LAS TRAMPAS DE LA FELICIDAD: EGOÍSMO ALTRUISTA

9786073148962¿Ser egoísta es bueno o es malo? Aristóteles escribió: “Es egoísmo no es el amor propio, sino una pasión desordenada por uno mismo” Visto así: ¡Qué osadía atreverte a anteponer tu persona para luego colocar a los demás! ¿Eso no es atentar contra los valores sociales, la moral cívica y religiosa?

El egoísmo es uno de los principales generadores de culpa. ¿Sabías que la ciencia y los investigadores han encontrado que la culpa es la causante número uno de la emoción de infelicidad?

¿Qué es este concepto de egoísmo altruista? ¿Te cuento una historia?

En 1930, durante la gran recesión que sufrió Estados Unidos, una madre llegó a casa después de haber trabajado todo el día para tener algo que llevarles a sus tres hijos esa gélida noche de invierno. Estaba cansada, débil, escasamente había probado bocado durante las últimas doce horas. Pero ella sabía que no podía fallar, tenía tres hijos que procreó con su difunto esposo, quien falleció de un infarto al corazón el día que les quitaron la casa.

Los pequeños esperaban en el sótano del edificio en Brooklyn, donde apenas podían pagar la renta. Los cuidaban el mayor de los tres hermanos, que a sus escasos nueve años tuvo que asumir le papel de padre porque necesitaba apoyar a su mamá. Ellos tenían frío y hambre, y aguardaban ansiosos a que su progenitora llegara a alimentarlos, a consentirlos y contarles historias de fantasía que les gustaba oír antes de irse a la cama. El primogénito consiguió leña para prender el calentado de la estancia y así poder resistir las bajas temperaturas que imperaban durante a noche.

La mujer por fin llegó, pálida y con calentura. Hizo un esfuerzo por fingir salud frente a sus tres vástagos. Se hallaba inmensamente cansada, frustrada porque solo pudo conseguir un par de vegetales que le alcanzaban para un plato de sopa. Sabía que necesitaba calorías para ganar fuerzas y levantarse al siguiente día. Pero al ver la cara de sus retoños y sentir u hambre, decidió dividir el plato de sopa en tres y privarse de ella. Después de unas sonrisas de los niños y un cuento, los cuatro se retiraron a dormir. La mamá nunca despertó.

¿Qué habrías hecho tú? ¿No fue acaso la falta de egoísmo lo que, de acuerdo con la narración, le costó a la mujer la oportunidad de seguir luchando por sus hijos? ¿Hizo lo correcto? ¿Murió tranquila?

No conozco una madre que quiera dejar a sus hijos desamparados. Quizás esta historia sea un tanto extrema, pero puede que para otros resulte muy real y sea aplicable como moraleja a muchas realidades.

¿Cuántas cosas dejamos de dar a los que amamos simplemente por el hecho de ponernos primero y en el proceso privarnos de contar con la suficiente fuerza para seguir en el juego, o para siquiera poder jugarlo como se debe? ¿Cuántas veces por ese sentido de generosidad anteponemos el bienestar de otros antes que el propio?

¿Es una cuestión moral o un asunto de ciencia? Para dar, primero necesitas tener. ¿Cómo ofreces amor si no te amas? ¿Cómo enseñarás respeto si tú mismo no te respetas? De acuerdo con la historia, es probable que si esa madre hubiese pensado primero en ella, tendría fuerzas para levantarse a la mañana siguiente y salir a continuar luchando por sus vástagos.

Concebir el egoísmo como algo positivo, al principio, cuesta un poco, sobre todo para los que hemos crecido en una sociedad con raíces fuertemente arraigadas a la moral y a la iglesia; donde la culpa y el egoísmo van de la mano. Cuando Aristóteles hablaba del egoísmo desde una postura negativa, se refería al egoísmo como un desorden y un exceso de fijación en uno mismo pero, ¿y si esa pasión desordenada se convierte en un enfoque ordenado y educado, para alcanzar el bienestar integral, para darnos la posibilidad de un espacio que descubrir, y crecer de dentro hacia fuera? ¿Y si lo negativo se torna positivo y empezamos a sumar hacia un bien mayor?

Ten siempre presente que comienza en ti, y que tú eres el único que lo hará: nadie descansará por ti, ejercitará tu corazón por ti, trabajará en tu relación de pareja por ti, organizará tu vida por ti, y con toda certeza, nadie vivirá las próximas décadas por ti. ¡Puedes irte por las ramas y darte golpes de pecho, pero al final si no te dedicas a ti, no serás capaz de crecer y cultivar lo mejor de ti ¿No te sientes liberado?

Por favor, date un tiempo para pensarlo. En ningún momento estoy apoyando a la gente egoísta que solo piensa en sí misma sin importar las consecuencias, ni mucho menos; lo que apoyo y creo es que simplemente si no riegas tu árbol frutal, es poco probable que dé frutos.

Es mucha la sabiduría que nos habla de que un camino hacia el crecimiento es precisamente a través de un crecimiento personal, de un filtro de egoísmo y un proceso de eliminación de la culpa. Por eso, con el ánimo de crecimiento en miras a ser mejor, primero tú para posteriormente ser mejor para los demás, considera estas tres declaraciones: primero yo, segundo yo y después yo. No permitas que te digan lo contrario, porque mientras no dañes a tu prójimo al ser egoísta, sino al revés, lo hagas con el firme propósito de buscar ser mejor para poder ser lo mejor que puedes ser para los demás, solo entonces podrás reclamar el título de egoísta altruista.

No te ciegues a pensar que no eres una persona egoísta, porque desde el momento que quieres vivir, comer, respirar, crecer, casarte, tener hijos, trascender, ayudar o hacer justicia, estás buscando sentirte bien. No puedes ir en contra de tu naturaleza primaria a la supervivencia. El que quieras creer otra historia es cosa tuya, pero al menos, al exponerte estos pensamientos -concluye Eduardo Massé- cumplo con el objetivo de este libro: hacerte pensar e inspirarte a cambiar.

 

 

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EL BUEN AMOR EN LA PAREJA: SANAR EL VÍNCULO CON LOS PADRES

Cuando se une una pareja no sólo se juntan dos personas, sino que se unen dos sistemas. Dos familias con su historia particular, cimentada en hechos y vicisitudes particulares, y que cada uno conserva unas lealtades más o menos camufladas a sus orígenes. Aunque parezca extraño, en los sistemas familiares hay sentimientos que siguen flotando en su atmósfera porque no pudieron ser encauzados y resueltos en su momento por las personas a las que corresponda hacerlo, y siguen operando como asuntos pendientes enquistados. Como explica Joan Garriga en el libro del cual hablaba en el post anterior, el buen amor en la pareja es una relación entre adultos bien sostenidos en sí mismos y en su historia familiar, que han podido poner bálsamo en sus heridas y curarlas. El problema es cuando proyectamos en el otro aquello que no hemos solucionado, cuando nos enredamos siempre en las mismas dinámicas y tendemos a repetir una y otra vez con distintas parejas la misma historia. ¿A quién me siento todavía tan atado que impide que mi energía esté disponible para mi pareja?

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