los caracoles creen que nosotros vamos a cámara rápida?
Papá, ¿El meteorito que mató a los dinosaurios no le dio a los pájaros?
Papá, ¿cuál es el número más grande que existe?
¿Por qué el corazón que dibujamos es tan distinto del de verdad?
Y papá, ¿por qué se dice “cargarse de miedo”, de verdad te haces caca?
Oye, papá, ¿y por qué la caca es marrón?
¿Puede que nosotros seamos las hormigas de otros gigantes que no vemos?
Papá, ¿por qué la aguja del reloj gira hacia la derecha?
¿Y quién decide lo que dura un minuto?
¿Y por qué nos morimos, papá?
Papá, ¿por qué tengo el hueso del culo tan duro?
Papá, ¿y tenemos alma?
Papa, ¿Por qué nos reímos si nos hacen cosquillas?
¿Para qué sirve la risa?
Oye, papá, ¿y por qué de mayor no recuerdas nada de cuando eres pequeño? Para mi es como si no lo hubiera vivido.
¿Y dónde van esos recuerdos?
Oye, papá, ¿y para qué sirve hacer preguntas?

No están todas las que Laura le hizo, que fueron muchas más, ni ella se durmió tan rápidamente como en esta historia, pero la esencia está recogida aquí. Por supuesto, las respuestas no son la parte importante de este libro, sino el puro placer de ver las cosas desde otro punto de vista.
Laura ya ha cumplido diez años y ellos siguen con el juego: están dispuestos a no dejar nunca de hacerse preguntas. ¿Y tú?

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