REGATEANDO AL UNIVERSO

¿De qué te estás dando cuenta últimamente? Si durante los últimos meses has estado atent@ a las señales que la vida te ha ido dando, ya deberías saber de qué se trata. ¿No te pasa que, como el que no quiere la cosa,  una y otra vez, estés con quién estés, hagas lo que hagas o vayas donde vayas, todo te lleva a la misma conclusión? Quizás las mismas palabras, o la misma idea; algo de lo que nunca te habías percatado y que, de repente, está hasta en la sopa.

La primera vez, te atraviesa y deja un ligero vientecillo apenas imperceptible. A medida que pasa el tiempo se queda resonando en ti: un mensaje que espera ser revelado…

Hace un año me diagnosticaron esclerosis múltiple. A parte de las visitas al neurólogo me puse en contacto con un naturópata. Empecé con una alimentación saludable, suplementos vitamínicos y minerales. Hice acupuntura, auriculoterapia, reiki. Hablaba conmigo delante del espejo, escuchaba todas las noches a Louse Hay. Hice sesiones de bioneuroemoción, ejercicio, masajes, meditación, reflexología podal… y hasta el pino con las orejas.

Un día me paré en seco. Estaba decepcionada, desesperanzada y sin energía. Vivir tan solo esperando resultados es agotador. ¿Qué estoy haciendo mal? Pues precisamente eso, estaba regateando al universo, a la vida. Yo hago un esfuerzo haciendo toda clase de virguerías y a cambio la vida me recompensa con lo que quiero. El universo no funciona así, no accede a este tipo de chantajes. Parar me hizo tomar conciencia de que:

1. No siempre lo que quiero es lo que necesito.

2. Pasé de invertir en mi salud (que era mi idea original cuando acudí a un naturópata) a poner el foco de atención en la enfermedad.

3. Dejé de ser responsable de mí poniendo mi vida en manos de otras personas.

4. Me estaba posicionando desde una actitud de carencia en vez una actitud de agradecimiento.

5. ¿Y si no he sido lo suficientemente paciente? Todo en la vida necesita tiempo y yo me había dedicado a buscar atajos. Hay un breve cuento que ilustra bien este principio. Dice así:

“Si no consigues lo que anhelas, no desesperes, quizás sólo estés echando raíces.”  

“Si no consigues lo que anhelas, no desesperes, quizás sólo estés echando raíces.”

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. 

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: “¡Crece, maldita seas!”.

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo seis semanas, la planta de bambú crece… ¡más de 30 metros!

¿Tarda solo seis semanas en crecer? ¡No! La verdad es que se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después.

En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Además:

6. Puede que los cambios no fueran muy evidentes pero, desde luego, estaba tan centrada en unas expectativas tan claras que cualquier otro resultado, aunque pudiera estimarlo como positivo, era invisible a mis ojos. Fui muy injusta conmigo misma pensando que todo había sido en vano.

7. Y, a propósito del post de la semana pasada “Cuida tus hábitos… serán tu destino”, ¿por qué hay conductas saludables que no se mantienen a lo largo del tiempo, cuando sé que son buenas para mí? Es decir, ¿cuál es la motivación que hace que pueda estar durante siete años regando una semilla sin ver el más mínimo cambio? Porque en vez de estar al servicio de una vida significativa están al servicio de un resultado. Este es el mensaje que la vida se ha empeñado últimamente en mostrarme:

Teniendo los dos ojos puestos en la meta, perdí el sentido y la dirección del camino.

Cuando te encuentres cansado y a punto de tirar la toalla, recuerda la metáfora del bambú y pregúntate si no será que aun necesitas echar raíces. Si ese es el caso, sigue regando y abonando el terreno; no hay piedra que pueda resistir la erosión de una gota que caiga durante el tiempo necesario. Por otra parte, reflexiona acerca de qué es verdaderamente importante en tu vida y si eso que estás cultivando te aleja o te acerca a ello. No sea que al cabo de siete u ocho años mires a tu bambú y sientas que no es lo que esperabas. ¿Cuántas veces te ha pasado? ¿Cuándo ha sido la última vez que obtuviste los resultados deseados y… “ni fu ni fa”?

Lo que está claro es que mientras alcanzo o no mis metas tengo que seguir caminando. La vida continua, la vida no espera. Y el mejor modo es hacerlo en la dirección de mis valores. De tal manera que pase lo que pase, aquí y ahora sienta que mi vida tiene un sentido más allá de un resultado. Porque ¿qué pasa si después de riega que te riega no llego a ver crecer mi bambú? ¿Qué pasa si a pesar de todo termino postrada en una silla de ruedas? No me importa si logro vivir tranquila. Sólo necesito eso, sentir que estoy en el camino. Estar comprometida con unas acciones en base a mis valores es más factible y satisfactorio que estarlo en base a un resultado porque lo primero depende de mí pero lo segundo, en principio, no. No me importa, si al final mi hijo me recuerda: “FUE UN EJEMPLO DE VIDA. MURIÓ EN PAZ”

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18 comentarios en “REGATEANDO AL UNIVERSO

  1. Me impresiona y me toca muchísimo todo lo que dices. Estoy segura de que esa aceptación y ese amor que demuestras en tu caminar te ayudarán en tu curación. No solo eres un ejemplo para tu hijo, también lo eres para quienes te leemos. GRACIAS

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