7 MÁXIMAS PARA LEER UN LIBRO POR SEMANA

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Sois muchos los que a menudo me preguntáis cómo hago para encontrar tiempo para leer un libro por semana. Lo cierto es que mi tiempo es exactamente igual que el tuyo: veinticuatro horas, ni una más ni una menos. Aunque no sigo un método ortodoxo, que los hay, (como por ejemplo Jorge Jiménez “cómo leer libros efectivamente”), si tengo algunas máximas con respecto a cómo utilizo mi tiempo con respecto a la lectura. Si te interesa, te invito a seguir leyendo…

Seguramente habrás pensado muchas veces en todo el conocimiento que podrías adquirir si lograras leer todos los artículos, entradas de blogs, libros y documentos que tienes acumulados, en la mitad de tiempo. Sí, yo también. Hubo un tiempo en el que me hubiera gustado que, con solo abrir un libro, todo su conocimiento fuera a parar a mi cabeza.

He echado un vistazo a las técnicas de lectura veloz de algunos de los cientos de ebooks y webwinars que corren por las redes.

Muchas de las técnicas no son más que modificaciones en los hábitos de lectura que has adquirido cuando aprendiste a leer, y que se han arraigado en ti a través de los años. Otras, tienen que ver con el entrenamiento de la vista y aprender a descubrir y dominar la visión periférica. Por ejemplo, en el ebook de Carlos Gallego “Técnica rápida para acelerar la velocidad de la lectura en solo 7 días”, entre otras muchas cosas, te recomienda:

  1. Lee con una actitud más “agresiva”, poniendo una mayor intencionalidad, haciendo un mayor esfuerzo consciente.
  2. No subvocalices; es decir, controla tu tendencia a pronunciar las palabras y presta atención a las palabras visualmente, sin “escucharlas” en tu mente. No desesperes, no es más que una costumbre heredada por la forma fonética en la que se enseña a leer a los niños, con la práctica podrás conseguirlo.
  3. Amplia tu alcance visual, no leas palabra por palabra, sino por bloques de cinco a diez palabras en una sola fijación; concentrándote en las palabras clave.
  4. Practica utilizando tu dedo como marcador. Si desplazas tu dedo por debajo de las palabras, siguiendo un movimiento constante hacia delante, tus ojos se esforzarán por seguir esa guía, y avanzarán al ritmo que tú le marques.

Muy interesante si tu objetivo es acelerar tu velocidad lectora. Este no es mi caso. No, al menos, como Biblioterapeuta; porque a mi me gusta subrayar, me entretengo pensando y asociando ideas, compartiendo frases e interactuando con otras personas… y releo, a veces sí, releo; un hábito muy contraproducente si lo que pretendes es una lectura ágil.

Entonces, si no se trata de la velocidad lectora, ¿de qué se trata? En la lectura también influyen otros factores, tanto externos: el ambiente donde lees, el ruido…; como internos: tu capacidad de concentración o tu motivación. Son estos los aspectos a los que me voy a referir a continuación. Aquí van las 7 máximas que yo pongo en práctica:

Probabilidad. Siempre llevo un libro encima. Si lo llevas contigo o lo tienes a mano será más probable que puedas abrirlo y leer que si no lo llevas o tienes que ir a buscarlo. Así de sencillo.

Oportunidad. ¡No tienes idea de la cantidad de “tiempos muertos” que tenemos a lo largo del día! Por ejemplo, en este momento, mientras espero a que hierva el arroz para el sushi, estoy escribiendo, pero si no, estaría leyendo. Cuando no puedo dormir, leo. Esta mañana mientras esperaba a una paciente que se retrasaba, leía. Si llego antes a un curso o una formación, leo. Cuando espero a una amiga con la que he quedado para tomar un té, leo. Incluso, cuando voy en el coche o salgo a caminar, evidentemente no leo, pero escucho audio libros. Y así, para todos los momentos de espera: viajes en tren, esperando a que comience un evento, una cita, colas, salas de espera. Tal vez sean tiempos cortos de tiempo pero que sumados todos, a lo largo de todos los días, suman muchos minutos.

Atención. Como digo, al ser períodos de tiempo cortos y, además, en ambientes muy distintos, has de tener una buena capacidad para prestar atención. Para tu tranquilidad, te diré que todos tenemos esa capacidad de decidir dónde dirigir nuestra atención, aunque, quizás, no todos la tienen suficientemente ejercitada.

Concentración. Por otra parte, puede que no te cueste prestar atención inicialmente pero sí mantenerla.  A mi no me cuesta concentrarme y leo casi en cualquier sitio. Logro abstraerme fácilmente y no me molesta que haya ruido, es más, según comenta Nassim Nicholas Taleb en su libro “Antifrágil”, existe un mecanismo de sobrecompensación que hace que nos concentremos mejor en presencia de un mínimo de ruido de fondo, como si el hecho de contrarrestarlo nos ayudara a concentrar el foco mental.

Aunque, sin duda, lo que más dificulta mi concentración son otro tipo de distractores: por ejemplo, facebook y whatsApp, ladrones de tiempo que logran desviar mi atención de la lectura. Lo bueno es que tiene fácil solución, simplemente tuve que desactivar las notificaciones del móvil. Eso significa que yo decido cuando mirarlo, dejado así de estar a disposición de las alarmas del móvil. ¡Funciona!

