CREAR HOY LA ESCUELA DEL MAÑANA

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Lo que necesitamos es un nuevo paradigma para la educación, en el sentido más estricto del término. Los modelos industriales de educación son esencialmente impersonales. En su oferta educativa y en sus métodos docentes hacen hincapié en la homogeneidad, al tiempo que promueven la estandarización a la hora de evaluar. Tratan a los estudiantes como materia prima y consideran las estadísticas como resultados.
Uno puede hacerse una idea del grado de fracaso de estos modelos mirando los altos índices de fracaso escolar y de absentismo entre el alumnado, y de abandono de la profesión entre el personal docente, en particular de Secundaria, así como la prescripción de medicamentos para mantener dentro del sistema a los alumnos de todas las edades.
La educación es siempre, esencial e inevitablemente, personal. Los alumnos aprenden mejor si se sienten implicados, si algo les interesa y les motiva personalmente; si esto no sucede, desconectan y se acabó.
Su facilidad para la tecnología y su apetito por construir redes ponen de manifiesto lo ansiosos que los alumnos están por aprender, si se dan las condiciones adecuadas. Crear esas condiciones implica adaptar la educación a la medida de cada centro, de cada comunidad de alumnos, profesores, personal no docente y padres, aquí y ahora.
Actualmente, la educación desempeña cuatro funciones principales:
La primera es individual. Todos los niños y niñas nacen con una capacidad natural inmensa para imaginar. Un objetivo de la educación ha de ser el de ayudar a que afloren las habilidades únicas de cada alumno y a hacerlas realidad, de manera que sean conscientes de ellas.
La segunda función es cultural. La educación debería contribuir a que nuestros hijos comprendieran los logos y tradiciones de su propia comunidad y de otras, dentro de una ética de tolerancia y empatía.
La tercera es económica. Se trata de conseguir que todos los alumnos alcancen una independencia económica y contribuyan a la creación de riqueza de formas que sean éticas y sostenibles.
Y la cuarta es social. Una escuela efectiva está situada en el corazón de una comunidad fuerte. Por medio de programas de acercamiento a la comunidad, del trabajo con adultos y de la colaboración con padres y familias, las escuelas deben fomentar el espíritu y la práctica de la vida y la responsabilidad comunitarias.

¿Podrías hacer una lista de las cosas existentes en la actualidad que no existían hace veinte o treinta años, cuando éramos niños? El mundo cambia a cada segundo. En lo que me ha llevado escribir esta frase, nuevos descubrimientos e inventos han contribuido a cambiar el mundo en que vivimos. Actualmente no somos capaces de predecir el futuro de forma más certera de lo que lo hacíamos hace cincuenta años. El mundo que habitarán nuestros hijos cuando sean adultos está tan lejano del que nosotros habitamos como el nuestro respecto al de nuestros padres, si no más. ¿Cómo podemos preparar a los chicos para un mundo que aún no existe? Algo sabemos sobre el futuro y sobre lo cambiante de nuestras vidas. Una gran parte gira entorno al trabajo y a las formas de desarrollar la actividad laboral.
La enseñanza se ha centrado de manera desmesurada en lo académico, que ha sido demasiado estrecha y que ha reaccionado con excesiva lentitud ante los cambios del mundo al que sirve. Cuando los niños y niñas que comienzan su vida escolar en este momento alcancen la edad de la jubilación, habrán trabajado para entre 18 y 25 organizaciones y compañías diferentes, comparadas con las cuatro o cinco en las que han trabajado quiénes se retiran ahora.
Lo que querrán será emplear cada vez a más gente a más gente con contratos breves, que desarrolle áreas clave de los planes de expansión de esa empresa y que luego se vaya a otro sitio a medida que cambien las necesidades y planes de esa organización. Cada vez con más frecuencia que un grado universitario con las mejores calificaciones ya no constituye uno de los requisitos principales para la selección de personal.
El mundo de nuestros hijos ser a aún más incierto que el nuestro. La razón de que el futuro nos parezca tan duro es que se trata de un mundo para el que no nos han preparado, un mundo en el que no nos sentimos cómodos.
¿Qué tipo de personas tendrán que ser nuestros hijos? Por encima de todo necesitarán niveles altísimos de confianza en sí mismos, tendrán que ser adaptables, capaces de utilizar su creatividad natural, y conscientes de sus propias fortalezas y debilidades. Deberán tener cada vez mayor conciencia de sí mismos a nivel emocional e intelectual, además de ser de establecer relaciones de manera rápida, efectiva y a menudo “virtual”. Hay muchos que afirman que el espíritu emprendedor será un ingrediente vital en nuestros jóvenes. ¿Cuántos de nosotros tenemos la confianza necesaria para compartir con otros cuáles son nuestras fortalezas? ¿Tenemos una idea adecuada de cómo utilizarlas en diferentes contextos? ¿Cuántos de nosotros tenemos la confianza necesaria para compartir las cosas que no se nos dan bien? ¿Sabemos utilizar esas debilidades para obtener el mejor resultado, en vez de ocuparnos tras ellas sin más?
Las pregunta clave, por tanto, son: en su estado actual, ¿nuestro modelo persigue de manera explícita el desarrollo de esas habilidades vinculadas con la inteligencia emocional? ¿Esta cumpliendo la función para la que se diseñó, es decir, preparar a nuestros hijos para los retos de su futuro?
En la última década, por ejemplo, se han creado políticas en torno a los conceptos de creatividad, disfrute, seguridad infantil y personalización, muchas de las cuales han resultado difíciles de aplicar de forma continuada en los centros escolares y han carecido de impacto real. Me temo que la razón es que enredar con cosas que tendrían que estar en el núcleo como si fueran detalles accesorios no va a funcionar nunca.
Es un error que sigamos buscando un modelo educativo cuya función esencial sea crear gente que se ajuste a los empleos disponibles. En el presente y en el futuro, donde la vida se desarrolla de manera tan rápida e impredecible, lo único que sabemos es que tendremos que desarrollar nuestra especificidad y nuestras capacidades individuales. También necesitaremos gente capaz de inventar las nuevas profesiones y formas de trabajar que sencillamente todavía no existen. Por esa razón tendremos que diseñar un sistema que pueda generar personas capaces de hacer que los empleos se ajusten a ellas.

Cada día me coloco ante estos jóvenes, que me miran con sus caras llenas de expectación y de esperanza. Al mirarlos, pienso en mi interior que en algún pupitre en esta aula podría estar sentada la persona que encuentre la cura para el cáncer, o la solución para lograr la paz en el mundo. Podría ser la persona que componga la siguiente gran sinfonía que conmueva a la humanidad. Podría ser un futuro líder, médico, enfermero, maestro, medallista olímpico. No lo sé, pero lo que sé es que están ahí y mi trabajo es identificar y nutrir ese talento, no solo por su propio beneficio, sino por el posible beneficio de otros. ¿Existe una responsabilidad mayor o una oportunidad mejor que esa? Me considero afortunado, por eso es por lo que les doy las gracias.

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