CUENTOS DE AMIGAS

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De las tres vivencias más intensas que conozco: la amistad, el amor y la maternidad (por orden de aparición en escena), solo una vino precedida y preparada por la literatura. Como todo el mundo, acogí el amor saturada de ideas previas, de modelos, de escenas de ficción. Las primeras experiencias propias me sirvieron para iniciar un diálogo entre vida y literatura que sigue siendo el hilo conductor de mi existencia: lo leído sirve para mejor entender lo vivido y esto a su vez traduce lo leído a términos personales; uno y otro se iluminan mutuamente, se matizan, se comparan, se corrigen, se contradicen a veces.

La amistad, en cambio, cuando irrumpió deslumbrándome, a los diecisiete años, me tomó desprevenida: la relación que entablé con una chica portuguesa de mi edad, a la que conocí en París, y que iba a ser mi mejor amiga hasta los veintitantos, no se parecía en casi nada a ninguno de los libros que yo leía por entonces.

Tampoco encontré referentes literarios a los que acogerme cuando años más tarde fui madre, como no los había tenido, por cierto, para ayudarme a entender a mi propia madre y mi relación con ella. Esas obras que no existían o yo no conocía, las eché cruelmente de menos. Y de esa nostalgia iban a surgir muchos libros. Los que busqué como lectora, y terminé encontrando. Los que he escrito como autora, o algunos de ellos, en los que la relación entre amigas y entre madres e hijas ocupa un lugar importante.

Éste es un libro en el que solo participan mujeres, y quiero explicar por qué. ¿Acaso la literatura no es ficción?, me dijeron algunos, reprochándome que no hubiera incluido a autores varones. ¿Acaso la creación de personajes no está basada en la empatía? ¿Por qué dar prioridad a quienes han vivido una determinada experiencia, sobre quienes pueden imaginarla?… Es un argumento impecable en teoría; lo malo es que la práctica, es decir, la historia de la literatura, lo contradice. Claro está que los escritores varones pueden describir un embarazo desde el punto de vista de la madre, o crear novelas, tragedias, comedias, poemas, que giren en torno a una madre y una hija, o sobre hermanas, amigas, amantes, enemigas, maestra y discípula… Pueden. Pero lo cierto es que en toda la historia de la literatura casi nunca lo han hecho. En la literatura escrita por varones, las madres son escasas y tienden, me parece, a ser pitadas como seres angelicales o diabólicos más que como seres humanos complejos y lo que se representa de ellas es su relación con sus hijos varones más que con las hijas. En cuanto a las amigas, simplemente no existen.

Ésa era al menos mi impresión como lectora, pero como no soy especialista, he querido corroborarla consultando un Diccionario de temas y motivos de la literatura universal. Me ha parecido interesantísimo lo que he encontrado. Primero: los tipos humanos definidos por características que no son, en principio, ni masculinas ni femeninas, como la misantropía o la avaricia, se encarnan casi únicamente en varones. Segundo: los personajes femeninos que recoge el Diccionario son mucho menores en número que los masculinos, lo que no significa que la literatura universal aparezcan menos mujeres que varones, sino que la gama de papeles que representan es mucho más reducida: la bella indiferente, la seductora diabólica, la prostituta de buen corazón, la esposa difamada, y poco más. Todas ellas tienen una cosa en común: son definidas según su relación con los varones.  Y en efecto, repasando mis lecturas de los últimos años, encuentro que el personaje femenino con sus propios proyectos, su propio punto de vista, y relaciones importantes con otras mujeres (madre, amigas, hermanas, hijas…), ese personaje es una creación nueva, que aparece a finales del siglo XIX y se desarrolla en el XX, por obra y gracia de las escritoras.

El motivo por el que he querido hacer una antología solo de escritoras ha sido mi voluntad de reconocer esta deuda histórica: si no fuera por la irrupción de numerosas mujeres en el campo de la escritura, dudo mucho que las relaciones entre mujeres hubieran adquirido el rango de tema literario. Es cierto que ha habido autores varones que las han tratado, pero creo que ello, a parte de ser bastante excepcional, solo se ha producido cuando, y porque, el tema en cuestión había  sido ya introducido en la literatura, y lo había sido, repito, por autoras. Solo cuando numerosas escritoras empiezan a reflejar en sus libros ciertas vivencias femeninas se integran, éstas en la tradición literaria, un acervo común al que los escritores varones pueden luego recurrir para escribir a su vez sobre los temas en cuestión.

Y entro aquí en mi segundo motivo, que es romper una lanza a favor de la literatura escrita por mujeres. Una literatura que es a la vez sobrestimada en cuanto a la cantidad se refiere, y subestimada en lo tocante a su calidad.

Aunque el título, por fuerza breve, no puede reflejarlo, mi propósito, y mi criterio en la selección de textos, ha sido que por estas páginas desfilasen no solo amigas, sino también compañeras, amantes, rivales, colegas, maestras y discípulas… Pero ante todo, amigas, pues creo que para las mujeres, y tal vez especialmente aquí y ahora -en los países desarrollados, a principios del siglo XXI-, la amistad tiene un papel primordial. Es difícil generalizar, pero me parece que así como los hombres rivalizan con los otros hombres y encuentran su sustento emocional en las mujeres, éstas, sobre todo cuando han salido del marco de la familia tradicional, buscan en las amigas el apoyo y la comunicación  que no siempre les da una pareja masculina, pareja, además, mucho más inestable hoy que en el pasado. Y no sigo, porque sobre esto no soy yo sino las autoras de los relatos las que deben expresarse: Rosa Chacel, Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Cristina Peri Rossi, Cristina Fernández Cubas, Soledad Puértolas, Nuria Amat, Lucía Etxebarria y Espido Freire. Otras los han escrito expresamente para este libro: Esther Tusquets, Paloma Díaz-Mas, Clara Sánchez, Juana Salabert, Flavia Company y Luisa Castro. Por estas páginas desfilan confidentes, amantes, vecinas cuya amistad no resiste la diferencia de clases…, o simplemente amigas, con todo lo que ello implica de cariño, ayuda, admiración…, pero también de rivalidades, simbiosis enfermizas y traiciones.

¿Literatura de mujeres? Sí: estas escritoras tienen en común el haber renovado la literatura tradicional, cuyos personajes femeninos eran muy pocos. Literatura de mujeres, pues, pero no «sobre mujeres» (sino sobre seres humanos, accidentalmente femeninos) ni «para mujeres» (¿por qué no habrían de leerla los varones, igual que nosotras leemos tantas obras donde ellos son los protagonistas?), ya que apela potencialmente a todas y todos.

 

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