Motivación. Claro, que también ayuda a estar concentrado si te motiva lo que estás leyendo. Tienes que seleccionar bien tus lecturas, porque si no te interesa lo que lees, no solo te llevará más tiempo leerlo, sino que, además, estarás perdiendo la oportunidad de leer otra cosa que te interese más. Ya, uno no sabe si le va a interesar algo hasta que no lo lea, estamos de acuerdo. Intenta dejarte llevar por tu intuición; y otra cosa, ¿eres de l@s que tiene la absurda creencia de acabar todos los libros que empieza? ¡Pues estás apañad@, te lo digo por experiencia! También tuve esa creencia y me costó mucho tiempo cambiarla por otra que me permitiera aprovechar mejor mis lecturas. Pero no solo me costó tiempo, por una parte, también me costó el hecho de terminar libros que no me motivaban en absoluto y, por otra, me costó lidiar con el malestar las primeras veces que dejé un libro a medias. ¡Prueba a dejar un libro a medias si se te hace cuesta arriba! ¿Qué tienes que perder? Puede que ahora no sea el momento de leer ese libro. Puede que no tengas los mismos gustos que la persona que te lo recomendó. Puede que te hayas hecho unas expectativas que no cumple. Puede… ¡tantas cosas! Si tienes que leerlo, te aseguro que volverá a ti. Estate abierto a todas las posibilidades y no le cierres la puerta a ningún libro de forma definitiva, y escucha tu intución, aquí y ahora. Paséate por delante de las estanterías de tu librería favorita, huele los libros, tócalos… seguro que alguno te llama.

Prioridades. Como he comentado anteriormente, mis días son exactamente de veinticuatro horas, igual que los tuyos; la cuestión es cuáles son tus prioridades, a qué dedicas esas veinticuatro horas. ¿Cuánto tiempo dedicas a ver la televisión o a navegar por internet sin ningún propósito? Recuerda que nada es bueno y nada es malo, simplemente toma conciencia de en qué inviertes tu tiempo.

Hábito. ¡Cuida tus hábitos… serán tu destino! Un hábito es un comportamiento que has repetido tantas veces en las mismas circunstancias: misma manera, a la misma hora y en el mismo lugar, que ya no necesita ser pensado para ser llevado a cabo. Te propongo que busques tu momento ideal para leer. El mío es antes de irme a la cama, es mi momento de paz. También me encanta leer en la cama los fines de semana, antes de levantarme. Aunque disfruto mucho también de los momentos cotidianos de lectura improvisados. En fin, para mi, cualquier momento es un buen momento.

Como ves, ninguno de estos factores tienen que ver con tu formación, edad o cociente intelectual, más bien se trata de cuestionarte ciertas creencias y poner en práctica nuevos hábitos. Cualquier persona que se lo proponga puede leer un libro a la semana. Al menos, no tienes excusas para no intentarlo.

Si te perdiste alguna de las entradas de los libros leídos en 2018, aquí te dejo todos los enlaces:

  1. Final Feliz

  2. Papá, ¿dónde se enchufa el sol?
  3. Educar para amar la vida
  4. Volver al amor
  5. Disciplina sin lágrimas
  6. Los cuatro acuerdos. La domesticación y el sueño del planeta
  7. El poder contra la fuerza
  8. Disciplina positiva: una nueva forma de entender la mala conducta
  9. El secreto de la vida
  10. Los 88 peldaños del éxito
  11. 10 diez cuentos sobre la muerte para niños (y no tan niños)
  12. 33 reflexiones para la autoliberación interior
  13. Montessorízate. Las varitas mágicas en la crianza
  14. Piensa en ti
  15. Pájaros azules. 21 reflexiones
  16. Marca eres tú… en LimkedIn
  17. De la codependencia a la libertad. Cara a cara con el miedo
  18. Aladuría. El camino hacia la creatividad
  19. Mujeres que corren con los lobos
  20. Concursante. Curso rápido de educación financiera
  21. La voz de tu alma
  22. El sentido de la vida
  23. 30 reflexiones sobre la insoportable levedad del ser
  24. El hombre más rico de Babilonia
  25. La antidieta
  26. El código de la manifestación
  27. 5 pasos para descubrir tu misión (y llegar a convertirla en el mejor trabajo del mundo)
  28. Transforma tu salud
  29. Aprendiendo de los mejores
  30. A Virginia le gustaba Vita
  31. El cerebro del niño explicado a los padres
  32. El reset colectivo
  33. Que este día sea el mejor de tu vida
  34. Las cinco heridas que impiden ser uno mismo
  35. Patria
  36. Resilencia. La doble herida
  37. Ikigai: una palabra misteriosa
  38. Wonder. Las 15 lecciones de Auggie
  39. Cómo leer los registros akásicos
  40. Tú ya no
  41. El don de la sensibilidad
  42. Así es la vida
  43. Ama come vive brilla
  44. Cuestión de confianza
  45. Las trampas de la felicidad: egoísmo altruista
  46. Los secretos de la mente millonaria: ¿cómo piensan los ricos?
  47. Los secretos de la mente millonaria: tu patrón financiero
  48. Fertilidad natural. Método Naturista de Fertilidad Shantivir
  49. De la fortuna de la amistad
  50. Guía práctica del método Montessori
  51. ¿Te acuerdas?
  52. Coco
  53. Yo, confieso

     

     

     

     

Ojalá haya aclarado tus dudas, y estas indicaciones contribuyan a que puedas leer más y mejor. ¡Gracias por formar parte de la tribu Biblioterapeuta!

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